jueves, 26 de febrero de 2015

SÍ, LAS RELACIONES ABIERTAS Y MÚLTIPLES FUNCIONAN



La mayor parte de los seres humanos invierten mucho tiempo de sus vidas en buscar a la persona ideal. Esa media naranja con la que compartir el resto de nuestras vidas, quizás formar una familia, y con la que practicar sexo hasta el fin de nuestros días. Sólo y únicamente con esta persona. ¿Es esto lo que significa la fidelidad?
 
Existen múltiples formas de entender las relaciones sentimentales y sexuales, y aunque actualmente la monogamia sigue siendo la que tiene más fieles –nunca mejor dicho–, cada vez más personas no se avergüenzan de defender –y practicar– el poliamor.
 
Aquellos que separan la relación sentimental de la sexual y practican sexo libremente sin que esto signifique faltarle al respeto a sus parejas son todavía juzgados y criticados por una sociedad que está convencida de que las relaciones abiertas siempre acaban mal. Pero, ¿es que todas las relaciones deben ser iguales? ¿El compromiso amoroso se traduce en exclusividad sexual? Es más, ¿el sexo tiene siempre que implicar amor?
 
¿Pueden funcionar las relaciones plurales y abiertas en una sociedad liderada por la idea de que la monogamia es intrínseca a nuestra naturaleza?

La monogamia es estupenda para aquellos que se sienten más cómodos, seguros y felices practicando sexo solo con sus parejas, pero también hay que respetar a los que entienden otro tipo de relaciones. Vivir y dejar vivir. Cada persona es libre de encontrar la clave para que sus relaciones de pareja funcionen.
 
¿Pueden funcionar las relaciones plurales y abiertas en una sociedad liderada por la idea de que la monogamia es intrínseca a nuestra naturaleza? Evan Scott Schwartz analiza en MTV la existencia del poliamor en los seres humanos desde la biología, la sociología y la psicología para entender cuál es nuestra verdadera tendencia natural.
 
Ocultando la infidelidad
 
“Yo no podría, me moriría de celos”, “es antinatural”, “las relaciones abiertas nunca funcionan”, son algunas de las frases más tópicas con las que nos encontramos cuando surge el tema del poliamor. Pero como dice en lo que casi parece un trabalenguas Schwartz, “hay más personas en relaciones abiertas de lo que parece, simplemente no hablan abiertamente sobre sus relaciones abiertas”.
 
Según un reciente estudio aproximadamente el 5% de los estadounidenses están en relaciones no monógamas consentidas. Es decir, que “a uno o ambos miembros de la pareja se les permite –incluso anima– a mantener relaciones íntimas con otras personas”, comenta el autor.
 
El 63% de los hombres y el 40% de las mujeres que mantienen relaciones monógamas engañan a sus parejas
 
Un porcentaje bastante bajo especialmente si tenemos en cuenta que, según datos del mismo estudio, el 63% de los hombres y el 40% de las mujeres que mantienen relaciones monógamas engañan a sus parejas. Las personas son sexualmente infieles pero no se lo dicen a sus parejas ni quieren que lo sepa la sociedad.
 
“Mucha gente describe mantener relaciones sexuales con una sola persona como ‘ser fiel’”, opina la terapeuta familiar Dossie Easton, “pero me parece que la fidelidad tiene muy poco que ver con quién se practica sexo”. En opinión de la experta en poliamor “la fidelidad se trata de ser fiel a los compromisos respetando a amigos y amantes y preocupándonos del bienestar de la otra persona”.
 
¿Puede ayudar a que una relación funcione acumular mentiras y engaños mejor que mantener una comunicación honestamente abierta sobre lo que desea cada una de las partes? Es probable que las soluciones para que la vida en pareja no partan de la necesidad de practicar la poligamia. No todo el mundo necesita tener sexo con múltiples personas para sentirse pleno. Pero algunas personas sí, y no es algo antinatural.
 
Algunos necesitan tener sexo con distintas personas, y no es algo antinatural. (Corbis)Algunos necesitan tener sexo con distintas personas, y no es algo antinatural. (Corbis)
 
¿Por qué no tenemos relaciones abiertas como el resto de animales?

La monogamia es relativamente rara en el reino animal. A excepción de los seres humanos y otras especies como los albatros, antílopes, pingüinos o cisnes, en general el resto de animales practican sexo y se reproducen con distintos especímenes sin tapujos.
 
Mientras las serpientes tienen orgías masivas o los adorables e inteligentes delfines son promiscuos por naturaleza, los humanos evolucionamos hacia la monogamia. ¿Cuándo dejamos de ser animales, sexualmente hablando?
 
Uno de los libros más importantes sobre la base biológica de la sexualidad humana, titulado Sex at Dawn: How We Mate, Why We Stray, and What It Means for Modern Relationships explica cuál fue el punto de inflexión en el que dejamos de comportarnos –insistimos, a nivel de libertades sexuales– como nuestros antecesores simios.
 
Los doctores Christopher Ryan y Cacilda Jethá plantean en el libro una teoría impactante sobre el fin de la poligamia en nuestra raza: A pesar de que los humanos y los chimpancés evolucionaron de un ancestro común, tomamos nuestras costumbres sexuales de un primo diferente, los bonobos.
 
El reino del poliamor
 
Los bonobos son uno de nuestros parientes más cercanos. Un tipo de simios inteligentes –chimpancés– cuya organización es algo compleja pero la mar de relajada.
 
Estos primates viven en una sociedad que podría ser el paraíso para más de uno. Como explican en Wikipedia, las relaciones sexuales juegan un papel preponderante en las sociedades de bonobos, ya que son usadas como saludo, como método de resolución de conflictos, como medio de reconciliación tras los mismos y como forma de pago mediante favores tanto de machos como de hembras a cambio de comida.
 
“Las hembras de bonobo de la República Democrática del Congo ofrecen sus favores sexuales a cualquier macho que esté interesado. Los bonobos de todas las edades disfrutan del amor libre”
 
A diferencia del resto de primates, los bonobos no malgastan sus fuerzas en enfrentamientos territoriales con otras especies de simios por lo que tienen todo el tiempo del mundo para descansar y disfrutar de la vida. Quizás tanto rato para tocarse ha hecho de ellos unos grandes expertos en sexo, con técnicas muy parecidas a las humanas.
 
El poliamor es un estilo de vida real y tradicional entre nuestros antecesores
 
De hecho, sorprende que son los únicos primates a los que se ha observado mantener prácticas sexuales similares a las nuestras: sexo oral, penetración mirándose cara a cara, coito hembra-macho, frotaciones hembra-hembra o macho-macho, e incluso besos con lengua.
 
Como dicen Ryan y Jethá “el poliamor es un estilo de vida real y tradicional entre nuestros antecesores”. Pero… ¿En qué momento dejamos de gozar de la libertad sexual de nuestros primos hermanos?
 
¿Se nos acabó el amor de tanto usarlo?
 
Los humanos vivían como los bonobos, manteniendo relaciones sexuales todos con todos y contribuyendo al bienestar del grupo, justo hasta el momento en el que comenzamos a ser dueños de cosas. “La evolución marcó el inicio de las relaciones como otra forma de propiedad”, comenta Schwartz.
 
Como explican los expertos en biología sexual, los humanos evolucionaron hacia la monogamia como consecuencia del desarrollo de la propiedad: primero granjas y cultivos individuales y después exclusividad sexual en pareja. La gente empezó a valorar la propiedad sexual sobre la promiscuidad y el poliamor fue desterrándose de las nuevas sociedades.
 
Relaciones abiertas
 
Schwartz insiste en que “la monogamia y la poligamia son legítimas y practicarlas sólo depende de lo que cada uno considere mejor para sí mismo”. Según explican diferentes estudios científicos, existen dos clases de seres humanos, los que se inclinan hacia la monogamia y los que no lo hacen y parece que hay paridad entre ambos.
 
La monogamia y la poligamia son legítimas y practicarlas sólo depende de lo que cada uno considere mejor para sí mismo
 
Según una investigación, las personas en relaciones monógamas tienen niveles más altos de la hormona de la oxitocina –también conocida como la hormona del amor–, lo que les atraería más a mantener compromisos con una sola persona. Pero, ¿somos todos iguales? No sólo la ciencia, hoy también la sociedad empieza a entender que no.
 
“El cambio de actitudes sobre la sexualidad han abierto los ojos a mucha gente que cada vez acepta más que existan distintas expresiones de amor. No es que el poliamor sea mejor que la monogamia o viceversa; simplemente son estilos diferentes para diferentes personas” concluye Schwartz.
 

LLEGO LA HORA DEL VIAGRA FEMENINO


 "Terminas acostándote temprano y te despiertas queriendo huir de la cama sin que tu esposo se despierte. No sentía ningún deseo sexual. Me sentía avergonzada".
Barbara asegura haber vivido 40 años de feliz matrimonio con su pareja Greg, hasta el momento en que su libido desapareció. Sintió frustración, consultó al médico y fue diagnosticada con trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH).
Se trata de la disfunción femenina más común: el deseo y las fantasías disminuyen o desaparecen, y ello genera angustia y problemas en la relación.
"Avanza hasta un punto donde no te comunicas más con tu pareja. Muchos matrimonios terminan por este problema. Es una condición espantosa", relató durante una entrevista con la periodista estadounidense Katie Couric.
Con el anhelo de salvar su relación, Barbara decidió participar en las pruebas experimentales de flibanserin, una droga fabricada por el laboratorio Sprout Pharmaceuticals Inc. que ha sido rechazada por la agencia de drogas y alimentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) en dos ocasiones, y que desde el pasado 17 de febrero está siendo evaluada por tercera vez.
"Tomé la pastilla durante un mes y salvó mi vida, mi deseo sexual regresó. Volví a tomar la iniciativa. Mi esposo estaba muy contento y sorprendido. Toda yo comencé a cambiar", dice.
Tanto ella como muchas otras mujeres -respaldadas por políticos, doctores y organizaciones femeninas- consideran que ha llegado el momento de que la FDA dé la aprobación necesaria para que el medicamento salga al mercado.
Hasta el momento hay 26 drogas disponibles para el tratamiento de las disfunciones sexuales masculinas -Viagra, Cialis, Levitra, etc- y ninguna para tratar las femeninas, según refleja la campaña Even the Score (Iguala el marcador), que promueve la igualdad de género en el acceso a los tratamientos y la aprobación de esta pastilla en particular.
A diferencia de los fármacos para hombres, el efecto de flinbaserin se concentra en el cerebro y no en aumentar el flujo de sangre a los genitales.
La píldora rosada regula la producción de químicos claves que actúan como neurotransmisores. Tiene un efecto positivo en aquellos que estimulan la excitación sexual (dopamina y norepinefrina) y negativo sobre el que inhibe el deseo (serotonina).
"La pastilla es para aquellas mujeres diagnosticadas con TDSH", explica a BBC Mundo la doctora Anita Clayton, especialista en ese tipo de disfunción sexual, quien ha trabajado como asesora de la campaña Even the Score.
"Al igual que el resto de los fármacos, no funciona para todo el mundo. De ser aprobado, el tratamiento puede convertirse en una opción para aquellas mujeres que no puedan tomar hormonas. Es muy tolerable y los efectos secundarios son muy comunes como mareos, problemas para dormir, boca seca", dice.
Una de las razones de la FDA para rechazar la aprobación de la droga en dos ocasiones es que no existe evidencia suficiente sobre su efectividad.

Quienes desde la opinión pública se oponen a su comercialización también alegan que la campaña a favor del medicamento simplifica la sexualidad femenina.
Algunos críticos también consideran que las farmacéuticas pretenden con esto sacar provecho de un evento natural, como la disminución del deseo en la madurez.
"Hay una tendencia a medicalizar las experiencias humanas que son normales", declaró a la radio pública de Estados Unidos Adriane Fugh-Berman, quien se dedica a estudiar las compañías farmacéuticas en la Universidad de Georgetown.
"Aunque una gran cantidad de mujeres presentan síntomas de baja libido, aún no está claro que someterse a un tratamiento sea una respuesta apropiada para ellas", aseguró.
La disminución del deseo sexual responde a causas diversas. La primera recomendación de expertos como la doctora Clayton es comprobar cuáles son.
"Debe comprobarse que sea el trastorno lo que está causando problemas en la relación y no a la inversa", destaca la especialista.
Los ensayos clínicos de flibanserin se realizaron en mujeres premenopáusicas.
En entrevista con BBC Mundo, Cindy Whitehead, directora ejecutiva de Sprout Farmaceuticals (responsable de la fabricación de la pastilla) cree que no hay razones científicas para rechazar el tratamiento.
"Espero que algunos de los viejos mitos y tácticas de miedo basadas en opiniones y prejuicios sean sustituidos por ciencia y datos, así como por las voces de aquellas mujeres que viven con trastorno de deseo sexual hipoactivo".
Las mujeres que se sometieron al tratamiento experimental, afirma Whitehead, aumentaron su deseo sexual en 53%, mientras que redujeron la angustia en 29% y duplicaron el número de eventos sexuales satisfactorios.
La directora de Sprout es optimista respecto a la decisión que pueda tomar la FDA en el próximo semestre.

"Completamos con éxito los dos últimos ensayos clínicos que nos solicitaron y estos fueron añadidos a nuestro ya robusto paquete de evidencia clínica, lo que me hace creer que estamos en la vía de conseguir finalmente la aprobación".

lunes, 23 de febrero de 2015

NI SI QUIERA ME ACUERDO QUE EL SEXO EXISTE.


Vivimos en una sociedad en la que las marcas limítrofes del amor, el sexo y el romanticismo se confunden entre ellas, dando lugar a lo que, arquetípicamente, compone un tándem perfecto dentro de las relaciones de pareja. Sin embargo, existe quienes se desmarcan de la fórmula, decidiendo vivir sin el placer venéreo (relativo a Venus, que no al contagio). Se hacen llamar “asexuales”, y forman un movimiento compuesto por hombres y mujeres de diversas nacionalidades, que reivindican el derecho a vivir sin sexo sin ser por ello estigmatizados socialmente. Aún hay pocos estudios al respecto, pero según Journal of Sex Research, un 1% de los británicos pertenecen a este colectivo.

El precursor de esta corriente asexual es Anthony F. Bogaert, académico de la Universidad canadiense de Brock, y especializado en los estudios de sexualidad humana. Sus publicaciones, especialmente el libro Understanding Asexuality, han ayudado a miles de personas a comprenderse mejor a sí mismas en lo que concierne a su impulso sexual o a la carencia de este. Su obra es un manual de referencia.

“La asexualidad se define como una falta persistente de deseo sexual hacia los demás”, dice el autor. Incluso hay quien lo señala como la cuarta opción, después de la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad. “Aunque la renuncia a la actividad sexual se trata de un acto volitivo, al igual que el celibato, no existe en ella el componente de la abstención vinculado a la religión”, prosigue Bogaert.

La asexualidad se define como una falta persistente de deseo sexual hacia los demás”, dice Anthony F. Bogaert
Esta elección personal genera una “identidad propia”, a la que se adhieren un gran número de personas que, hasta hace pocos años, no encontraban una explicación a lo que, aún hoy en día, se juzga y castiga socialmente con la incomprensión.

Afortunadamente para los asexuales, existe AVEN (del inglés, Asexual Visibility and Education Network), una comunidad internacional donde se pueden expresar sin miedo y en la que sus más de 100.000 miembros luchan activamente por la aceptación social. Además de constituir la mayor presencia online de este colectivo, AVEN proporciona recursos en investigación sobre la temática, favoreciendo la integración de estas personas.

Según afirman, los asexuales tienen las mismas necesidades emocionales que los demás y por ello son capaces de intimar con sus semejantes, aunque lo harán de una forma no sexual. Asimismo se sienten realizadas como personas y no se pierden ni renuncian a nada, en la medida en que no sienten ese impulso sexual primario hacia los demás.
Sin embargo, no todos los profesionales piensan igual. Por su parte, Pere Font, sexólogo y director del Instituto de Estudios de la Sexualidad y la Pareja, de la Universidad de Lleida, explica cómo ser asexual se relaciona con concepciones de la sexualidad muy concretas: “Las personas asexuales o con bajo nivel de deseo no acostumbran a valorar la intimidad sexual, el placer erótico u otros aspectos de la sexualidad como algo estimulante, sino todo lo contrario”. Ante la pregunta de si se puede vivir sin sexo, el experto responde que es, efectivamente, muy posible, si bien no deja de suponer una renuncia a algo que la mayoría encuentra placentero: “Se puede vivir sin sexo de la misma manera que se puede vivir sin música. También podría afirmarse que se vive peor en la medida en que ciertas experiencias enriquecen la vida humana. No son imprescindibles, pero aportan calidad y esplendor a la vida”, responde el experto.

No obstante, la falta de deseo no ha de interpretarse como un problema, según explica Font, salvo en los casos en los que se observe un cambio en la conducta sexual, que no se justifique ni busque, o que obedezca a situaciones farmacológicas o de estrés personal. “En esa situación, se hablaría de un deseo sexual inhibido, cuyo diagnóstico es muy identificable en la sexología y tiene un tratamiento conocido”, narra.

Otra sombra de sospecha que planea sobre la asexualidad tiene que ver con aquella programación genética por la que tendemos a reproducirnos con el fin biológico de transmitir nuestros genes. Pero cabe recordar que como especie, vamos más allá de las necesidades básicas, y las convertimos en recursos para el placer en la relación. “Así como llevamos la necesidad de comer a la gastronomía, trasladamos la de reproducirnos al erotismo. En general, el deseo sexual está muy vinculado al impulso de conseguir placer”, aclara el sexólogo. “A no ser que alguien hable de sexo delante de mí o vea en la tele a una pareja haciendo el amor, ni siquiera me acuerdo de que existe. No está en mi mente. Es como si alguien te recuerda un objeto que perdiste hace años y ya no recuerdas. ‘Ah, sí, eso’, dices. Y vuelves a olvidarlo. El sexo no me ofende. Y no me parece mal que otros lo practiquen. Simplemente me es totalmente indiferente”, detalla una usuaria asexual en el foro de AVEN.

Sexo sí, rosas no
Al igual que algunos no experimentan deseo, el arromántico no siente atracción romántica por otras personas. Será capaz de amar, aunque se parecerá más al afecto que solemos destinar a familiares o amigos.

Aunque el amor romántico es difícil de definir, está muy vinculado a la idealización del otro a través del enamoramiento y a la distorsión de la realidad a la hora de percibir al ser amado. El propio Ortega y Gasset aportó sus tesis al respecto: “un estado anómalo de la atención”, “un estado inferior del espíritu” o "una imbecilidad transitoria”. El arromántico no es víctima del hormigueo ni de las mariposas en el estómago, pero sabrá lo que es el impulso sexual: su carencia de sentimentalismo no le incapacitará para mantener relaciones de cama.


A lo largo de la historia ha habido algunos personajes asexuales o arrománticos a los que no se les ha conocido pareja ni interés de este tipo por otras personas. Una de ellas es el científico Isaac Newton, de quien se sospecha que era asexual, aunque pudiera ser, sencillamente, debido a un carácter reprimido, derivado de su gran puritanismo. Otra figura declarada como tal es el escritor e ilustrador estadounidense Edward Gorey, quien profesaba, en cambio, un amor incondicional a sus gatos, algo que manifestaba en sus propios dibujos. En cualquier caso, ambos estuvieron solos, potenciando (no hay mal que por bien no venga) una frondosa creatividad.

jueves, 19 de febrero de 2015

¿PUEDE LA PRIMERA VEZ MARCAR TU FUTURO SEXUAL?


“La primera vez nunca se olvida” es una sentencia que hemos escuchado hasta la saciedad en canciones románticas y frases hechas, pero que tiene muchas interpretaciones, ya que no se especifica el porqué de ese recuerdo imborrable. Generalmente, el primer ensayo queda grabado a fuego en la memoria, pero no precisamente por lo placentero de la experiencia. Muchos desearían enviarlo a la papelera de su disco duro, al menos hasta que haya trascurrido un cierto tiempo para que se cumpla la siguiente ecuación: humor = tragedia + tiempo. Y es que con el paso del tiempo podremos rentabilizar esta experiencia en reuniones de amigos y quedar como los más graciosos de la noche. ¿Hay alguien a quien le haya ido bien la primera vez? Yo diría que, después de descubrir que los Reyes son los padres, ésta es la segunda gran decepción de la vida, en la que uno comprueba que el mundo entero le ha mentido o gastado una broma pesada. ¿Es esto el sexo?, se preguntan muchas/os, ¿ese placer supremo del que tanto se habla, perseguido durante generaciones y que enloquece a hombres y mujeres? Pasado ese shock, y al comprobar con nuestras amigas más íntimas que solo en el cine las mujeres tienen orgasmos la primera vez –al igual que ocurre en las escenas en que el protagonista siempre encuentra aparcamiento frente al lugar al que quiere ir–, empezamos a encajar el golpe y asumir que las cosas buenas de la vida requieren siempre de un aprendizaje, al contrario que las malas, que son facilonas, gratis y disponibles para todo el mundo.

Los que aseguran que sí marca tu vida sexual

Lo malo es que existen algunos estudios que aseguran que la primera vez determina nuestra vida sexual posterior y que, en cierta manera, crea nuestro ADN erótico. El más citado de todos es el que hicieron las Universidades de Tennessee y Misisipi, en el año 2013, y que evaluó a 331 alumnos sobre su primera experiencia. Les hicieron una serie de preguntas respecto al momento en que perdieron su virginidad y sobre su posterior vida sexual. La conclusión del experimento fue que aquellos que tuvieron una mayor satisfacción física y emocional en su debut, sacaban notas más altas en su sexualidad posterior; mientras que los que hablaron de experiencias negativas o ansiedad, en su estreno, mostraban menos satisfación con su vida erótica actual. “Este estudio no prueba que una buena primera vez constituya una buena vida sexual, en general, pero la experiencia que se tiene cuando se pierde la virginidad puede crear un patrón para los años siguientes”, comentaba Matthew Shaffer, uno de los investigadores de la muestra.

Este determinismo sexual, fruto de nuestra relación inicial, practicada, generalmente, con poca información y en una etapa de la vida en la que la autoestima brilla por su ausencia y en la que somos fácilmente influenciables, inseguros y poco racionales, debería ser demasiado malo para ser verdad. Eso es lo que se planteaba el Huffington Post estadounidense en un artículo en el que apuntaba los puntos débiles de este deprimente trabajo. Por un lado, los participantes eran en su mayoría jóvenes estudiantes que todavía no tenían demasiados años de vida sexual como para disponer de una perspectiva mayor. Por otro, está el hecho de que estrenarse en el sexo ha dejado ya de ser un rito de iniciación para convertirse, en la mayoría de los casos, en un mero trámite que hay que pasar para entrar en la vida adulta. Yo añadiría, además, que la pérdida de la virginidad, a diferencia de lo que les ocurrió a nuestras madres y abuelas, que tenía lugar la temida noche de bodas y que podía determinarse con fecha y hora exactas, es cada vez más gradual. No pasamos de la inocencia más absoluta a la rotura del himen, sino que poco a poco nos vamos adentrando en el universo sexual. Juegos, caricias, tocamientos, son también relaciones sexuales.

Los escépticos

“La idea de que el primer encuentro deja una profunda huella en nuestra sexualidad futura es algo que ya está fuera de contexto”, comenta Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona. “Los sexólogos seguimos preguntándolo a nuestros pacientes, pero más que nada por determinar la edad de inicio de la vida sexual y ver si ha habido prácticas de riesgo. La gente ya no tiene unas expectativas tan altas, está mejor informada que las generaciones anteriores y, en muchos casos, la virginidad se ve como algo de lo que hay que desprenderse en un cierto momento de la vida, no necesariamente con el príncipe azul. Sí hay datos y estudios que demuestran que la edad a la que uno se inicia en el sexo es bastante reveladora. Generalmente, las clases más bajas empiezan muy temprano. Hay un mayor índice de embarazos en adolescentes de este grupo, y no siempre por desconocimiento. A veces es intencionado y es una manera de buscar afecto, complicidad o reafirmarse como ser humano o como madre”.

Por el contrario, y como explica un artículo al respecto de la revista Psychology Today, firmado por el profesor de psicología Noam Shpancer, “hay mucha literatura psicológica que demuestra la correlación entre el nivel de inteligencia y el éxito en los estudios, y la edad del debut sexual. Los más inteligentes esperan. ¿Por qué? No es fácil saberlo. A lo mejor los más listos entienden que vale la pena esperar en el sexo, por los riesgos inherentes. O pueden pasar demasiado tiempo en la biblioteca para poder buscar pareja. O algún factor externo en la familia del adolescente, puede que la supervisión paterna, afecte a la conducta de éste en la clase y en la cama. Tal vez los que esperan más por el sexo sean más selectivos. Los individuos selectivos pueden no ser los primeros en morder la manzana, pueden no morder muchas manzanas; pero sí son los que muerden las manzanas más deliciosas”.

Lo ideal es que nuestra primera vez fuera siempre un acto responsable, meditado, realizado con plena libertad y sin ningún tipo de coacción, como cualquier otro de nuestras vidas, pero como Shpancer apunta en su artículo, la realidad suele ser muy distinta. “Todos recordamos decisiones que estudiamos largamente y otras que son más espontáneas. Sorprendentemente, parece que gastamos más energía, tiempo, pensamientos e intención en decisiones triviales –como por ejemplo, qué móvil debo comprar–, que en las cruciales –¿Cómo debo vivir?–. Me atrevería a decir que las decisiones importantes de la vida –trabajo, carrera, dónde vivir y con quién– generalmente llegan a nosotros por el camino de la disposición, más que por el fruto de un proceso intencionado e informado de deliberación racional”.

Lo que sí puede resultar traumático en nuestro ingreso en la vida erótica es, según cuenta Francisca Molero, retrasar demasiado el debut sexual. “Seguir siendo virgen pasados los veintitantos suele generar mucha angustia, e incluso disfunciones sexuales. Porque además, cuanto más tiempo pasa, menos disposición se tiene para estar con alguien, porque se piensa que esa persona, inevitablemente, descubrirá que su pareja es novata. Es un círculo vicioso que muchos rompen haciéndolo con el primero que pasa o con un desconocido, para acabar de una vez con el problema”.

Los accidentes inherentes a toda relación sexual, como que se rompa un preservativo o ser pillado in fraganti, pueden, a juicio de Molero, crear más problemas de los convenientes, dependiendo de la personalidad del individuo. “Para que estos hechos tengan consecuencias, tienen que darse en personas con tendencias obsesivas y controladoras. El problema está en la escasa o nula educación sexual y en que la mayoría de los mensajes que les llega a los jóvenes a este respecto, fuera de toda la información y pornografía de Internet, hacen hincapié solo en la parte negativa del sexo: las enfermedades de transmisión sexual. Algunos adolescentes desarrollan una cierta fobia o miedo al sexo, como una forma de peligro para su salud. En las consultas vemos que el vaginismo está aumentando en los últimos años”.


La importancia de una identidad sexual

Una vez más, lo importante no es lo que ocurre sino la lectura que uno hace de lo que le sucede. Aquí entra en juego el término identidad sexual, que se construye durante la infancia, que es indispensable para una buena inmersión en la vida adulta y que no siempre coincide con la actividad sexual. Como explicaba un artículo publicado en la página de Cinteco (Psicología clínica y psiquiatría), titulado La orientación sexual en la adolescencia, “a muchos jóvenes les lleva tiempo comprender quiénes son y en qué se están transformando. La adolescencia representa un período de tiempo para la exploración y la experimentación. De tal manera, la actividad sexual no refleja necesariamente la orientación sexual actual ni futura. Además, la actividad sexual debe entenderse como una conducta, mientras que la orientación sexual es un componente de la identidad personal. Muchos adolescentes experimentan una variada muestra de conductas sexuales que van incorporando a su proceso de identidad sexual, consolidándose a través de un largo período de tiempo (…). Muchos jóvenes homosexuales pueden tener experiencias heterosexuales y viceversa; mientras otros pueden tener una auto identificación homosexual sin que nunca hayan tenido experiencias sexuales de ningún tipo”.

La primera vez es, por tanto, ni más ni menos que un intento inicial. Como decía la psicóloga y sexóloga, Virginia Martínez Verdier, en un interesante dossier publicado en la revista Ser y Expresar y titulado El proceso de hacernos sexuales: “La identidad sexual continúa reafirmándose y reestructurándose a lo largo de la vida. Los cambios políticos, económicos y sociales, las modas y las diversas crisis vitales (casamiento, nacimiento de los hijos, divorcio, climaterio, etc) vuelven a hacer entrar en conflicto al sujeto, el cual se replantea su postura ante la vida, sus valores y su sexualidad”.
Enlace a la fuente

lunes, 16 de febrero de 2015

RECURSOS EN LA WEB SOBRE SALUD SEXUAL.


Estos son algunos de los recursos sobre sexualidad que podemos encontrar en la web, seguro que hay muchos más.

1. Fundación Sexpol.


2. Yes we fuck. Iniciativa, a partir del foro de vida independiente sobre sexualidades y diversidades funcionales:

3.  Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la IVE: El desarrollo de la sexualidad y la capacidad de procreación están directamente vinculados a la dignidad de la persona y al libre desarrollo de la personalidad y son objeto de protección a través de distintos derechos fundamentales:

5. Promoción de la Salud Sexual y reproductiva desde una perspectiva de género:

6. Esclerosis múltiple: Número especial de la revista de la FELEM sobre Relaciones, intimidad y sexualidad:


7. Recursos para el colectivo LGTB:

COGAM

Programa de información y atención LGTB 




8. Mejorar la salud sexual y reproductiva a través del fortalecimiento de los sistemas sanitarios. Publicación de la OMS:


9. Declaración de los Derechos sexuales: Los derechos sexuales son derechos humanos universales basados en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos. Y dado que la salud es un derecho humano fundamental, la salud sexual debe ser un derecho humano básico, pues es esencial para el bienestar individual, interpersonal y social:

10. Estándares de educación sexual para Europa:


martes, 10 de febrero de 2015

TERTULIA: ¡QUIERO LO QUE QUIERO! EL DESEO SEXUAL

Continuamos nuestras tertulias; este próximo Jueves 12, a las 19 horas, Alejandra Mencías nos hablará sobre el Deseo Sexual.