domingo, 31 de mayo de 2015

TERTULIA: COMPULSIÓN SEXUAL


Última Tertulia de este año lectivo.... ya estamos preparando las siguientes. Pero antes del verano... Compulsión Sexual

Carlos San Martín, con sus más de treinta años de experiencia en Sexología, nos guiará a través de los mitos, los deseos, los impulsos y las sexualidades que giran en torno a la sexualidad compulsiva.

Tertulia gratuita, el próximo Jueves 11 de Junio a las 19 horas. Aforo limitado, no lo olvides.

sábado, 30 de mayo de 2015

Taller de SUELO PÉLVICO


¿Te has formado en Sexología? ¿Trabajas como Terapeuta Sexual?
¿O simplemente te interesa conocer qué es, para qué sirve y cómo cuidar o mejorar el suelo pélvico?


Sea cual sea la razón, aquí tienes una buena oportunidad. Rut Antón, fisioterapeuta especialista en Suelo Pélvico nos guiará en este Taller, a lo largo de dos horas, por todas las relaciones que esta parte de nuestro ser tiene con la propia Sexualidad.

Reserva tu plaza, por tan sólo 15€

viernes, 29 de mayo de 2015

Más allá del orgasmo femenino



En el mundo en que nos encontramos, a veces las cadenas de televisión, aunque en ocasiones parezcan empeñadas en ser más una empresa de ganar dinero que un agente de entretenimiento, educativo o meramente informativo, nos regalan espacios donde podemos conocer cosas diferentes, útiles o beneficiosas para la vida de cualquiera. En uno de esos espacios, tuve la oportunidad de escuchar sobre temas referidos a la sexualidad, siempre desde un punto de vista meramente científico. Como en el ya famoso slogan “la potencia sin control no sirve de nada”, personalmente creo que en la mayoría de las ocasiones, por no decir en todas, la ciencia sin su aplicación o vertiente humana o humanista de servicio al individuo, tampoco puede ser de utilidad. Así pues, seguidamente intentaré comentar esa información y por supuesto intentaré reflexionar acerca de ello. El tema sobre el que se trataba, en líneas generales era la Respuesta Sexual Humana (RSH), y en particular el orgasmo femenino y las diversas regiones cerebrales que se relacionan en el encuentro amoroso o íntimo.

Antes de entrar en detalles, me tomaré el permiso de revisar superficialmente los conocimientos acerca de los cambios y procesos que tienen lugar cuando se produce un encuentro erótico. Después de experimentar deseo (en forma de fantasías, interés en alguien...) intentar alcanzar a quien nos gusta (ver a la persona de vez en cuando, pedir y planear una cita con la persona...) una vez conseguida su atención (conseguir ser atractivos ante ella o él), puede que decidamos pasar “a la acción”, al encuentro íntimo. En él, tenemos una serie de cambios a nivel mental y fisiológico; cambios que, por otro lado, pasan por las famosas fases de excitación, meseta, orgasmo y fase de resolución final. Según los diversos autores estas etapas pueden cambiar e incluir el deseo (muchas veces el origen de problemas en terapia) pero sin duda esta clasificación es la más famosa, y fue planteada hace ya tiempo por Virginia Johnson y William Masters, matrimonio mundialmente conocido y que fueron pioneros en el estudio científico de la sexualidad humana.

Una vez ubicados en el tema, vayamos por partes. Durante la excitación, tanto hombres como mujeres aumentan el ritmo cardíaco y la respiración. Como todos intuimos, es el momento en que el pene del hombre se pone en erección por la acumulación de sangre en sus estructuras internas (cuerpos cavernosos y esponjoso); en las mujeres, por su parte, se llena de sangre el clítoris, se expande y se engrosan las paredes de la vagina y acaba por elevarse el útero. Después, aumenta el ritmo cardíaco al doble, se agrandan las pupilas, el vello se eriza, se provocan los sonrojos propios del momento y se suda por el incesante aumento del ritmo de la sangre. Si hay penetración, el pene recibe excitación y roce en la vagina y esta, por su parte, recibe al pene y se amolda a él. Según la postura de la penetración, en estos instantes el movimiento puede provocar la excitación del clítoris y de la zona del punto G por el roce y la presión. Si se llega al orgasmo, la ciencia ha revelado que se activan nada menos que treinta áreas cerebrales, así como que dentro del encéfalo, en el hipotálamo se libera una hormona, la oxitocina, al torrente sanguíneo.


En nuestro camino de la excitación, llegamos a un grado tal que en circunstancias normales (desinhibidos y sin presiones) se provoca el orgasmo, una liberación de toda la acumulación sanguínea en la zona; más concretamente en el caso del hombre, también se produce una expulsión de líquido seminal al exterior, la eyaculación. Durante esta fase, la musculatura de la base del pene se contrae rítmicamente y se produce la expulsión del esperma al exterior por la uretra. Por su parte, en la mujer se producen contracciones rítmicas vaginales, así como de toda la musculatura pubococcígea (como en los hombres, por otro lado) cada ocho décimas de segundo aproximadamente. Es verdad que esto, dicho así, puede haber quitado romanticismo al orgasmo; el “tocar el cielo con las manos”,  las  “mariposas”,  las  “cosquillas”...,  todo eso es, fisiológicamente hablando, contracciones y liberación de tensión genital. Aún así, es maravilloso, dure el tiempo que sea, si se vive como libertad, expresión individual del goce y en compañía (en este caso) de una persona con la que libremente hemos decidido estar.


Una  vez  llegados  a  este  punto,  lanzo una pregunta: ¿hay algo en la Naturaleza que sea fortuito, que no sirva para nada? Miremos a nuestro alrededor y echemos un vistazo hasta a lo más insignificante. Seguro que eso que estamos viendo tiene su papel en algún proceso, o sirve de alimento para algún organismo, o es beneficioso para algo. Es por eso que los investigadores se plantean para qué sirve todo esto que acabamos de describir y si su final, el orgasmo, y en concreto el femenino (muy olvidado en esta sociedad sexista y coitocentrista, por otro lado), así como las estructuras implicadas en él, sirven para algún propósito.


Que las mujeres a lo largo de la historia han venido careciendo de sexualidad, del uso y disfrute de su cuerpo y por consiguiente de orgasmo (al menos oficialmente), es algo que ya sabemos quienes educamos o tratamos terapéuticamente en estos temas. Prueba del poco interés que hay por revertir el status quo del asunto y el poco apoyo para que las mujeres avanzaran en su conocimiento propio, es que hasta 1998 no se conoció la verdadera estructura del clítoris; es a partir de ese momento cuando se va focalizando más la investigación en todo lo que rodea la respuesta sexual femenina, incluyendo el famoso punto G encontrado por el ginecólogo Gräfemberg en los años cuarenta del siglo pasado. Pues bien, los descubrimientos de las experimentaciones creo que dejarán a más de uno boquiabierto... Al menos a mí sí me impresionan y me alegran a la vez por las grandes implicaciones que poseen.

 Y es que el orgasmo, como sentimiento que es, sin mediatizarlo por la cultura u otros aspectos, es complicado abordarlo porque no posee ni siquiera una definición clara. Por eso es que cada uno lo vive de una forma; además, según el estado anímico y las circunstancias en que la persona se encuentre, cada uno de los orgasmos que se tengan en la vida pueden ser únicos en nivel de sensación y calidad. Por su parte, la fisiología sí que es precisa. El gran suministro de oxígeno al cerebro provoca que éste se active a nivel cortical por la captación de estímulos eróticos (un juguete, una prenda de lencería, un susurro, una caricia...), diferente ya de por sí porque cada uno codificamos esto según matices personales. Es en un segundo nivel en el que también se activa internamente el Hipocampo, zona cerebral donde almacenamos las emociones y guardamos datos en nuestra memoria a largo plazo. Hablando del Sistema Nervioso, y para dejar algún dato más curioso en cuanto a este tema, decir que en el orgasmo se activa el cerebelo provocando los movimientos musculares del clímax, el Núcleo Accumbens y, repito y remarco, nada menos que treinta áreas más.


Ya hemos comentado el papel de la oxitocina  en  las  paredes  vaginales.  Pues  bien, se han hecho estudios con mujeres a las que les aplicaron  sustancias  irradiantes  mezcladas  con un semen sintético, en un caso con y en el otro sin la oxitocina circulando por su cuerpo. En este estudio se pudo ver que cuando no había oxitocina el semen permanecía en la vagina, concentrado en ese reducido espacio y sin apenas movimiento. Cuando, con el mismo semen introducido, se aplicaba a la sujeto de estudio la hormona dicha (en el momento de un supuesto orgasmo), en un plazo breve de tiempo, las paredes vaginales y el útero se ponían en acción y propulsaban el esperma hacia las Trompas de Falopio, conductos donde tendría lugar el encuentro de espermatozoide y óvulo. Aún no se sabe por qué, pero además era guiado hacia el ovario donde se liberaba el óvulo correspondiente al mes del periodo de la mujer, maximizando así las posibilidades de concepción de un nuevo embrión.


Debido en su mayor parte por los efectos de la cultura y educación familiar (personalmente, la genética no creo que aquí tenga mucho grado de responsabilidad), las mujeres no piensan tan a menudo como los hombres en el sexo. Aunque fuese todo lo contrario (las estadísticas dicen que cada vez nos acercamos más en los datos en este tema), parece que la Madre Naturaleza aprovisiona de refuerzos a todos sus hijos, sean de la especie que fuere para que se cuiden, protejan a sus crías o para que la especie prospere. Puede que sea ésta una lectura muy reducida, pero no deja de tener parte de razón. Si “poner la semillita dentro de mamá” no tuviera en el hecho de hacerlo algo de gozo (sé que estáis pensando en el romance, el desarrollo pleno como padres, etc., pero esta idea de amor contemporáneo no ha sido siempre así), es posible que no hubiera tantos millones de personas poblando la faz de la tierra. Algo de cierto habrá también en la afirmación de que el orgasmo masculino hace que los hombres quieran tener relaciones sexuales, sea para engendrar hijos o no, si por el contrario hay condicionantes, a menudo socioculturales, que lo desaconsejen. Si fuera doloroso, correríamos los hombres como alma que lleva el diablo con cada insinuación de una mujer.


En el caso de ellas, la función o ventaja del orgasmo no parece tan clara, aunque las últimas hipótesis barajadas apuntan a que el organismo femenino discrimina los mejores hombres que pueda escoger la mujer en cuestión. El debate está servido, ya que según estos estudios, el atractivo físico puede provocar más orgasmos. Los tests sobre la búsqueda de la belleza parecen revelar que la selección natural tiene algo que ver cuando se busca la belleza física, puesto que se eligen no del todo conscientemente a personas atractivas para uno mismo según el grado de simetría en la cara, aspecto físico saludable, tono de piel, etc., algo que biológicamente revela que la persona tiene pureza genética, que es más resistente y que tiene menos mutaciones de genes.


Lo que los etólogos llaman el “coste de la fecundación” o de la paternidad o maternidad en el traspaso genético, durante la unión monógama de dos seres humanos (lo que otros llamamos enamoramiento o amor), parece que también juega un papel durante y para el orgasmo femenino; parece cumplirse que a mayor enamoramiento, los clímax se dan más y hay mayor nivel de actividad neuronal, concretamente de la Ínsula Cerebral. Dicho de otra forma, a mayor pasión, mayores y más satisfacción en los orgasmos experimentados. Así pues, y aunque muchos pensáramos lo contrario (porque pensemos que la técnica para tener un clímax que usamos pasa nosotros mismos es más afinada que cuando nos lo hace otro) y sin que por ello sean dos cosas del todo antagónicas (una cosa es lo subjetivo y otra lo objetivo), los orgasmos en pareja y con amor activan más regiones que cuando se logra durante la masturbación. Se ha podido ver que una de esas “nuevas” regiones está relacionada con la memoria y que estos recuerdos además se activan en los próximos encuentros con nuestra pareja. Pareciera pues que estas reminiscencias son un cierto “seguro” natural para estar más tiempo unidos y así aumentar la probabilidad de tener nueva descendencia.


Detengámonos aquí porque creo que esto es un punto crítico que nos puede interesar. Yo siempre creo que para sí, uno mismo, en su vida, debe ser el centro absoluto, y lo más importante; mientras que alrededor de cada cual se encuentren orbitando  las  personas  relevantes  de  su  vida, en cercanía o lejanía según las circunstancias determinen  y  de  qué  unión  estemos  hablando con cada una de ellas. Aunque este planteamiento pueda parecer un poco frío o egoísta, y contrario a lo que judeo-cristianamente se nos ha inculcado, quizá si siga hasta el final de lo que quiero transmitir, haga cambiar un poco la visión de quien me lee acerca de mi planteamiento.


Siguiendo  este  argumento,  si  yo  hago todo por y para mi conveniencia sin atender a las consecuencias que pueden provocar mis actos, entonces en la vida puede que prospere mucho a nivel económico o laboral, mientras que a nivel personal, moral o social (algo más humanamente importante), nuestra altura quedará por el suelo. Si, por el contrario, hago las cosas y conduzco mi vida hacia lo mejor y lo que más me convenga, siempre y cuando no perjudique al círculo de personas que están a mi alrededor (mi círculo de circunstancias), me estaré comportando conforme un egoísmo maduro, con límites muy claros ante lo que se debe o no hacer. Sigo por tanto realizando cosas que me aportan beneficios, pero sin relegar a las personas de alrededor a una distancia tal que no me importen lo más mínimo.

Puede que esto llegue a ser una de las claves para saber comportarnos en las relaciones que tengamos con otras personas. Os concretaré con otro ejemplo para ilustrar acerca del tema que venimos tratando hasta aquí. Caballeros de siglos y décadas pasadas (no tan lejanas) podían “hacer uso” de sus esposas en el momento y de la forma que querían para satisfacer su mal llamada necesidad sexual, que, por otro lado, era propiedad exclusiva de los hombres. Todo acontecía de la manera en que el hombre quería o sabía (no sé qué es más peligroso), sin importar lo satisfecha o complacida que pudiera quedar su compañera de cama. Este ha sido el encorsetamiento al que hemos estado sometidos por el rol de género que nos ha tocado desempeñar  en  la  sociedad  que,  aunque  se  ha ido modificando, no lo ha hecho tanto como sería deseable. Famosa es la frase que ha provocado mucho daño a generaciones que hoy son ya maduras y que resume esta situación. “No hay mujer insatisfecha, sino hombre inexperto”. Ese rol de ser libre sexualmente al que obligatoriamente se deben adscribir los hombres, así como el de ser activo en la relación sexual, aún hoy en día en muchas ocasiones recae sobre el hombre, por lo que la perversión en la sexualidad compartida (y deberíamos decir que también en la que se ejerce en solitario, porque todo es impregnado...) está encima de la mesa. Sea por desconocimiento o por lo cómoda que parece ser para algunos esta posición de poder (ilusoriamente, porque de hecho se pierde mucho con este modelo un tanto castrador), aún hoy en día es el hombre el que hace y deshace, el que vela por hacer en primer (y único muchas veces) lugar lo que a él le satisface, para después, lo que sabe hacer por y para su pareja sexual. Sin querer, el hombre es el que trabaja según este patrón supuestamente hecho para sí (yo soy antes que tú),en la comodidad o miedo al cambio, porque además, el cliché de la relación sexual bien entendida y completa (el coito vaginal es el válido, el que produce y re-produce...) es el que más sale a renta del macho viril, mientras la mujer espera ilusamente quedar satisfecha en un mundo parcialmente sexualizado en el que aún hoy en día muchas aún no han tomado su lugar legítimo por ser personas con aspiraciones, deseos y necesidades.


Sea por el razonamiento un tanto biologista de lo que se ha contado aquí, de que el placer lo deseamos hombres y mujeres por igual si estamos libres de ataduras morales y sociales, de que estamos programados naturalmente para ello, sea por lo ético del asunto, o por la razón que se quiera poner, tanto hombres como mujeres estamos llamados a comportarnos de forma maduramente egoísta: yo velo por mi placer en primer lugar, y si puedo y sé hacerlo, velaré por la satisfacción de ti porque has entrado en mi círculo de circunstancias, porque ese bienestar tuyo repercutirá seguro en mí también, teniendo más placer y buenos momentos, deseos de estar conmigo, buenos orgasmos que me provocarás seguramente, porque querrás estar conmigo y así, un sin fin de efectos positivos fuera y dentro de la cama.


Es  lógico  pensar  que  llegar  a  esto  no saldrá gratuito. En ellos, falta tacto e interés por el conocimiento de tantas cosas del mundo femenino que desconocen. En ellas, “sacudirse el polvo” de épocas pasadas en las que su sexualidad era nula o volcada hacia la maternidad, en su defecto hacia el otro desamparado o desatendido, y tomar las riendas de su vida, empezar a explorar (no dejar que el otro lo haga por ella) sensaciones, emociones y la biología propia para sacar el máximo beneficio y placer para una misma, sin aceptar las esperables críticas  (o  intentar  no  darles  peso  específico) ante las temibles etiquetas propias que usan los malintencionados contra quien intenta salirse de un rol que no ha pedido ejercer y menos aún estar irremediablemente atado, que de seguro tiene limitaciones y castraciones.


Pedro Pardos Blas                                                                             
Pedagogo, Psicólogo
Máster en Sexología, Terapia Sexual y de Pareja (SSM)
Conferenciante y formador sexual


Publicado en Revista SEXPOL nº 114, julio-septiembre 2014

RM/xt

martes, 26 de mayo de 2015

Conversaciones en torno a un café caliente



CONVERSACIONES EN TORNO A UN CAFÉ CALIENTE
Julián Fernández de Quero entrevista a Fina Sanz

Entrevistar a Fina Sanz me produce una gran satisfacción porque ambas somos personas que nos conocemos y mantenemos una amistad desde hace muchos años, hemos sido compañeras en múltiples actividades sociales y formativas y existe una gran afinidad sentimental entre las dos. Si tuviera que elegir dos cualidades que destacaran su personalidad, serían su creatividad y su proximidad. Psicóloga, sexóloga y pedagoga, Fina nunca se ha conformado con la rutina profesional acomodaticia, sino que su curiosidad y su inquietud intelectual, la ha llevado a construir su propio derrotero profesional, siempre a contracorriente de lo políticamente correcto y establecido. Fundadora del Instituto de Terapia para el Reencuentro, elabora  y  crea  una  metodología  original  de intervención terapéutica y educativa de carácter holístico, con la que se contempla la multidimensionalidad del ser humano, lo social, lo relacional y lo personal o, como le gusta decir a ella, el afuera y el adentro de la persona, escuchándole y ayudándole a resolver sus conflictos y contradicciones a través del autoconocimiento y la liberación de su sexualidad y su afectividad. Como consecuencia de su creatividad inquieta, participa en la fundación de la Sociedad Sexológica del País Valenciano, dirige y coordina numerosos talleres y cursos por toda España, actualmente codirige los Estudios de Postgrado en la Universidad de Alcalá de Henares y de la Universidad de Sevilla, impartiendo un máster especializado, además de continuar con el Curso de Crecimiento Erótico y desarrollo Personal que vienen impartiendo en el Instituto de Terapia para el Reencuentro y colaborando en otros muchos cursos, como el Máster en Sexología, Terapia Sexual, Pareja y Género, de la Fundación Sexpol. Pero su actividad no se limita al ámbito nacional, sino que se proyecta por toda Latinoamérica, lo que le obliga a viajar constantemente para impartir cursos y coordinar talleres por casi todos estos países, creando la Fundación Terapia de Reencuentro como otra forma de extender sus experiencias profesionales y la acción social hacia comunidades con grandes necesidades de todo tipo. Su larga y rica trayectoria profesional y humana, se ve plasmada en libros de divulgación que llegan a miles de personas y a los rincones más remotos. Psicoerotismo femenino y masculino, Los vínculos amorosos, Los laberintos de la vida cotidiana y el último, La Fotobiografía,  relatan en un lenguaje accesible y cercano, la metodología, los recursos y las experiencias vitales acumuladas por la autora en el transcurso de su trabajo y de su vida. Actualmente, Fina Sanz es un referente indispensable para miles de personas que han participado en sus cursos, talleres y terapias y sus libros son de consulta recomendada y cita obligada en los campos de la psicología, la sexología y la educación.

Si a esta creatividad profesional le añadimos la segunda cualidad mencionada, su proximidad, tenemos un perfil adecuado de Fina Sanz. Porque cuando se relaciona con las demás personas, ella es cercana, simpática, accesible, afectiva. Su empatía no deja indiferente a nadie, al contrario, seduce y facilita la conversación y el acercamiento. Su trayectoria profesional no se puede entender al margen de estas cualidades personales que la convierten en una educadora y terapeuta  idónea,  pero  también explican la red de amistades que se ha ido tejiendo en torno a ella y el afecto y la admiración con las que hablan tantas personas de ella, entre las cuales me incluyo.  Pero vayamos al motivo principal de la entrevista. Fina Sanz ha publicado su último libro, La Fotobiografía,  en el que explica con detalle la creación de un recurso formativo y terapéutico que utiliza  las  fotos  personales  y  familiares  que  cada  persona suele guardar a lo largo de su vida para, a través de ellas, reconstruir la historia de su vida, descubriendo los mitos, rituales y guiones de vida que han ido conformando su personalidad, las influencias sociales y familiares en la construcción de su género y de su sexualidad, permitiendo descubrir las lagunas y los conflictos que bloquean o congelan su desarrollo.

Hemos quedado en  la  pastelería‐cafetería La  Mallorquina que está en la Puerta del Sol de Madrid, esquina con la calle Mayor. Fina llega arrastrando la maleta, como viajera incansable que es, vino ayer de Barcelona y esta tarde se marcha a Valencia. Yo me he desplazado desde mi retiro manchego, en Campo de Criptana, para quedar con ella.  Sentados delante de un café caliente, nos ponemos al día y entramos en materia.

Julián: La primera edición de tu libro La Fotobiografía, es de 2007, pero yo sé que tu llevabas muchos años elaborando y madurando este recurso terapéutico y educativo, incluso ya, en el IV Congreso Nacional de Sexología que se celebró en Valencia, allá por 1991, si no me falla la memoria, presentaste  una  ponencia  sobre  este  recurso.  Es  decir,  que  la Fotobiografía también tiene su propia historia de vida que, evidentemente, está asociada a tu propia historia y la historia del movimiento sexológico español.   ¿Podrías hacerme una reseña de esa  historia de vida que contextualiza y explica el origen de tu último libro?

Fina: Si, cada libro tiene su historia de vida, como tú muy bien sabes; está escrito en un momento histórico y personal concreto.   Efectivamente, esta metodología la presenté en ese Congreso del que guardo un gratísimo recuerdo. Fue un periodo esplendoroso para la Sexología en España por aquellos años. Nacíamos como Sociedades de Sexología, con mucho entusiasmo, con muchas ganas de sensibilizar a la población frente al tema de la sexualidad, tan importante, tan fundamental en la vida de una persona, y que nos había estado vedado y deformado durante mucho tiempo en nuestra sociedad.

Recuerdo aquel Congreso con gran cariño, era un desborde de miradas y enfoques variados en torno a la sexualidad, se hacían muchos talleres. Fue un momento de gran apertura. Sentíamos que estábamos iniciando algo nuevo, queríamos transformar el mundo, creíamos que si las personas recuperaban su cuerpo, su sexualidad, serían más autónomas, más libres, más felices.

Si, en ese contexto nació la Fotobiografía y nació todo mi trabajo que se había ido gestando años antes. La Fotobiografía nació en la clínica, hacia el 82, de manera, diríamos tanto intuitiva, como azarosa, aunque yo creo que el azar no existe. Confluyeron dos hechos personales casi al mismo tiempo: mi padre se jubiló y, un buen día, me encontré con que había querido reconstruir su historia familiar (la familia de origen y la que él había creado) rellenando un gran marco vacio con fotos. No estaban ordenadas, era todo un desorden, pero allí el sentía seguramente su lugar en el mundo, sus orígenes, sus creaciones, su evolución. Cuando me lo enseñó, contento, algo me tocó profundamente en los días sucesivos que no supe explicar en su momento. También, por entonces, vino un hombre a la consulta para trabajar una problemática sexual, pero no recordaba nada de su vida antes de los 10 años. Empecé a pedirle que trajera algunas fotos de esos primeros años  olvidados. A partir del trabajo que hacíamos, fui viendo cómo se producían movimientos emocionales y se iban recuperando recuerdos, sensaciones, etc. y se iba reconstruyendo la historia.

Poco a poco, y a medida que iba viendo resultados fui construyendo una metodología de trabajo que presenté ya en ese Congreso  después  de  mucho  tiempo  de  práctica.  Nunca pensé que podría escribir un libro, como lo he hecho actual mente, por la dificultad de desvelar con fotos, con caras y cuerpos, los problemas personales y familiares, que suponen a veces heridas muy profundas.

Julián: Coincido contigo en la consideración de aquellos tiempos como extraordinariamente motivadores. Salíamos de una dictadura y comenzábamos una andadura democrática que nos hacía sentirnos entusiasmados y vivos: Es como si todo estuviera por hacer  y fuéramos nosotros los protagonistas de colocar los cimientos de la libertad, de la ciencia, de la justicia, de la igualdad. Cualquier actividad, por pequeña que fuera, nos parecía transcendente e importante. La necesidad de combatir el puritanismo y la moralina en el terreno de la sexualidad con las premisas científicas y la educación sexual, a pesar de las enormes resistencias que el contexto social pre sentaba, nos llenaban de energía y  entusiasmo, daba sentido a nuestra labor. En ese contexto que tan bien has descrito,  la historia de tu libro seguro que tiene fotografías de compañeros y compañeras que te acompañaron en tu devenir profesional y social. Ya  has hablado de una foto en la que aparece tu padre componiendo su historia a través de fotografías y  otra foto en la que se te ocurre pedirle a un paciente fotos de su infancia para ayudarle a reconstruir su vida. Pero estoy seguro de que guardas (aunque sólo sea en tu memoria) fotografías de personas que estuvieron contigo, codo a codo, en la tarea de afrontar los cambios que se estaban produciendo en el ámbito de la sexología, personas cuyo recuerdo te produce una resonancia emocional especial, una nostalgia de su compañía y de los momentos vividos juntos ¿Podrías hablar de algunas de estas personas que estuvieron contigo en las primeras fotografías de la historia de tu libro?

Fina: Claro, todo ese movimiento del que te hablo, en Valencia concretamente partió de un conjunto de profesionales diversos y amplios sectores de la población interesadas en la sexualidad -profesorado universitario, sociólogos, psiquiatras, médicas, artistas, etc.‐  que concluyó en un ciclo de conferencias a partir de las cuales surgió un pequeño libro: “La sexualidad como motivo”, en las que, describíamos nuestro trabajo de entonces, incluyendo en algunos de los artículos muchas  fotos.  Allí  escribían  el  sociólogo  Josep  Vicent Marqués, que trabajaba muy vinculado al movimiento feminista de la época, el ginecólogo Pere Enguix, el profesor Lluís Mayor, la ginecóloga Marisa Navarro, el profesor Jose Manuel Jaén y yo misma. A partir de esos debates constituimos la Comisión Gestora para la constitución de la Societat de Sexología del País Valencià y un Manifiesto que considero de plena actualidad ‐y que por cierto, habéis incorporado en la Sexpol‐ en la que, entre otras cosas decíamos: “Partimos de considerar la sexualidad como una dimensión positiva del ser humano, y nos oponemos, ética y científicamente, a todo planteamiento que la perciba terreno moralmente sospechoso o previsiblemente patológico”.

Julián: En efecto, el ideario sigue estando de plena actualidad ya que el contexto social en contra del desarrollo de una sexualidad educada para la libertad y la igualdad presenta las mismas resistencias de entonces. Cualquier legislación que intenta avanzar, como la de los matrimonios homosexuales o la del aborto o la de Igualdad, sigue teniendo en frente a la todavía poderosa Iglesia Católica y a los sectores conservadores más reaccionarios, pero muy influyentes. Además, también se dan factores internos al propio movimiento sexológico que intentan someterlo a las reglas de lo políticamente correcto, la institucionalización, el enfoque médico biologicista, etc. Al igual que en las historias personales que expresa la Fotobiografía, donde a través de las fotos se sigue la evolución de la persona, también estoy seguro que tú tienes la percepción personal de cómo ha sido la evolución de la sexología en nuestro país, desde aquellos maravillosos años ochenta hasta el momento presente. ¿Cómo describirías las fotografías de esta evolución?

Fina:  En la sexología occidental siempre hubo dos grandes orientaciones: Una, más clínica y de laboratorio, experimentalista, cuyo polo de referencia eran Masters y Johnson, representada, sobre todo, por sectores profesionales de la medicina, de la psicología y otras ramas de la ciencia. La otra orientación planteaba una visión  más humanista y social, integradora de la sexualidad, representada por centros como Esalen y el National Sex Forum de San Francisco, liderada por sectores profesionales –además de la medicina y Psicología- de filosofía, pedagogía y del feminismo. En los Congresos Mundiales de la Asociación Mundial de Sexología (WAS) y Nacionales de la Federación Española de Sexología (FESS)  se ve claramente estas dos orientaciones y sus conflictos o visiones distintas del comportamiento y vivencias sexuales humanas. En las décadas de los setenta y ochenta la predominancia era de la orientación humanista, muy relacionadas con el movimiento de desarrollo personal y potencial humano. Guardo gratos recuerdos de los compañeros y compañeras que vivíamos entusiasmados, tanto los proyectos por introducir en las escuelas la educación sexual, como en criticar y denunciar las carencias institucionales que permitían que se repitieran situaciones de represión y de discriminación.  Luego, durante las dos últimas décadas, la orientación clínica e institucional ha ido tomando más auge y actualmente, lo único que aparece mediáticamente son los anuncios de píldoras milagrosas que curan las disfunciones sexuales sin necesidad de cuestionarse las influencias de los modelos de socialización sexual, los estereotipos de género y la permanencia del sexismo. Esto no quiere decir que la orientación humanista no siga trabajando y extendiendo su influencia en la sociedad. Pero su labor es más callada y ardua, porque no encuentra demasiado apoyo en los medios ni en las instituciones.

Julián: Bueno, si te parece, vamos a cambiar de tercio porque creo que ya hemos retratado con detalle el contexto histórico de la sexología en  cuyo marco nace este método de analizar el devenir personal a través de la fotografía. Centrémonos en él. Y la pregunta siguiente me surge de una duda surgida al calor de la lectura de tu libro. Por regla general, las personas solemos hacer fotografías de los acontecimientos lúdicos y festivos que nos ocurren. Los álbumes  familiares suelen estar repletos de momentos recogidos en el marco de bodas, comuniones, cumpleaños, viajes de ocio, etc.  No se suelen hacer fotos de los acontecimientos negativos, como muertes, enfermedades, separaciones, catástrofes.  ¿Cómo logras superar estas lagunas informativas  a la hora de montar el rompecabezas biográfico de una paciente utilizando el método de la Fotobiografía?

Fina: Efectivamente, las historias fotográficas están repletas de ritos: bodas, comuniones, bautizos, entrada a la escuela, salida de la Universidad, etc. que es lo que la familia quiere recordar, momentos en los que supuestamente están felices. También aquellos momentos especiales que se quieren guardar en la memoria o que se quieren mostrar a los demás. Pero en la vida de la persona o de la familia hay muchos momentos de tristeza, rabia, desconcierto, relacionados con rupturas, crisis personales y familiares donde la familia o la persona que cuenta su vida no hace fotos o no trae fotos, como si se tratara de “olvidar” el acontecimiento, como si al no mostrarlo no hubiera existido. Pero la riqueza de la Fotobiografía es que no solo se trabaja con las fotos que la persona trae para contar su vida, sino también con las que no trae. Trabajamos con la imagen y también con la palabra, el recuerdo, las emociones. Al poner un mapa de todas las fotos significativas de tu vida, aparecen las lagunas: saltos en el tiempo, periodos vacíos. Generalmente muchos de esos periodos vacios son periodos de crisis y entonces pedimos que hable de lo que no está. Y la persona lo cuenta:”fue cuando murió mi padre...”, “no he traído más que una foto de mi adolescencia porque pasé un periodo muy malo: no me gustaba nada, no quería salir en las fotos”, etc. En algunas historias cuya familia de origen era muy humilde y no tenían dinero para hacer fotos, la persona lo cuenta inmediatamente o pone algún sustituto, algún elemento simbólico para contar lo que no aparece. Pero cuando se trata de periodos de crisis no suele contarlo espontáneamente, hay que ayudarle a que vea la laguna y hable de ello.

Julián: Si lo he entendido bien, a partir del estímulo de unas fotos reales, tu trabajo consiste en motivarle para que rellene los huecos con fotografías mentales, recuerdos almacenados en el cajón del olvido porque están asociados a emociones negativas que le avergüenzan o le culpan. ¿Es así como utilizas el método de la Fotobiografía para que la persona tome conciencia de la biografía completa de su vida?

Fina: Ese sería uno de los objetivos de esta metodología: recuperar la memoria de lo “olvidado”, de lo no consciente. Pero esta metodología es mucho más amplia. En realidad, la Fotobiografía es una metodología clínica y educativa, un instrumento para investigar sobre nuestra vida, tanto en lo que creemos saber como en lo que no recordamos. Se basa en el marco conceptual de la Terapia de Reencuentro y trabaja tanto a nivel longitudinal – la secuencia evolutiva de nuestra historia de vida‐  como transversal. A nivel longitudinal funciona como una recapitulación, vamos viendo nuestra vida capítulo por capítulo y vamos reviviendo a través de la imagen –la foto‐ y del recuerdo que expresamos con palabras, las diversas emociones vividas. Hay que tener en cuenta que el cuerpo tiene memoria y las imágenes nos ayudan a revivir lo vivido, así como también las otras secuencias aunque no hayamos traído fotos, los “espacios en blanco”. También podemos “leer” el lenguaje del cuerpo a través de las fotos y eso nos ayuda a rememorar o nos confronta incluso con nuestras ideas, lo que pensábamos, lo que hemos construido de nuestra historia. Allí se ven emociones: miedo, tristeza, cólera…, se ve si hay o no contacto entre los personajes de la historia y cómo es ese contacto; a veces puede verse la aceptación o no del sexo con el que naces por la manera en que te visten, etc.

A nivel transversal podemos analizar aspectos de la persona a lo largo de su vida como: sus guiones de vida, es decir, aquello que se repite una y otra vez; su vida sexual, sus relaciones con las mujeres, con los hombres, la interiorización de modelos de género o el rechazo hacia los mismos, periodos de crisis de identidad, conflictos con figuras maternales o paternales y las repercusiones que puede tener eso en la vida de pareja, cómo ha construido su erotismo, etc.

Julián: Por lo que me dices, la Fotobiografía es una herramienta  con la que se pueden trabajar multitud de aspectos y temas. ¿Pero, cuál sería el principal objetivo  de la FB?

Fina: Fundamentalmente, apropiarte conscientemente de tu vida, y por lo tanto, también de tu vida sexual;  comprender por qué funcionas como funcionas, cómo has adquirido los valores, actitudes y comportamientos que tienes y qué te conviene mantener y qué soltar porque no te hace bien. Comprender nuestra vida significa apropiarnos de ella, apropiarnos de nuestra historia, apropiarnos de lo que nos ayuda a vivir con conciencia y libertad y despedirnos de lo que hemos aprendido, interiorizado, incorporado que no es nuestro, que no nos conviene o nos impide ser nosotras/os mismas/os. Comprender nuestra vida significa aprender de lo vivido y cerrar etapa para abrirnos a un presente con mayor experiencia. Es decir, un objetivo sería el autoconocimiento para empoderarte de tu vida. Y otro objetivo, complementario e imprescindible sería hacer duelos, despedirse del pasado: revivirlo para aprender y cerrarlo para poder vivir el presente con plenitud.

Julián: Realmente, el objetivo de la FB, me recuerda las grandes creaciones de la Modernidad, especialmente, una de ellas: El reconocimiento social de la individualidad, o dicho de otra forma, que el individuo se haga “propietario” de sí mismo. Y ya, para ir terminando, una pregunta sobre un aspecto concreto: ¿Cómo aplicas la Fotobiografía al campo de la sexología?

Fina: Cuando alguien acude a la consulta buscando ayuda sexológica, cabe abordar el problema atendiendo exclusivamente a la sintomatología o bien –y esta sería mi forma de abordaje‐ trabajando no solo con la sintomatología sino encuadrándola en un contexto amplio que nos ayude a entender los orígenes y el desarrollo que ha tenido en la historia de la persona, lo cual en ocasiones, como bien sabes, es bastante difícil. A mí me interesa que la persona se entienda, recupere el poder de su vida, cambie lo que quiera cambiar y se transforme para sentirse bien con ella misma, y en ese sentido, me interesa también que pueda entender qué le está diciendo el síntoma. Cuando no sabemos o no podemos pedir lo que queremos, o poner límites o expresar nuestras emociones, nuestro cuerpo lo expresa y frecuentemente lo manifiesta con sintomatologías, una expresión que no podemos manejar porque se produce un corte con la conciencia y con el lenguaje corporal. Poder recuperar la relación mente‐cuerpo nos hace sentirnos agentes de nuestra vida y tener la capacidad de decidir.

En el libro, además de ir viendo cómo se pueden analizar las fotos aparecen un extracto de 10 historias de vida donde aparecen diferentes conflictos sexológicos que atendemos a diario, entre ellos: conflicto de identidad sexual, dificultad de vínculos de pareja, repetición de guiones de los padres, cómo repercuten los abusos sexuales en la vida de una mujer, etc.

La Fotobiografía se puede ir intercalando con otras metodologías – corporales, de roles, visualizaciones, etc.‐ a medida que vamos viendo las diferentes problemáticas que permiten comprender las interrelaciones entre lo social, los vínculos afectivos y relacionales y la autopercepción y vivencias personales, emocionales y sexuales.

Hace bastante tiempo que las tazas de café quedaron vacías y la claridad deslumbrante que entraba por las ventanas se ha ido amortiguando, dejando el salón en una ligera penumbra, muy acogedora. Agradezco a Fina la amabilidad que ha tenido al concederme esta entrevista y nos despedimos afectuosamente con besos y abrazos. Luego, cada una toma su camino. Al salir de la cafetería, yo guardo en el álbum biográfico de mi memoria, la  fotografía de este instante.









Fina Sanz

lunes, 25 de mayo de 2015

La infidelidad desde una perspectiva socio-cultural y de género


Cuando hablamos de infidelidad en la pareja, automáticamente lo relacionamos con la sexualidad. En la actualidad, la exclusividad sexual es la norma que tiene más fuerza en el matrimonio occidental. La mayor parte de las personas casadas esperan exclusividad sexual de parte de sus parejas. No obstante, las relaciones extrapareja se siguen presentando con gran frecuencia y son incluso la principal causa de los divorcios y separaciones a nivel mundial. La infidelidad se da cuando una persona incumple las promesas hechas implícitas o explícitas al adquirir un compromiso de relación de pareja. Sin embargo, el lenguaje cotidiano tiende a tergiversar este concepto de forma que la infidelidad se entiende como el contacto o acercamiento afectivo o sexual con otra persona ajena a la relación. Lo que frecuentemente se entiende por echar una canita al aire, tener un amante, una aventura o lio de una noche. Efectivamente esto puede verse como incumplimiento de lo acordado por la relación, sin embargo, la infidelidad no se restringe sólo a eso, sino que abarca el incumplimiento de todas las promesas implícitas y explicitas que se hacen cuando se forma esa relación. Por ejemplo, alguien de la pareja puede sentirse ofendido porque su compañero no le ha incluido en una decisión que incumbe el futuro de ambos, de forma que incumple el compromiso de tomar las decisiones de su futuro juntos. Así pues, el concepto de infidelidad en la pareja es relativo. Los límites de lo que se considera una infidelidad varían de persona a persona. Y las relaciones sexuales pueden estar presentes en ese punto o no. La mayoría de las parejas establecen sus propias reglas acerca de lo permitido o no en su relación. En cualquier decisión tomada en pareja, es conveniente que exista acuerdo entre ambos. Los problemas suelen surgir cuando las reglas del juego no están claras, o cuando alguno las rompe o las infringe de forma que se saltan algunos de esos acuerdos. Esa actitud es vivida como una traición y/o violación de lo que acordaron y de la confianza depositada. Todo esto es independiente de si hubo o no, algún compromiso legal.

A lo largo de la historia, el significado que tiene la fidelidad y la infidelidad ha ido cambiando. La forma de interpretar la infidelidad y de practicarla varía en los diferentes contextos socioculturales. Por ejemplo, en Grecia y Roma se consideraba que un hombre era infiel si tenía relaciones sexuales con una mujer casada (que no fuera su esposa), pero no lo era si lo hacía con esclavas, concubinas o prostitutas. De esta manera, lo que consideramos infidelidad puede variar de una cultura a otra y de una época a otra. Es un fenómeno que está en continuo cambio y que se vivencia de forma única y particular en cada pareja que lo experimenta. Sea cual sea la forma en cómo se conceptualiza este hecho, para los expertos de hoy en día, tiene diferentes explicaciones.

Una de estas explicaciones se centra en la teoría de Engels en su trabajo “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”. Según esta teoría, la infidelidad tiene su origen en el matrimonio monogámico, ya que en matrimonios con más miembros donde se establece la poligamia, no existe el concepto de infidelidad. Es un fenómeno instaurado por el patriarcado que legitima y estigmatiza a hombres y mujeres respectivamente. El matrimonio monogámico, fruto del poder masculino, sirvió para asegurar la fidelidad de la mujer y de esa forma garantizar la paternidad indiscutible de los hijos (sus herederos), regulando y anulando la sexualidad femenina con duros castigos a las conductas infieles de las mujeres, y al mismo tiempo legitimizando la infidelidad masculina que no se condenaba con tanto rigor y era más aceptada y tolerada.

Esto hace pensar que la monogamia no tenga nada que ver con el amor siendo una construcción hasta cierto punto artificial, puesto que la finalidad básica de la familia no era el amor, sino la protección de los hijos que eran los futuros herederos del patrimonio. De esta manera, surge la doble moral y la hipocresía junto con la aparición de los prostíbulos, donde el hombre encuentra el placer sexual que negó a la mujer. Así es como la monogamia funcionó durante mucho tiempo, con estas “vías de escape” que les permitían sobre todo a los hombres disfrutar del sexo de una forma pseudoliberada, mientras que a las mujeres se las limitaba a ocuparse de la casa y de sus hijos sin derecho a gozar de su sexualidad libremente.

Finalmente, en la actualidad al originarse un cambio en la concepción de la pareja, la infidelidad entendida como situación de crisis ha tenido unos cambios que responden a la lucha de la mujer por la igualdad de género que se ha evidenciado desde hace algunos años. Es por esto que a pesar de que la infidelidad masculina contiene menos estigmatización que la femenina, la mujer de hoy reclama sus derechos y exige que se le otorgue una concepción igualitaria a la infidelidad femenina. Por tanto, cuando la infidelidad aparece, podría tener en la actualidad implicaciones similares en ambos sexos.

Como decíamos, la infidelidad puede surgir en situaciones de crisis en la relación, y en este caso, suele tratarse de parejas que viven con vacios e insatisfacciones. Podemos encontrarnos con muchísimas causas para iniciar y mantener una infidelidad, intentaré mencionar las más habituales: la falta de gratificación sexual o emocional; carencias afectivas; el nacimiento de los hijos, vivido por el hombre como un posible distanciamiento afectivo de la mujer a causa de su implicación en el futuro hijo; un intento de tapar sentimientos de soledad, pérdida, desilusión, dolor y tristeza; las relaciones de poder y la incapacidad de comunicarse abiertamente sobre cuestiones que pudieran estar causando incomodidad dentro de la relación de pareja, así como la incomprensión y falta de entendimiento; la monotonía, el aburrimiento, la falta de novedad, pasión e intimidad; la búsqueda de aventura y curiosidad sexual; el abandono del hogar por parte de los hijos (“nido vacío”), de forma que la pareja se encuentra entre ellos un gran vacío; al principio de la relación cuando la pareja están luchando por establecer los límites de su compromiso e intimidad; por venganza y hostilidad; y cuando parece claro que la pareja no corresponde a la imagen idealizada. También algunos autores sostienen que es frecuente descubrir una repetición de un patrón de infidelidad de la familia de origen ya sea del padre, la madre o ambos. Estas y otras muchas pueden ser las causas que originen una infidelidad. Al margen de estos motivos por los cuales alguien decide iniciarla, esta es indicadora en la mayoría de los casos de que la pareja como conjunto tiene una crisis, necesita "algo más" o "algo diferente" en su interacción, y en su vida en general. Es una manera problemática de intentar suplir una necesidad a nivel de pareja. Aunque esto no necesariamente implica el rompimiento del vínculo o la falta de amor.

Pero… ¿qué ocurre cuando alguien nos engaña? Las reacciones pueden ser muy diversas, aunque lo que está claro es que las consecuencias pueden ser muy dolorosas. Los valores que originaron la unión, como la confianza, el respeto, la sinceridad y la lealtad se desmoronan y en su lugar llega el desengaño. Tras la infidelidad surgen sentimientos de rabia, pena, dolor y una gran falta de confianza en la otra persona. El pensamiento típico es: “Si ya me engañó una vez seguramente lo hará otra”. La persona engañada tendrá dificultades en volver a creer, en confiar nuevamente cuando no se cumplió con lo que tenían acordado. También se desencadena un déficit en el nivel de intimidad de la pareja así como un ataque a la autoestima, a la solidez de la relación y al sentimiento de pertenencia de la pareja ya que se cuestiona el amor de la otra persona: ¿quién soy para mi pareja, quién he sido para ella y quiénes hemos sido a partir del engaño? Por su parte, el infiel, también puede sufrir ya que quiere que se olvide el engaño y en el mejor de los casos que se le perdone. Suelen experimentar sentimientos de culpa, enfado y ambivalencia.

En el momento en que se descubre la infidelidad, se inicia un conjunto de situaciones en el mundo interior de la relación, en el que pueden surgir posibles nuevos conflictos y dificultades que antes no habían surgido o estaban latentes, y que por lo tanto, se pueda estar pensando en una posible ruptura. Esta situación que nace después de la infidelidad, es vivida de forma particular por cada pareja, y la reacción que surge en esta situación de crisis es enfrentada y resuelta por las personas según la experiencia subjetiva que se construya frente a la infidelidad.

Muchas veces, se decide continuar la relación de pareja, por motivaciones subjetivas como: la relación construida, los hijos, el querer mantener la familia unida, mantener el estatus social y económico, la esperanza a un cambio, la costumbre, el miedo a lo nuevo, a la pérdida del ser amado, al desafío de rehacer su vida afectiva, el temor a la soledad, y a los prejuicios sociales. Normalmente en estos casos se suele perdonar, ignorar o evadir la situación. Perdonar o no la infidelidad depende de la persona y del tipo de relación que existe. En el caso de continuar con la relación de pareja, será necesario vivir una especie de duelo, pero aún después de este periodo, es posible que la relación no vuelva a ser la misma. Esto no quiere decir que el cambio sea necesariamente negativo, es posible que después de la infidelidad, la relación de pareja mejore y se consolide aún más.

Lo que sabemos es que, en general, los hombres tienen una tasa de infidelidad más alta que la de las mujeres. Estas diferencias se asocian a los roles de género, a los procesos de socialización y a las creencias sociales sobre lo propio para cada sexo. Pero en la actualidad, la infidelidad femenina está creciendo de manera significativa. Este incremento puede deberse a los fuertes cambios sociales que se han venido dando en los últimos años, como el cambio de rol en la mujer y su progresiva entrada en el mundo laboral, la posibilidad de controlar la natalidad mediante el uso de los métodos anticonceptivos o una mayor búsqueda de relaciones de pareja más simétricas y equitativas.

Sin embargo, en las mujeres parece existir una mayor reacción emocional que en los hombres ante cualquier tipo de infidelidad, ya sea emocional o sexual. La infidelidad sexual se refiere a la actividad sexual con alguien más a parte de la pareja. Y la infidelidad emocional ocurre cuando alguien de la pareja establece una relación de cercanía, afecto y apoyo emocional con otra persona, y no necesariamente incluye una relación física o sexual. Si hacemos un repaso y revisamos toda la literatura al respecto, se comprueba que hay un gran número de investigaciones de las que podemos sacar todo tipo de conclusiones. Sin embargo, considero que esto se debe más bien a un factor cultural que algo inherente o propio del sexo femenino. Tengamos en cuenta que las diferencias de género pueden aparecer en todos los ámbitos de la vida en pareja, y este caso no iba a ser la excepción.

El género tiene una gran influencia en este fenómeno puesto que es el responsable de las creencias aprendidas sobre el papel tradicional de mujeres y hombres. Las normas y roles de género dominantes en un determinado contexto van a determinar la percepción que hacen tanto unos como otros de sus compañeros, creando diferentes expectativas ante el comportamiento social de cada sexo. Mujeres y hombres internalizan los conceptos de feminidad y masculinidad dominantes en su cultura y construyen su desarrollo emocional en base a ello, lo que origina un proceso distinto de socialización en cada uno de los sexos. De esta forma, encontramos diferencias, en las actitudes hacia la infidelidad según el sexo de la persona. La imagen del hombre infiel suele ser más frecuente y mejor tolerada a diferencia de la mujer infiel que suele con frecuencia ser condenada o mal vista. Aparece un doble rasero por el cual en el hombre se reconoce su hipersexualidad y su insatisfacción sexual como una forma de justificar su infidelidad, y sin embargo, esto mismo no es un motivo válido para aceptar la infidelidad en el caso de las mujeres. Esta supuesta naturaleza del hombre, sirve para justificar muchas de sus infidelidades. Pero creo que alegar a una característica propia de los hombres esa infidelidad, es limitar mucho su naturaleza masculina. Si bien es cierto que clásicamente se ha sostenido que el varón es infiel por naturaleza siendo su objetivo transmitir sus genes y tratar de que se perpetúen sus características, también es cierto que la concepción social y la permisividad de algunas sociedades que tienen con respecto a la infidelidad masculina promueven la misma. Desde el punto de vista antropológico también se sostiene que el hombre necesitó transmitir sus genes y por eso se vio influenciado por sus instintos a tener sexo con el mayor número de hembras posibles para perpetuar la especie. En la actualidad, el sexo se ha separado hace mucho tiempo de la procreación, y la mayoría de las personas tienen relaciones sexuales sólo por placer y no con intenciones de perpetuar la especie. Por eso, los razonamientos biológicos y antropológicos son muy importantes pero no permiten explicar el fenómeno por completo.

Desde el punto de vista social, el hombre tiene más facilidades que la mujer para cometer las infidelidades. Por un lado, porque es mejor tolerada la infidelidad masculina que la femenina por los motivos que hemos visto. Por otro lado, porque existen lugares como los prostíbulos y diferentes clubs en donde muchos hombres encuentran sexo rápido y anónimo. En estos sitios es fácil encontrar a alguien con quien tener una aventura pasajera o sólo un encuentro fugaz. También hay algunos lugares similares para las mujeres pero son pocos porque no son muy demandados y el mayor consumidor de estos servicios es el hombre. Y por último, destaco la posibilidad que tiene la mujer de quedarse embarazada en una situación de infidelidad si no se toman las medidas oportunas. Como consecuencia, puede salir a la luz ese engaño más fácilmente en el caso de la mujer que en el caso del hombre, además de sufrir mayor rechazo social. Se puede creer o no en la palabra del hombre, pero en la mujer resulta evidente por su embarazo. Y aunque también le pueden descubrir a él, creo que tiene más facilidad para ocultarlo si lo desea y no hacerse cargo de la situación. Podría negarlo, y solo sería posible que se confirmarse la paternidad realizando una prueba de ADN. La situación podría alargarse y sería necesario solicitar un proceso judicial para demostrar su paternidad en caso de que esa persona siguiera negándola y rechazase someterse a la prueba. También puede ocurrir que la mujer engañe a su pareja dando por sentado que el hijo es de ambos si se tratase de una pareja formada por un hombre y una mujer. Pero en cualquier caso, ella tendría que pasar por el embarazo, decidir si lo tiene y si lo cría o no. Y en caso afirmativo, responsabilizarse de su crianza con todo lo que conlleva. En cambio, si es un hombre el que ha cometido la infidelidad dejando embarazada a otra mujer, tiene más facilidad para no responsabilizarse de la situación si no quiere y de ocultarla, ya que ante los ojos de su pareja no hay embarazo que esconder, salvo que sea esa otra mujer quien decida contarlo. Y además, en el caso de que el embarazo fuera fruto de un encuentro fugaz o casual con una persona con quien no hubiera forma ya de volver a contactar con ella, sería imposible que se hiciese cargo de su responsabilidad.

Con todo, esta visión puede parecer un tanto heterosexista, porque deja de lado las relaciones homosexuales o bisexuales. Al llegar a este punto yo me pregunto: ¿Una pareja de mujeres será menos infiel porque en la mujer no existe esa predisposición como en el hombre a ser infiel? Y en una pareja de hombres, ¿habrá más infidelidades comparado con el resto de relaciones por el hecho de ser hombres? ¿Qué factores tienen más peso en este tipo de relaciones? Al parecer, en las relaciones homosexuales o bisexuales se rompe esta afirmación de que el hombre es infiel por naturaleza. Son otros los argumentos que toman fuerza en este sentido. Los engaños aparecen como en cualquier otro tipo de pareja, y los motivos para cometerlos, ya hemos visto que pueden ser muy variados. En el caso concreto de las parejas gays, he percibido que existe la creencia muy extendida de que al tratarse de una relación entre hombres, la infidelidad está a la orden del día, y si bien esto es cierto en algunos casos, parece ser que no se dan más infidelidades que en las parejas heterosexuales. Las posibilidades de engañar y tener alguna relación ocasional facilitan que haya más infidelidades en los hombres en general, independientemente de su orientación sexual. Por eso, no me atrevería a afirmar que la infidelidad guarda relación con la orientación sexual o el sexo de cada cual. Todo depende de cada persona y sus circunstancias.

Hoy en día, en nuestra cultura (la occidental) se propone un único modelo de relación, con unas normas iguales para todos. La monogamia es valorada como el mejor estado, por tanto, no hay lugar para unas relaciones variantes y diferentes. Damos por hecho que el mismo modelo de relación vale para todo el mundo sin tener en cuenta las diferentes realidades, necesidades y deseos de cada cual. El resultado es que muchas personas se sienten incómodas con el modelo establecido y les resulta difícil construir otro tipo de relación. Esto hace que la infidelidad, pueda convertirse en el camino más fácil o una vía de escape para resolver las insatisfacciones que conlleva vivir dentro del modelo establecido. Poco a poco la gente comienza a vivir su sexualidad de forma más libre y las categorías y conceptos sociales sobre la infidelidad van cambiando día a día. Se están generando nuevas alternativas de vinculación, aunque por el momento no son aceptadas de forma unánime, que requieren nuevas maneras de conceptualizar la fidelidad. La mayoría de estas modalidades rompen con la idea tradicional de la misma, van en contra del ideal de amor romántico para toda la vida y el mito de la” media naranja”. Así que tenemos que ser conscientes de que nadie puede satisfacer por completo todas nuestras expectativas. Cada pareja (o trío, cuarteto, etc.) debería preguntarse cómo desea vivir su relación y en definitiva qué consideran que les hará tener una vida feliz. Siempre que haya empatía y confianza mutua, comprensión y respeto, habrá fidelidad. En el sentido de que seamos fieles a nosotros y sepamos pedir de forma respetable, lo que deseamos y necesitamos a nuestra pareja, sin imponer ni exigir nada a nadie de manera que procuremos el bienestar de cada miembro de la relación.

Nosotros mismos y el conjunto de la sociedad construimos el sentido y el significado que le damos a la fidelidad y a la infidelidad. Hay muchas maneras de ser fiel o infiel. Fidelidad en la relación puede implicar diferentes formas de lealtad: lealtad a una idea común, al compromiso de cuidar y proteger o a la exclusividad sexual. Teniendo en cuenta todo esto, invito a la reflexión: ¿Podemos considerar que existe fidelidad en una relación en la que alguien maltrata física o psicológicamente a su pareja, pero que sólo mantiene relaciones sexuales con ella? No lo creo. Una persona que ni cuida, ni valora y ni presta la menor atención a su pareja; además de no contar con ella para nada, llegando incluso a agredirla, no está siendo fiel a su pareja por muy fiel que sea sexualmente hablando. No hay empatía, ni confianza mutua, ni comprensión y ni mucho menos respeto. Sin embargo, en la sociedad creo que esto no es considerado como infidelidad porque no hay relaciones sexuales con otra persona ajena a la relación. En cambio, ¿qué ocurre cuando en una pareja ambos se cuidan mutuamente, se preocupan y se esfuerzan por el bienestar de cada uno, pero alguien comete el error de tener un encuentro sexual con otra persona que no es su pareja? A pesar de que se muestre muy arrepentida, y de que sólo ocurriera una vez, esa persona es tachada de infiel, castigada y desde luego cabe la posibilidad más que probable de que esa relación no continúe. Y aquí planteo otra reflexión. Si bien es cierto, que en un momento puntual, ha engaño a su pareja, ¿merece la pena echar por la borda todo lo que comparten como pareja y les hace felices por un solo error?

¿Acaso no cometemos errores todos que a veces molestan o hacen daño a nuestra pareja y viceversa? Y en cambio decidimos continuar con esa relación porque sabemos que a pesar de ello, nos sigue aportando cosas positivas y somos conscientes de que todos cometemos errores y nadie es perfecto. Con esto no justifico esa infidelidad, pero si llamo la atención sobre la manera en que limitamos la misma sólo a las relaciones sexuales fuera de la pareja, y el impacto tan negativo que tiene comparado con otras formas de ser infiel, que a veces podemos pasar por alto, y que incluso pueden llegar a ser más graves. De esta forma, considero que puede existir fidelidad en una pareja en la cual una persona de la relación, mantiene encuentros sexuales con alguien que no sea su pareja. Siempre y cuando haya sido una decisión deseada y tomada libre y conscientemente por ambos. Por eso, limitarla sólo a la exclusividad de las relaciones sexuales entre los miembros de una relación, supone bajo mi punto de vista una visión simplista y reduccionista de este fenómeno. Todo vínculo tiene sentido; su sentido.

Esther Fuentes de Diego, Máster en Sexología y Género Fundación Sexpol

Publicado en Revista SEXPOL nº 115, octubre-diciembre 2014


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

- Carolina      Giraldo      Cardona,      Maribel Chaverra Cardona (2012). Análisis de la experiencia subjetiva de la situación de crisis por infidelidad en parejas con unión de cinco a diez años de convivencia”. Trabajo de Grado. Corporación universitaria Lasallista.  Facultad  de  Ciencias  Sociales y Educación.   Programa   de   psicología. Página web: http://repository.lasallista. edu.co/dspace/bitstream/10567/658/1/ ANALISIS_EXPERIENCIA_SUBJETIVA_CRISIS_

 - Annette Kreuz (2011). “La infidelidad en la pareja”. En: Terapeuta Familiar y de Pareja: Centro de Terapia Familiar Fásica. Vol. 2. No. 3.Pp. 3-10. Página web:  http://ctff-fasedos.com/documentos / La%20Infidelidad%20en%20la%20pareja.pdf

- Mario Zumaya (2011). “Las parejas y sus infidelidades”. En: Revista de Investigación Médica Sur. Vol. 15. No. 3. Pp. 52-89. Página web: http://www.medigraphic.com/pdfs/ medsur/ms-2008/ms083i.pdf

- Sofía Rivera Aragón, Rolando Díaz Loving, Gerardo   Benjamín   Tonatiuh   Villanueva (2011). “El conflicto como un predictor de la infidelidad”. En revista: Acta de investigación psicológica. Vol. 1. No. 2. Pp. 298-315. Universidad Autónoma de México.

- Jesús M. Canto Ortiz; Patricia García Leiva y Luis Gómez Jacinto (2009). “Celos y emociones: Factores de la relación de pareja en la reacción ante la infidelidad”. Athenea Digital No. 15. Pp. 39-55. Universidad de Málaga.

- Angélica   Romero-Palencia,   Cinthia   Cruz del Castillo, Rolando Díaz-Loving (2008). “Propuesta de un Modelo Bio-Psico-SocioCultural de Infidelidad Sexual y Emocional en Hombres y Mujeres”. Psicología Iberoamericana. Vol. 16.  No. 2.  Pp. 14-21, Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. México. Página web: http://www. redalyc.org/pdf/1339/133920328003.pdf

- Sofía Cabrera Ruiz (2007). Infidelidad.
Publicado por: Centro para la transformación y   evolución   de   la   conciencia.   Página web: http://es.scribd.com/doc/319943/ INFIDELIDAD

- Yulivia Hernández García, Víctor Hugo Pérez Gallo (2007). “Un análisis feminista de la infidelidad conyugal”. En: Revista Nómadas. Pp. 56-72. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, España.

- Patricia  García  Leiva,  Luis  Gómez  Jacinto y  Jesús  Mª  Canto  Ortiz(2001).  “Reacción de celos ante una infidelidad: diferencias entre hombres y mujeres de rival”. En: Psicothema, vol. 13. No. 004. Pp. 28-50. Universidad de Málaga.

- Eduardo  Larrañaga  Salazar  (1999).  “Los amantes (La codificación de la infidelidad: entre el  honor  y  el  amor)”.  Revista  37-38. Página web:http://www.uaz.edu.mx/
vinculo/webrvj/rev37-38-3.htm

- Javier Martín Camacho. “Fidelidad e Infidelidad en las Relaciones de Pareja Nuevas respuestas a viejos interrogantes”.

RM/xt

jueves, 21 de mayo de 2015

LOS ADOLESCENTES EXHIBEN MAS LA AMBIGÜEDAD SEXUAL


La “bicuriosidad”, un fenómeno que crece y se reproduce en las redes sociales. Viven sin culpa la exploración erótica con pares del mismo sexo. Y las mujeres se atreven más que los varones. Ya no se trata de ser gay o bisexual: dicen que “es un entrar y salir”. Se animan al “bicurioseo” entre los 13 y los 19 años. Los especialistas hablan de orientación sexual no como elección, sino como descubrimiento.
En la foto una chica besa a otra. La imagen no ofrece ningún despliegue de labios ni de lenguas. Es apenas “un piquito”, un tímido choque de bocas. Ellas miran a la cámara: miran pícaras. La foto está colgada en un muro de Facebook donde ahora aparece un chico que exhibe su torso. No tiene vello en el pecho, es un pecho pueril. Pero lo muestra. ¿A quién se lo muestra? Debajo hay comentarios de varones. Algunos se burlan, otros aprueban. En Instagram y en Tumblr, plataformas menos populares y un poco más osadas, sucede lo mismo. Los adolescentes viven sin culpa la “bicuriosidad”, la exploración erótica con pares de su mismo sexo. Y no sólo la experimentan, también la exhiben. Son mujeres y varones de entre 13 y 19 años que coquetean bajo nuevas reglas. Los especialistas consultados por Clarín hablan de “vale todo”, “no hay razón para renunciar al goce”, “jugar a esto no los define”. ¿Pero qué dicen ellos? Aquí va un pequeño sondeo. “A veces, darle un beso a una amiga o bailar muy cerca se hace para provocar a los varones”, dice Brisa, dieciséis años. “Para mí es como un juego y no siento que me defina. Me gustan los chicos”, suma Camila, de la misma edad. A los varones la situación “los ratonea”. “Y … –piensa Tomás, diecisiete años– es lindo ver a dos chicas dándose un beso”. “Entre varones solemos enviarnos por Whatsapp fotos íntimas. Nuestras”, suelta Mateo, dieciséis años, y mira fijo. “Nuestras” es de “sus genitales”. Son cuerpos en eclosión. Una o varias de estas experiencias no define la sexualidad de ninguno. Aquí no se trata de ser gay o bisexual. “Es un ‘entrar y salir’ de la historia –apunta Silvina Valente, ginecóloga, obstetra y miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana–. Si antes este tipo de erotismo se vivía con culpa, ahora se experimenta sin reparos. Los adolescentes hoy tienen más elasticidad que los de antes. Tiene que ver con que la sociedad cambió los permisos: no se condena, hay tratamiento de género, los padres hablan más de sexo con sus hijos, la sexualidad de niños y adolescentes es un tema que preocupa al Estado”. Es cierto que existen políticas que tienen como objetivo cuidar e informar sobre sexo a los adolescentes, como la Ley de Educación Sexual, aunque todavía no se cumpla en todo el país. Para Stella Maris Rivadero, psicoanalista y docente de la Institución Fernando Ulloa, hoy los adolescentes no quieren perderse nada en el plano sexual. “Proponen juegos sexuales directos o de seducción. Es una forma de descubrir su sexualidad en un momento en el que están en pleno proceso de descubrimiento de su sexualidad. Buscan estar en un lado y en otro, es un momento de tránsito que no se vive con angustia. En la consulta lo cuentan como algo muy natural”, señala. Natural como por ejemplo: “En el boliche me apreté a un chico pero cuando salí me encontré con una amiga y nos fuimos juntas”. “Las mujeres se atreven más que los varones. Tiene que ver con que la cultura masculina todavía es rígida. Pero el cambio es notable: hay una mayor flexibilidad social ante la diversidad, mayor permiso para poder expresarse. Todos tenemos incorporado el mandato binario de varón–mujer–heterosexual. Sin embargo vamos entendiendo que la orientación sexual no es una elección sino un descubrimiento, y parte de eso es esa experimentación de los adolescentes”, opina Adrián Helién, miembro del Equipo de Medicina Sexual del Hospital Durand.Entonces: es un juego que se vive con libertad porque la sociedad deja de condenarlo.  También forma (aunque formó siempre) parte del descubrir sexual de los chicos. Ahora ¿Por qué se muestra? Responde el sexólogo Walter Hugo Ghedin: “Las redes sociales son espacios de interacción que posibilitan compartir experiencias. Pareciera que esto no tiene límites, sobre todo para el cuerpo y el juego de la seducción sin importar el sexo del que está del otro lado. Exponer deseos, sensualidad, seducción y audacia es una forma de reafirmación personal para la que se necesita osadía. Antes, la chicas también mostraban sus cambios físicos. Hoy se hace en la Web porque resulta otra forma, una nueva, de confirmar que están creciendo”.

(Clarín)
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miércoles, 20 de mayo de 2015

¿COMPARTIR LAS FANTASÍAS SEXUALES CON TU PAREJA?




Muchas personas recurren a las fantasías sexuales, reconocidas como rica fuente de material afrodisíaco que contribuye a mejorar la excitación sexual. Dichas fantasías pueden ser muy divertidas, incluso extrañas para las normas de la vida real, pero muy eróticas para la imaginación. El hecho de que el contenido de alguna fantasía sea fuerte o suave es algo exclusivamente personal, ya que pertenece al pensamiento sexual del individuo y al mundo privado de la imaginación erótica.
Algunos tienen un tema fijo en sus fantasías, otros lo cambian añadiendo nuevos detalles, nuevos guiones y distintos personajes siguiendo su fértil imaginación sexual. Sin embargo, los estudios demuestran que hay modelos imaginativos comunes que prevalecen en las fantasías de la gente, como es el dominio, la sumisión, hacer el amor con un extraño, un ex amante o un actor de cine favorito, o ser observado mientras practica relaciones sexuales.
Los investigadores del sexo creen que, en muchas personas, las fantasías se forman esencialmente a partir de sus primeras asociaciones con sentimientos sexuales, mientras que otras están constantemente actualizando su imaginación erótica como un reflejo de las circunstancias variables de su vida. Las fantasías basadas en experiencias primarias pueden explicar por qué en algunas personas se manifiestan con tanta fuerza las ideas asociadas a los azotes u otros castigos procedentes de una figura autoritaria.
A mucha gente le encanta su mundo de fantasías sexuales y utiliza estas imágenes para enriquecer su vida y sus respuestas sexuales. Sus fantasías parecen tener vida propia, surgen y existen en un campo intenso de imaginación sexual. Sin embargo, hay personas que se sienten culpables e inquietas con respecto a dichas fantasías y temen que el contenido erótico y extraordinario de su erotismo mentalmente creado, refleje un profundo trastorno psicológico interno.
Ambos sexos pueden tener fantasías sexuales, aunque algunas personas no tengan ninguna y no encuentren ningún valor en este recurso erótico de la mente, incluso algunas parejas pueden considerar la fantasía como una distracción mental que impide una verdadera interacción espontanea entre los amantes.
¿COMPARTIRLAS...?
Mucha gente que disfruta utilizando la fantasía sexual para provocar la excitación o el orgasmo jamás consentiría en revelar a nadie el contenido de dichas imágenes mentales, ni siquiera a su pareja. Para estas personas las fantasías deben permanecer en el reino de la intimidad. Tal vez crean que cuando se expresa con palabras o se comparte, pierde gran parte de su poder y de su impacto.
Otras parejas comentan sus fantasías entre sí, e incluso las describen abiertamente mientras hacen el amor para aumentar la excitación sexual. Algunas personas incluso se sienten lo suficientemente seguras dentro de su relación como para exteriorizarlas.
No todo el mundo comprende o tolera las imágenes eróticas que pueden formar parte de la consciencia sexual de su compañero. Es preciso que conozcas y confíes en la capacidad de tu pareja para utilizar dicha información antes de revelarle tus fantasías, o en caso contrario la mejor forma de actuar puede ser la discreción. Posiblemente, tu compañero se estremezca al enterarse de que, mientras haces el amor, imaginas que practicas el sexo con tu estrella favorita o con un extraño.
Nadie debe intentar nunca imponer una fantasía sexual particular a otra persona, ni obligarla a actuar contra su voluntad. Sin embargo, en una pareja enamorada, si disfrutas compartiendo el mundo de fantasía en un contexto de confianza y exploración mutua, vuestra imaginación erótica puede añadir una nueva y emocionante dimensión a la vida amorosa.
UN EJEMPLO
Una amiga mía me habló en una ocasión de un novio italiano que era genial con las fantasías. Durante los juegos preliminares, solía susurrarle fantasías al oído. "Imagina que estamos en la ópera", le decía.
"Estamos solos en el palco real. Estoy sentado detrás de ti y comienzo a acariciarte, llevo mis manos debajo de tu vestido y siento la parte de arriba de tus medias. Todo el mundo mira hacia el excenario y nosotros intentamos permanecer tan quietos como nos es posible. Te saco de tu asiento y te siento en mi regazo..." Puedes imaginar el resto. Ella lo encontraba irresistible y cuando rompieron descubrió que lo que más extrañaba eran sus historias. No volvió a conocer a otro que hiciera lo mismo ni ella tampoco se atrevió a perdirlo.
Y tú, ¿te animas a compartir tus fantasías?

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jueves, 14 de mayo de 2015

PORNO PARA ELLAS: "A LAS MUJERES LES GUSTA EL PORNO TAN SUCIO COMO A LOS HOMBRES"


Para muchos españoles, el nombre de Erika Lust sonará familiar, aunque quizá no sepan muy bien dónde ubicarla. Nacida en Suecia y afincada en Barcelona, esta mujer de 38 años se ha convertido en una de las grandes referencias mundiales del porno para mujeres o porno feminista, como cada cual prefiera denominarlo. Desde que realizase su primer cortometraje, The Good Girl, en 2004, la licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Lund ha cambiado gran parte del cine erótico gracias no sólo a sus proyectos audiovisuales, sino también a sus libros, de Porno para mujeres (Melusina, 2008) a la novela La canción de Nora (Espasa) o a sus manifiestos, como el que dedicó al buen porno. 

Su último proyecto tiene como objetivo poner en práctica todo aquello que, inspirada por las teorías de la pensadora feminista Linda Williams, autora de Hard Core: Power, Pleasure and the Frenzy of the Visible (University of California Press, 1989), ha defendido teóricamente. Con XConfessions, Lust se ha propuesto cumplir todas las fantasías femeninas y crear un cine porno a su medida. Financiado y producido de forma colaborativa, la plataforma estrena cada mes dos cortometrajes pornográficos dirigidos por Lust que, al final de año, son recopilados para su edición en DVD.

A diferencia de la pornografía tradicional, estos cortos no materializan el deseo de sus directores o autores o aquello que consideran que debe interesar al público, sino que recogen confesiones sexuales realizadas por mujeres y las refleja en la gran pantalla. En definitiva, el objetivo de estos cortometrajes, por lo general de unos pocos minutos de duración, es crear porno para mujeres realizado por mujeres. No se encuentra tan lejano de la clase de productos que la humiliatrix Ceara Lynch ofrece a sus clientes, y que se basa en ofrecer películas hechas por petición del consumidor. En este caso, porno para mujeres; en aquel, mujeres humillando a hombres. El porno del futuro será a la carta.

Lust aparece frecuentemente en el panorama internacional, como demuestra la reciente entrevista que le fue realizada en Alternet, en la que recordaba que “el hecho de que haga porno feminista no quiere decir que me guste el satén y los pétalos; a las mujeres les gusta el sexo tan sucio como a los hombres”. Dicho artículo explicaba también cuáles son los deseos más habituales recogidos en XConfessions. Ante todo “infidelidad, sexo en grupo y ‘tercera persona’, en el que un miembro de la pareja invita a otros a disfrutar de su media naranja”. La directora reconoce que la publicación de un corto sobre sexo en grupo y bisexualidad, Pansexual, hizo llegar un montón de peticiones semejantes. No son las únicas temáticas. También hay lo que la autora considera porno Mad Men (o sexo con el jefe), fetiche de pies o juegos de ama y esclavo.

Una de las películas pioneras de XConfessions es I Fucking Love IKEA, en la que un hombre se ve obligado a montar un mueble de la célebre compañía sueca ante la mirada de la mujer, en una inversión del rol activo del hombre y pasivo de la mujer, una premisa habitual en el cine de su autora. En ocasiones, esta no se siente identificada con las peticiones de sus seguidoras, para lo cual confía en el resto de su equipo para llevar a buen puerto la propuesta. En otras, ella misma encuentra confesiones “únicas y verdaderas” que la excitan e inspiran a partes iguales.

“Todas las películas filmadas para XConfessions están concebidas con la perspectiva femenina en mente”, explica en una entrevista con Feministing. “Eso significa que nuestros valores, nuestros deseos y nuestros vicios crean fantasías a partir de un amplio caudal de imaginaciones reales y escenarios realistas con personajes con los que puedes identificarte y excitados de verdad”. Lust ha descrito el porno convencional como “industria mainstream, aburrida, chauvinista y ginecológica”. ¿Ginecológica? Como la cineasta explica, se trata de la obsesión masculina por “los genitales golpeándose mutuamente”.

Manifiesto para un buen porno
En el año 2008, Vanitatis ya explicaba cuál era el credo cinematográfico de Lust. “En el nuevo cine para adultas quiero ver a mujeres decidiendo cómo se nos representa: quiero ver a mujer siendo mujeres, mujeres como tú y como yo, mujeres con sentimientos, educación, profesiones, madres casadas, divorciadas, solteras, amantes, jóvenes, adultas, delgadas, con curvas, siempre disfrutando de su sexualidad y de las situaciones sexuales que se presentan en las películas”, explicaba en dicha ocasión, a propósito de la publicación de Porno para mujeres, que ya ha sido traducido a ocho idiomas.

“El porno es un simple género cinematográfico, como el western. Cine hecho con el objetivo de excitar. El único problema es que se trata de un género hecho por y para hombres”, proseguía. No hay más que echar un vistazo a su Manifiesto por el Buen Porno para entender en qué consisten las reglas sobre el cine erótico que la fundadora de Lust Films y madre de dos hijos anima a reescribir. “La expresión de la sexualidad femenina es poderosa, y quizá eso inquiete a algunos hombres”, explica en su texto fundacional. “Quizá prefieren pensar que las únicas mujeres sexualmente atractivas son rameras, prostitutas y guarrillas, y que el resto son criaturas inocentes”.
“A pocos hombres les gusta pensar en la sexualidad de sus madres, hermanas e hijas”. El primer problema es que la mayor parte de varones no tienen en cuenta la subjetividad del deseo masculino, señala el manifiesto. El segundo, que la mayor parte de la industria, por mucho que los rostros más visibles sean femeninos, está controlada por hombres. Por lo tanto, Lust anima a buscar una alternativa y a no esperar que el cambio venga de dentro, puesto que eso nunca ocurrirá. Aunque no lo hagamos por nosotros, recuerda, lo debemos hacer por nuestras hijas: “Recientemente he sido madre, y cuando mi hija sea adolescente y vea sus primeras películas para adultos, quiero que reciba mensajes positivos sobre la sexualidad, con valores y discursos feministas. No quiero que sean RoccoNachoMarc Dorcel, Private y Penthouse los que le expliquen el mundo a través de sus películas”.

 


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