lunes, 12 de enero de 2015

SEXO EN LA VEJEZ, FUNDAMENTAL PARA EL ENVEJECIMIENTO SALUDABLE


Los cambios fisiológicos en los órganos sexuales, las enfermedades, el consumo de medicamentos y la educación sexual recibida son algunos aspectos que influyen en el comportamiento sexual de los adultos mayores, quienes pueden verse afectados por la eyaculación precoz y la disfunción eréctil en el caso de los varones, y la falta de deseo sexual y el coito doloroso o frustrado en el de las mujeres.

Pese a estos escollos y trastornos, y de muchos mitos y prejuicios, "la edad no está reñida con el sexo. Al contrario, el mejor conocimiento de la pareja y de uno mismo, así como la disminución de las obligaciones familiares y laborales, favorecen la sexualidad durante la vejez", argumenta el doctor Juan Manuel Espinosa, del Grupo de Atención al Mayor de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).

"Con la edad se producen cambios fisiológicos que repercuten en la vida sexual, aunque  ello no impide que un 60 por ciento de las personas mayores reconozca mantener relaciones sexuales con frecuencia", señala Espinosa, que imparte un taller para médicos de familia sobre la salud sexual en las personas mayores.

Con el paso de los años los cambios fisiológicos en los órganos sexuales, enfermedades articulares, cardiovasculares y respiratorias, el consumo de medicamentos y la educación sexual recibida justifica ciertas modificaciones y exigen una adaptación en el comportamiento sexual", señala el doctor Espinosa.
Además, según el experto de  semFYC "conforme avanza la edad es normal que disminuya la actividad sexual, pero lo más importante es la sed de piel, es decir, los abrazos, las caricias o momentos de intimidad, que también son motivo de placer. A partir de cierta edad se trata de optimizar la calidad de la relación de pareja más que la cantidad de sexo".

Por su parte, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) asegura que el mito de que la sexualidad desaparece con los años "carece de fundamento" ya que "nadie puede asegurar a qué edad cesa el deseo sexual o la actividad sexual".

"La actividad sexual no tiene por qué perderse con el paso de los años", reconoce el doctor Carlos Verdejo, miembro de la SEGG, quien recuerda que "las personas mayores necesitan conocer qué cambios va a experimentar su organismo, y en concreto su aparato genital, para poder adaptarse a ellos".

De acuerdo a la SEGG, en el varón, los cambios del organismo se suelen producir lenta y progresivamente a partir de la sexta década, y en la mujer la mayoría surgen de forma relativamente rápida a partir de la menopausia, en torno a los 51 y 52 años.

El cese de la actividad sexual es "una circunstancia variable" que depende de factores individuales, como el hecho de tener pareja, el estado de salud, el grado de incapacidad física y mental, la frecuencia y calidad de las relaciones sexuales previas y el grado de información sobre las modificaciones en la función sexual.

Según un estudio efectuado con matrimonios de adultos mayores, la sexualidad a edades avanzadas es un indicador de felicidad, ya que quienes que se mantienen activos en sus relaciones íntimas se muestran más felices que los menos activos sexualmente.

La investigadora Adrienne Jackson y su equipo de la Universidad de Agricultura y Mecánica de Florida (EE.UU.) estudiaron a 238 individuos casados de más de 65 año, que respondieron a preguntas en ese sentido.

Las respuestas de los participantes en la investigación desvelaron que la frecuencia sexual es un indicativo tanto de la felicidad en general como de la matrimonial, incluso si se tienen en cuenta otros factores que influyen en el bienestar como la edad, el género, la salud y la satisfacción por la situación financiera.
Cuadro de cada diez adultos mayores que no mantenían actividad sexual señalaron que eran muy felices con su vida, mientras que el porcentaje de felicidad subía a seis de cada diez entre los que se mantenían activos sexualmente.

Según la investigación presentada en Boston en el 64º congreso de la Sociedad Gerontológica Americana (GSA), la diferencia era mayor cuando se les preguntaba por su matrimonio, y que el 59 por ciento del grupo no activo sexualmente aseguraba ser muy feliz en pareja, comparado con el 80 por ciento de los matrimonios que seguían con sus relaciones íntimas.

Según los expertos en sexología, las relaciones sexuales son una capacidad de la persona, al igual que las de hablar o desplazarse, por lo que si se dejan de utilizar, aparece la sensación de tener un problema, una enfermedad o algo anormal, lo cual  influye en la percepción de la propia salud y felicidad. 


jueves, 8 de enero de 2015

LAS MUJERES BISEXUALES PADECEN MAS TRASTORNOS MENTALES QUE LAS LESBIANAS.


La revista Journal of Public Health publica un reciente estudio desarrollado por un equipo de investigadores de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (Reino Unido) acerca de la salud mental según la orientación sexual de las mujeres.

Para su estudio, los científicos contaron con la participación de 5.706 mujeres bisexuales y lesbianas mayores de 14 años. Tras analizar los datos de los cuestionarios cumplimentados por todas las participantes respecto a temas como la depresión o los desórdenes alimenticios, descubrieron que las mujeres bisexuales presentaban un 64% más de posibilidades de sufrir desórdenes alimenticios en comparación con las lesbianas. Además, los resultados mostraron que tenían un 37% más de probabilidades de autolesionarse y un 26% más de sufrir depresión, respecto a las lesbianas.

“Las personas bisexuales mantienen un riesgo particular de sufrir invisibilidad y quedar marginadas en las comunidades de gays y lesbianas, así como en el resto de la sociedad. A pesar de que las mujeres bisexuales de nuestro estudio sufrieron menos discriminación por razones de sexo que las lesbianas, esto no supuso un beneficio para su salud mental”, aclara Ford Hickson, coautor del estudio.

Los expertos han detectado que las mujeres bisexuales tienden, por lo general, a no revelar su tendencia sexual a amigos, familiares o compañeros de trabajo y mantienen menos relaciones estables de pareja, condiciones que favorecen la propensión a sufrir mayores problemas de salud mental.

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