miércoles, 26 de agosto de 2015

La violencia machista no es inevitable: 7 medidas que pueden ponerse en marcha


Voces expertas subrayan que el sistema de prevención no funciona y apuntan medidas concretas para combatir la violencia de género


Te lo resumimos en 7 puntos



789 hombres han asesinado a sus parejas o exparejas en los últimos doce años 
 
En los últimos doce años, al menos 789 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas, una cifra que podría aumentar con los ocho casos que actualmente se investigan. El aluvión de crímenes machistas de las últimas semanas -en lo que va de año al menos veintitrés mujeres han sido asesinadas- se presenta, a veces, como una fatalidad inevitable. Nada más lejos según las voces expertas, que inciden en que la violencia de género es un fenómeno con causas que pueden ser abordadas y que hay medidas concretas para atajarla que necesitan, eso sí, de presupuesto y voluntad política.

1. Que no se dependa de la denuncia


Cada vez más organizaciones reivindican que los servicios y la atención a las víctimas no estén vinculadas a la denuncia, como puede suceder en algunos casos. Las mujeres que necesiten asistencia, atención psicológica, tratamiento o acompañamiento deben tener acceso garantizado a servicios públicos especializados, haya juicio o no. Aunque muchos recursos sí se ofrecen independientemente de la denuncia, la mayoría de mujeres que llegan a ellos han denunciado, mientras que las que no lo han hecho acceden a ellos en menor medida.

Independientemente de que haya proceso judicial, la maquinaria de atención social a las mujeres debe hacerse cargo de la complejidad del problema para "trabajar, proteger y recuperar a la víctima", insiste Lorente.

Para que el proceso de denuncia sea fructífero hay que asegurar el acompañamiento y la atención integral de las mujeres. Como dice Bárbara Tardón, de la Fundación Aspacia, el momento en que se denuncia es clave "y debe haber alguien que previamente explique a la mujer todo lo que puede suceder". "Son procesos muy costosos en términos psicológicos, por eso hay muchas renuncias. Hay que asegurar que siempre haya un acompañamiento durante el proceso y que no se les juzgue si no denuncian. Ese acompañamiento puede darse desde el médico de cabecera, desde un centro de la mujer o desde centros de día a los que, por ejemplo, llegan muchas mujeres que no se sienten identificadas como víctimas o que tienen miedo del estigma. Tiene que haber una red de referencia", explica Tardón, que no sea solo policial o judicial.

Una red de referencia que en parte existe, pero que los recortes han mermado en los últimos años. En muchas comunidades autónomas, por ejemplo, centros que antes abrían sus puertas a jornada completa ahora lo hacen solo a media jornada.

2. Detectar mejor, hacer caso a quien sabe preverlo


Miguel Lorente cree que se puede ser más eficaz en la detección de la violencia de género: "No esperar a que sean ellas las que se acercan, ir a donde sabemos que están, en los centros de salud, por ejemplo, a donde llegan con muchas frecuencia, en los servicios sociales o incluso en los colegios, donde pueden detectarse comportamientos en los niños".

La evaluación del riesgo resulta también clave a la hora de tomar medidas de protección. En algunos casos sonados, tras el asesinato de una mujer se ha conocido que su caso se consideraba de bajo riesgo. "Llega a haber una gran diferencia entre la evaluación que hace la policía y la que pueda hacer una psicológa o educadora, que conoce de forma más precisa el caso y conoce a la mujer personalmente", dice Bárbara Tardón.

Esta evaluación del riesgo sirve puede servir, además, para tomar las medidas de protección más adecuadas para cada víctima. En ese sentido, la profesora de Derecho Civil y directora del máster de la UNED sobre violencia de género, Teresa San Segundo, se pregunta por qué no se usan los recursos de los que ya se disponen, como las órdenes de protección y las pulseras electrónicas de control de maltratadores. "Son recursos que están y que a veces no se están usando adecuadamente", apunta.

3. Más formación a todos los profesionales que intervienen


La Ley Integral de Violencia de Género incluyó la especialización de los juzgados de violencia de género e introdujo formación para el personal de la administración de justicia. Todas las expertas coinciden, sin embargo, en que esta formación es ahora mismo insuficiente. "El sistema judicial llega a veces a revictimizar a las mujeres", subraya Tardón. El exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género insiste en que la formación debe llegar a todos los agentes que intervienen en el proceso, desde forenses, hasta fiscales, abogados, equipos psicosociales y también policía y guardia civil. "El trato y el enfoque no debe depender de la sensibilidad de cada profesional, debe ser parte de una buena atención. Hay también que exigir responsabilidades. Ha habidos casos con errores claros que han quedado sin consecuencias", relata Lorente. 

La formación evitaría un fenónemo frecuente: el cuestionamiento permanente de la víctima incluso desde la justicia. "Es el único delito en el que se cuestiona a la víctima. Esto no sucede en otros delitos, si vas a denunciar un robo de entrada te creen, no te ponen en tela de juicio ni te cuestionan por lo sucedido", afirma la experta en Derecho Civil, Teresa San Segundo.

4. Cambios legales


Son ya varias las voces que piden un cambio en el artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, que dispensa de la obligación de declarar a los parientes cercanos. Es decir, la justificación que permite que los padres o hijos del maltratador puedan no declarar contra él. O incluso la propia mujer. "No está pensando para los casos de violencia de género. Una mujer llega al juzgado y lo primero que oye del juez, porque es su obligación, es el aviso de que no tiene por qué declarar contra su pareja. Eso hace que muchas, que llegan tocadas y con pocas fuerzas, se callen", explica San Segundo. 

Lo que sí puede hacerse ya, explica, es continuar los procesos aunque las denuncias se retiren: "Siempre que se tenga conocimiento de un delito debería investigarse. Es difícil, porque ellas son muchas veces la prueba pero puede hacerse".

5. Más contundencia social en la vida diaria


Lorente, San Segundo y Tardón coinciden: hace falta más contundencia social. "Más contundencia en el posicionamiento, muchas veces se sigue justificando al agresor o culpando a las mujeres. Hace falta también contundencia contra la violencia simbólica, contra los gestos del día a día que sostienen la violencia directa", sostiene Bárbara Tardón. Que los gestos machistas sean tan reprobados en la vida diaria como puedan serlo los racistas o los que justifiquen el terrorismo.

6. Concienciación para hombres


Las campañas no deben ser puntuales sino constantes, dice Lorente. " Hay que dirigirse especialmente a los hombres porque en la violencia de género, de diez agresores, diez son hombres. Los hombres tenemos que entender que los maltratadores nos están utilizando para ejecutar su violencia en nombre de la masculinidad. Tenemos que señalar a los maltradadores, señalar el machismo y plantear nuevas formas de ser hombres y de ejercer la masculinidad. No podemos minimzar ni justificar esta violencia", reclama el experto.

7. Que se abran las puertas del colegio


El sistema educativo debe incorporar con urgencia el trato de las relaciones afectivas, sexuales, la gestión de las emociones, la igualdad, o los roles de hombres y mujeres, dice Tardón: "Eso es prevención, no podemos destinar recursos solo a cuando ya se ha producido la violencia, hay que actuar para evitarla".


eldiario.es Ana Requena Aguilar 13/08/2015 - 21:10h




lunes, 24 de agosto de 2015

¿Es correcto catalogar la violencia machista como 'fenómeno'?

La violencia de género no se reduce solo a los asesinatos. Va mucho más allá a través de actos de control, hostigamiento, amenazas o agresiones



El martes 18 de agosto el Congreso de los Diputados –en sesión extraordinaria del Pleno– aprobaba cinco resoluciones a la comunicación del Gobierno que respalda el tercer paquete de ayudas a Grecia después de que el Eurogrupo le diera el respaldo político en la reunión del 14 de agosto y emplazaba al Gobierno a respaldar la aprobación definitiva. Sin perjuicio de las consideraciones críticas que los términos del debate planteado por el Gobierno pudieran suscitar el presente post se centra en la declaración institucional contra la violencia de género que consensuaron todos los grupos parlamentarios con posterioridad. Y es que si bien es cierto que a efectos simbólicos y de posicionamiento institucional la declaración tiene un innegable valor, sin embargo, es conveniente realizar algunas precisiones sobre su contenido. Pero vayamos por partes y detengámonos en algunos aspectos concretos.

La declaración institucional hace un llamamiento al Ejecutivo y a las administraciones autonómicas y locales para que –dice textualmente–: “redoblen sus esfuerzos por prevenir estos hechos y apoyar a las víctimas, mostrando, a la vez, su total desprecio hacia los maltratadores (…)”. Pues bien, dos aspectos a considerar:

1. La prevención y el apoyo a las víctimas resultan esenciales. Pero junto a ellas se deben sumar políticas de sensibilización, formación especializada y educación. En definitiva, desarrollar el Título I de la LO 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Fíjense que según los datos de la Macroencuesta de 2015 un porcentaje muy elevado de mujeres no denuncian – en concreto un 44,6% – por no conceder suficiente importancia a la violencia de género sufrida. El mismo motivo se aduce pero con un porcentaje del 50,03% para no solicitar ningún tipo de asistencia social. Por tanto, las políticas de sensibilización son imprescindibles para que las propias víctimas (y su entorno) sean capaces de detectar situaciones de abuso y de violencia y para evitar que la normalidad patriarcal neutralice ciertas conductas. Y esto no es fácil porque – en muchas ocasiones – supone para las víctimas replantearse su propia historia vital y cuestionarse muchas facetas de su vida personal. Lo mismo ocurre – en muchas ocasiones – para el entorno de las víctimas.

2. Otro tema a considerar – tras esa apelación del Congreso al Ejecutivo y a las administraciones autonómicas y locales – es el tema presupuestario. Máxime estando en plena tramitación de las cuentas anuales del Estado. Y es que – siguiendo a Sustein y Holmes en The Cost of Rights – “los derechos cuestan dinero” y éstos no pueden protegerse ni garantizarse sin presupuesto o apoyo político. Por tanto, resulta harto complicado diseñar políticas eficaces de prevención, sensibilización y apoyo dirigido a las mujeres que sufren violencia si los recursos son limitados. Y esto no es algo baladí sabiendo – como sabemos – que la violencia de género vulnera los derechos humanos de las mujeres.

Siguiendo con el análisis de la declaración institucional, se observa como se insta a la Administración de Justicia a una mayor atención y sensibilidad hacia este 'fenómeno'. Sin duda, el papel de la Administración de Justicia en el abordaje de la violencia de género resulta nuclear a la hora de tutelar y garantizar los derechos afectados y a la hora de observar la llamada 'diligencia debida' en los términos del Convenio de Estambul. Ahora bien, la declaración institucional alude a la violencia de género como un 'fenómeno': ¿es correcta esa apelación? Y es que la RAE delimita conceptualmente 'fenómeno' – en su segunda acepción – en los siguientes términos: “Cosa extraordinaria y sorprendente”. Sin duda, los datos sobre asesinatos machistas en lo que llevamos de 2015 – 25 mujeres asesinadas y 8 casos en estudio según datos oficiales – dificultan hablar de la violencia de género como un fenómeno. La misma dificultad pero más agravada la encontramos si cogemos los datos sobre asesinatos de mujeres por violencia machista del periodo comprendido entre 2003-2015.

La gráfica que se muestra a continuación recoge los datos sobre asesinatos de mujeres por violencia machista entre 2003-2014.


 Pero es que, además, la violencia de género no se reduce solo a los asesinatos – esa es solo una parte. La violencia de género va mucho más allá a través de actos de control, hostigamiento, abuso emocional, amenazas, coacciones, agresiones, etc., que se van sucediendo cíclicamente a lo largo del tiempo durante la vigencia de la relación afectiva/convivencial (y, en muchas ocasiones, una vez acabada ésta). Por tanto, no estamos ante hechos aislados sino que forman parte de la estrategia de control del agresor y modelan un tipo de relación asimétrica y desigual. De ahí la dificultad de catalogar la violencia de género como 'fenómeno', esto es, como algo extraordinario y sorpresivo.

Un apartado importante de la declaración institucional lo constituye la alusión que se hace – de forma expresa – a las y los menores expuestos a la violencia de género. En concreto, hijas e hijos de madres que sufren este tipo de violencia y que – normalmente – son instrumentalizados por el agresor en su ejercicio de control. La declaración institucional apela a los cambios introducidos en la materia a través de la LO 8/2015, de 22 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y la adolescencia y de la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y la adolescencia. Normas que han entrado en vigor recientemente y entre cuyos aspectos más relevantes se encuentra la conceptuación de las y los menores como víctimas directas de violencia de género y la precisión conceptual – a nivel normativo – de expresiones tan importantes para el reconocimiento de los derechos fundamentales de las y los menores como 'interés superior del menor' y el derecho de éstos a ser escuchados.

Sin ánimo de restar importancia a estas cuestiones en materia de protección de menores sí cabe señalar que realmente no estamos – strictu sensu – ante ninguna novedad. Y es que si bien es cierto que se podría hablar de una deficiente protección de las y los menores en el ámbito de la violencia de género con la regulación anterior, realmente no estábamos ante un problema de dicción literal de la norma – aunque también – sino de aplicación práctica de la misma y, por tanto, de eficacia normativa. Obviamente, la nueva regulación clarifica ciertos aspectos pero – en última instancia – la protección de las y los menores sigue estando en el ámbito de la aplicación e interpretación normativa. Por tanto, nos queda esperar y ver en qué términos se concreta ésta.
Con respecto a otras cuestiones que recoge la declaración institucional cabe reseñar, en primer lugar, la apelación que se hace a la implicación de la sociedad en general ante los casos de violencia de género. Una implicación que requiere de políticas de concienciación y sensibilización. Máxime teniendo en cuenta los datos de la serie histórica del CIS en donde la preocupación por la violencia machista ha ocupado y ocupa un lugar muy marginal. En segundo lugar, la declaración rinde homenaje a las víctimas indirectas de este tipo de violencia. Sin duda es un aspecto a tener en cuenta y es que no nombrarlas sesga la verdadera dimensión de este tipo de violencia. Los datos son contundentes cuando en lo que llevamos de año la violencia machista no solo se ha cobrado la vida de 33 mujeres (parejas o ex parejas) sino que también le ha costado la vida a 8 menores (hijas e hijos de mujeres víctimas), 3 varones (hermanos y/o nuevas parejas de la víctima) y 2 mujeres (hermana y amiga de la víctima).

La declaración institucional concluye señalando que España es un ejemplo a nivel internacional en la lucha contra la violencia machista. Pues bien, no basta con haber sido un referente – a nivel normativo – en la lucha contra la erradicación de este tipo de violencia. Resulta insuficiente. El Informe del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre el Grupo de Trabajo sobre la discriminación contra la mujer en la legislación y en la práctica deja muy poco espacio para otro tipo de interpretaciones.

Llegados a este punto, considero que resulta desafortunado catalogar la violencia machista como ‘fenómeno’… Lamentablemente poco tiene de sorpresivo y extraordinario – hoy por hoy – para muchas mujeres. 



sábado, 22 de agosto de 2015

Qué es y para qué no sirve Addyi, la ‘viagra’ femenina




El medicamento, de eficacia modesta, sólo está indicado para un trastorno sexual concreto y viene repleto de contraindicaciones y efectos secundarios


Addyi actúa sobre dos neurotransmisores, la serotonina y la dopamina


Tras años de ensayos, peleas con las autoridades sanitarias de EE UU y un gran esfuerzo de mercadotecnia y relaciones públicas, la viagra femenina ya está aquí. Con el nombre comercial de Addyi, en octubre podrá comprarse en las farmacias estadounidenses y no tardará mucho en llegar a Europa, ya sea por los canales oficiales o los clandestinos. Así podría ser el prospecto de estas pastillas color rosa y, como con todas las medicinas, hay que leerlo entero.

¿Qué es Addyi?


Addyi es un fármaco cuyo principio activo es la flibanserina, un compuesto químico que actúa sobre determinados neurotransmisores del cerebro. Su acción es doble: por un lado es un medicamento agonista (activador) que se une a receptores de la serotonina, un neurotransmisor del sistema nervioso central. Tras la unión, activa este neurotransmisor como hacen otros medicamentos antidepresivos. 

De hecho, la flibanserina se ensayó primero como antidepresivo, con tan magros resultados que la farmacéutica propietaria del compuesto lo vendió a la actual propietaria, Sprout Pharmaceuticals.
En paralelo, Addyi también se agarra a otros receptores neuronales, esta vez de la dopamina (otro neurotransmisor), pero en este caso en vez de activarlo, lo inhibe.

¿Para qué se utiliza?


Addyi solo tiene una aplicación: el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), es decir, promete elevar la libido de las mujeres. En el penúltimo Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSMIVTR) definen este trastorno como "disminución (o ausencia) de fantasías y deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente, y provoca malestar acusado o dificultades de relación interpersonal". En la última versión del manual, le han cambiado el nombre. Eso sí, no tiene nada que ver con la desidia sexual fruto de la monotonía, el paso del tiempo o con otras disfunciones sexuales de origen físico.

Una encuesta mencionada por The New York Times estima que al menos el 10% de las mujeres de EE UU sufren TDSH. Otras fuentes doblan esa cifra. Sin embargo, la doctora Carme Coll, ginecóloga experta en salud reproductiva de la mujer, niega que haya cifras fiables y, en todo caso, las rebaja hasta el 1%, al menos entre las mujeres postmenopáusicas.

¿Quién puede tomar Addyi?


La FDA, la agencia del medicamento de EEUU dejó muy claro quién puede tomar flibanserina y quién no. Addyi está indicado solo para las mujeres con TDSH que aún no hayan llegado a la menopausia. Así que quedan fuera las que presenten un marcado bajón de deseo sexual por otras enfermedades físicas o psiquiátricas o por problemas de pareja. Después de la menopausia, Addyi no conllevaría más que un efecto placebo. Además, su uso no está indicado para mejorar el rendimiento sexual. Aquí la contraindicación es la misma que para la Viagra, aunque la realidad es que muchos hombres la han usado con ese supuesto objetivo.

¿Es eficaz?


Este punto no aparece en un prospecto real, pero es la pregunta clave. Buena parte de la polémica que rodea a Addyi es que presenta una baja ratio de eficacia/efectos secundarios. Sprout Pharmaceuticals la ha probado con más de 11.000 mujeres pero mejor fiarse del dictamen de la FDA que de la farmacéutica. Se realizaron tres ensayos durante 24 semanas con dosis de 100 miligramos con unas 2.400 mujeres premenopáusicas con TDSH, con una media de edad de 36 años y al menos cinco años con el trastorno. A la mitad de la muestra se les administró unas píldoras inocuas, para controlar el efecto placebo. En los ensayos, las mujeres contaros sus encuentros sexuales satisfactorios y relataron su deseo sexual en las cuatro semanas anteriores a tomar el medicamento.

De media, Addyi elevó el número de encuentros sexuales satisfactorios entre 0,5 y 1 más que la cifra base (de dos o tres al mes), frente a entre el 0,3 y 0,4 de las que tomaron el placebo. En los tres ensayos, entre las tratadas con Addyi que dijeron haber mejorado sus citas íntimas, su deseo sexual y reducido su angustia ante el sexo hubo un incremento del 10% respecto a las tratadas con el placebo. Lo que también demostraron las pruebas es que la flibanserina no mejora el rendimiento sexual.

Efectos secundarios y contraindicaciones


La lista de efectos colaterales pone en contexto el valor de este medicamento. Son tantos que la FDA ha obligado a Sprout Pharmaceuticals a destacar los riesgos de este medicamento en el envase cuando lo comercialice, en octubre. En los ensayos, las reacciones adversas más comunes, por encima del 10% de los casos, fueron mareos, somnolencia, fatiga, insomnio o sequedad en la boca. Más seria es la posibilidad de que el fármaco provoque hipotensión (tensión arterial extremadamente baja) o pérdida de la consciencia.

Ambos efectos pueden agravarse si se toma alcohol u otros medicamentos durante el tratamiento. Son efectos adversos propios de un antidepresivo. Aún así, como recuerda la doctora Coll, son menores que los de la Viagra.

¿Qué tiene que ver con la Viagra?


Nada, nada en absoluto. Addyi es rosa, la viagra es azul. Colores aparte, las diferencias son todas. "La flibanserina actúa a nivel del sistema nervioso central mientras que la viagra es un vasodilatador", comenta la doctora Coll. El segundo es un medicamento físico, el otro psíquico. "Son tan diferentes como lo son la sexualidad masculina, más física y visual, y la femenina, más mental". Esta diferencia clave explica la posología de ambos fármacos. Mientras la Viagra se toma poco antes del acto sexual y dura unas pocas horas, Addyi ha de tomarse todos los días, haya o no sexo.


Esta ginecóloga también se pregunta si no estaremos ante otro caso de enfermedad inventada para vender más. En su práctica clínica y de lo que comparte con otros colegas tiene la convicción de que, además de la baja incidencia real de los casos de este trastrono del deseo sexual inhibido, la mayoría de los casos se pueden solucionar con terapias conductuales u otros tratamientos. Y recuerda: "con los años, la sexualidad cambia, solo es cuestión de reinventar el encuentro sexual". 


MIGUEL ÁNGEL CRIADO 19 AGO 2015

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viernes, 21 de agosto de 2015

Las sombras de la píldora rosa


El 'viagra' femenino tiene una larga lista de contraindicaciones y sirve para paliar una disfunción sexual de la que algunos dudan


La aprobación en Estados Unidos de Addyi, el primer viagra femenino, ha llegado acompañada de polémica. De un lado porque no es, estrictamente hablando, un viagra para las mujeres: al igual que los antidepresivos, en los que esta nueva píldora tiene su origen, actúa sobre químicos en el cerebro y no para activar flujos sanguíneos, por lo que requiere un tratamiento continuado, no puntual, en el que la larga lista contraindicaciones podrían llegar a pesar más que los supuestos beneficios.

De hecho, entre la larga lista de contraindicaciones que acompaña al medicamento, está la fuerte advertencia en contra de tomar esta píldora con alcohol. Entre los efectos secundarios están hipotensión y hasta posibles desmayos. La propia Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), que dio el martes su visto bueno a Addyi, ha subrayado la importancia de que tanto pacientes como médicos no se puede adquirir sin receta" comprendan totalmente los riesgos asociados" a su uso.

Además, algunos expertos cuestionan la necesidad misma de esta píldora. Su objetivo es tratar el descenso de la libido en las mujeres. Pero no cualquier caída del deseo sexual femenino, sino específicamente el trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH) en mujeres premenopáusicas. El TDSH se define como la “deficiencia o ausencia de fantasías y deseo de actividad sexual que causa una marcada angustia o dificultad en el trato interpersonal”. Una disfunción sexual cuya existencia ponen en duda algunos expertos.

El laboratorio norteamericano Sprout Pharmaceuticals está detrás de este medicamento considerado, pese a todo, revolucionario por ser el primero del ramo diseñado solo para mujeres y para aumentar el deseo sexual. El producto estará a la venta en Estados Unidos a partir de mediados de octubre, con un precio todavía no especificado.

Aunque el laboratorio ya ha iniciado “conversaciones” con Canadá y algunos países de Europa, los responsables de la comercialización de Addyi dijeron este miércoles que no hay fecha aún para su distribución fuera de EE UU.

La aprobación por parte de la FDA del viagra femenino era algo esperado. Un grupo de expertos ya emitió una recomendación emitiendo su visto bueno en junio.

Sin embargo, los que critican este paso recuerdan que la FDA rechazó en dos ocasiones anteriores el compuesto (en 2010 y en 2013), después de que otros paneles de asesoramiento concluyeran que había dudas sobre su seguridad, y porque no consideraba que hubiera pruebas suficientes que demostraran que el fármaco es eficaz para las mujeres con poco apetito sexual. Los detractores de Addyi sostienen que la FDA ha cedido ahora a las presiones de una industria farmacéutica que en este caso, dicen, ha usado un falso argumento feminista para comercializar un producto de dudosa eficacia para una disfunción no menos cuestionada.

La 'rareza' del deseo


“Hace solo 150 años los médicos nos decían que si teníamos un deseo (sexual) frecuente nos pasaba algo raro. Ahora, si no tenemos deseo es cuando nos pasa algo raro", dijo tras la decisión de los expertos en junio la socióloga Thea Cacchioni, quien ha testificado en contra de la comercialización de flibanserina ante la FDA.

Responsables de Sprout subrayaron este miércoles en una teleconferencia que Addyi está diseñado solo para mujeres que hayan sido diagnosticadas con TDSH, no para aquellas que por otros motivos como estrés o cansancio hayan perdido interés por el sexo. “El 90 % de las mujeres no tienen TDSH”, dijo la doctora Anita Clayton, que asesora al laboratorio. Para la mayoría de mujeres con un reducido deseo sexual basta con que acudan a psicoterapia o se planteen cambios en sus modos de vida, señaló.

Grupos de presión como Even the Score, una organización paraguas de 26 asociaciones que reclama un trato igualitario para los problemas de disfunción sexual femenina, celebró la aprobación del medicamento como un “avance para las mujeres”. Los detractores de Addyi contraatacan recordando que esta agrupación está financiada, en gran parte, por el laboratorio que comercializará la viagra femenina.

Como una "mezcla de política, ciencia y dinero" ha descrito el proceso la psicóloga y terapeuta Leonore Tiefer, una de las más críticas con la aprobación de Addyi, una píldora que considera "poco segura y que ni siquiera funciona". Ella es una de los 200 investigadores y terapeutas que le pidieron a la FDA en una carta el mes pasado que no aprobara este medicamento debido al desequilibrio entre sus supuestos beneficios y las contraindicaciones.

"Los daños y el estrecho margen de seguridad de la flibanserina pueden ser aceptables en un medicamento para el cáncer, pero son completamente inaceptables en una medicina que se dará a mujeres sanas por una condición médica cuestionable. Una libido baja puede ser tratada de forma eficiente con terapia", subrayaron en su misiva, elaborada por PharmedOut, una organización de la Universidad de Georgetown de Washington que revisa prácticas en el mercado farmacéutico. Según los firmantes de la carta, la aprobación ahora consumada de Addyi "enviará un mensaje a la industria de que presionar a la FDA mediante campañas de relaciones públicas puede lograr que se apruebe un medicamento".

Por el contrario, organizaciones como la Liga Nacional de Consumidores que por otra parte también forma parte de Even the Scorehan valorado la decisión de la FDA. Para su directora, Sally Greenberg, se trata del “mayor avance en la salud sexual de la mujer desde la llegada de la píldora anticonceptiva”. Según dijo, la aprobación de esta terapia es crucial porque “valida o legitima la sexualidad femenina como un importante componente de salud” y reconoce también que el TDSH “no es solo un problema psicológico o un reflejo de la presión cultural sobre las mujeres, sino una condición biológica que puede ser tratada con una medicación efectiva”. 


SILVIA AYUSO Washington 20 AGO 2015

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jueves, 20 de agosto de 2015

Estados Unidos aprueba el viagra femenino


Addyi ayuda a aumentar el deseo sexual


Las autoridades la acompañan de fuertes advertencias por sus efectos secundarios


La Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) dio este martes el visto bueno a la primera píldora destinada a tratar el descenso de la libido en las mujeres. La llamada viagra para mujeres será producida por el laboratorio norteamericano Sprout Pharmaceuticals bajo el nombre de Addyi y está específicamente diseñada para tratar el trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH), una bajada del deseo sexual en mujeres premenopáusicas.

Pese a su comparación con la famosa píldora azul, que actúa para ayudar a los hombres a alcanzar una erección o tratar ciertas deficiencias de testosterona, la viagra rosa, como también se la conoce, se centra en aumentar el deseo sexual, algo que no hacía ningún medicamento del ramo hasta ahora, ni para hombres ni para mujeres. Además, la mujer deberá tomarla de forma regular durante un periodo de tiempo y no solo justo antes de mantener una relación sexual.

Otra diferencia con la versión masculina es que Addyi irá acompañada de fuertes advertencias médicas sobre todo alertando contra su uso junto con alcohol debido a sus posibles efectos secundarios, desde hipotensión hasta la pérdida de consciencia. Los médicos que la prescriban (no se puede adquirir libremente en las farmacias) deberán recibir un entrenamiento específico. Además, tendrán que asegurarse de que la paciente conoce y comprende los riesgos que conlleva este medicamento y que rellena un formulario certificando que ha sido informada de los mismos.

“Los pacientes y los que prescriben (la píldora) deberían comprender totalmente los riesgos asociados al uso de Addyi antes de considerar este tratamiento”, subrayó la directora del centro de evaluación e investigación de la FDA, Janet Woodcock.


Un largo debate


La aprobación por parte de la FDA de la viagra femenina era algo esperado. Un grupo de expertos ya emitió una recomendación emitiendo su visto bueno en junio. No obstante, el anuncio fue celebrado como un hito, sobre todo por grupos de presión que habían acusado al organismo federal de medicamentos de exigir para un tratamiento dirigido a mujeres más pruebas que los que se diseñan para hombres.

Entre los que saludaron el anuncio de la FDA destaca en este sentido Even the Score, una organización paraguas de 26 asociaciones que reclama un trato igualitario para los problemas de disfunción sexual de las mujeres. Su presidenta, Susan Scanlan, celebró en Twitter la noticia como un “avance para las mujeres”.

La directora de la asociación de consumidores (National Consumers League), Sally Greenberg, afirmó que la decisión de la FDA es “el mayor avance en la salud sexual de la mujer desde la píldora anticonceptiva", destaca The New York Times.

No todo han sido aplausos. Algunos grupos acusan a la FDA de haber cedido a las presiones. Se oponían a la aprobación de un medicamento con demasiados efectos secundarios potencialmente peligrosos para tratar una condición médica con muchos interrogantes.

“Esto no es más que una mezcla de política, ciencia y dinero”, lamentó la psicóloga y terapeuta sexual Leonore Tiefer, que abogaba por que la FDA rechazara el medicamento. “Esta no es una droga que te tomes una hora antes de tener sexo. Tienes que tomarla durante semanas y hasta meses antes de ver siquiera algún beneficio”, dijo a la agencia AP.

Sin hacer mención específica a las críticas de uno y otro lado, Woodcock afirmó que la FDA “lucha por proteger y avanzar la salud de las mujeres”. La agencia gubernamental “está comprometida con el apoyo del desarrollo de tratamientos seguros y efectivos para disfunciones sexuales femeninas”, agregó en un comunicado.


SILVIA AYUSO Washington 19 AGO 2015




viernes, 14 de agosto de 2015

Llega la 'menstruacción'




Entrevista con la feminista Lola Pérez.

Sea por presencia, sea por ausencia, la menstruación forma parte de la vida femenina como una segunda piel. No sucede de vez en cuando salvo problemas médicos, sino que es una constante con una periodicidad a veces matemática, otras no que imprime, en cada mujer, la posibilidad de la concepción y de la continuidad humana. Lo dice un 'superhéroe' que viste de rojo: "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad".

En el caso de la herida cíclica de la mujer, la tarea comienza "a los 12,5 años, tras una serie de procesos que estimulan una glándula del hipotálamo que activa la hipófisis que, a su vez, produce las sustancias que actúan sobre los ovarios y las glándulas suprarrenales", explica Inés Hidalgo, presidenta de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia. "Estos órganos comienzan a producir hormonas, que son las responsables de la salida del vello en las axilas y el pubis y del desarrollo de las mamas; al final de esta etapa de cambios, tiene lugar la menarquia [http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/09/21/mujer/1348247413.html] [primera menstruación] y se activa el mecanismo que permite a las mujeres ser madres".

"La menstruación, en condiciones normales, es un signo de salud, de buen funcionamiento del esquema anatómico y sexual", señala en conversación con EL MUNDO Modesto Rey, ginecólogo del Hospital Universitario de Burgos y responsable de relaciones institucionales de la Sociedad Española de Contracepción. Tanto es así que, en situaciones en las que la mujer padece un importante trastorno de salud, la regla les desaparece: los trastornos alimenticios son uno de los ejemplos más conocidos. Cuando una mujer padece anorexia o bulimia, no tiene la menstruación porque el cuerpo no puede permitirse semejante sobre esfuerzo: "El organismo gasta en función de lo que tiene, y si una mujer no se está nutriendo adecuadamente, el cuerpo decidirá prescindir de algo que consume mucha energía, como es poner en marcha todo el mecanismo que te prepara para un embarazo", explica Rey.


Estigma social y tabúes culturales


Explicar hoy la menstruación exige, sin embargo, no quedarse en su narración médica y añadir una letra c a la palabra y decir menstruacción porque, según datos de Wash United [http://www.washunited. org/] , la organización berlinesa que está detrás del Día de la Higiene Menstrual [http://menstrualhygieneday.org/] (28 de mayo), "en India, un 66% de las chicas no puede acceder a un baño y, en Burkina Faso, un 83% de las niñas no tiene donde cambiarse el tampón o la compresa en el colegio, al igual que el 77% de las jóvenes en Níger"; unos datos que fomentan "el absentismo escolar" porque "la ausencia de higiene menstrual aumenta el estigma y la falta de información provoca estrés, vergüenza y exclusión social".

En palabras de Murat Sahin [https://twitter.com/washinschools] , consejero de Unicef para el programa Wash in Schools [http://www.unicef.org/wash/schools/] (Lavarse en el colegio), "las estudiantes que menstrúan, y sus profesoras, tienen necesidades únicas en lo que respecta al agua, el saneamiento y la higiene". "Sabemos que los tabúes sobre la menstruación se identifican en las escuelas mundialmente. Ahora trabajamos en el desarrollo de herramientas en 14 países, Afganistán, Bolivia, Burkina Faso, Eritrea, Ghana, India, Indonesia, Kyrgystan, Mongolia, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán y Zambia, pero la gestión de la salud menstrual (Menstrual Health Management o MHM) no se limita a estos país ni a ninguna región", advierte. 

Dhirendra Pratap Singh, que trabaja con 6.000 chicas de 25 escuelas en el distrito indio de Balrampur uno de los más desfavorecidos del país, con el apoyo de Unicef, sostiene que "uno no puede acercarse al MHM sin abordar los tabúes culturales, los mitos y los conceptos erróneos que desafían la propia gestión de la menstruación". "Tampoco se puede ser claramente despectivo respecto a algunas creencias cuando se está trabajando con estas comunidades, por eso es imprescindible comprender las distintas escuelas de pensamiento que proporcionan explicaciones posibles para la evolución de estas creencias, y luego, razonar con el interlocutor e impulsar el debate sobre la perpetuación de tales creencias, que bajo el pretexto de la tradición, perduran en el tiempo", añade.

MHM son unas siglas fundamentales para la Sociedad para la Investigación del Ciclo Menstrual [http://menstruationresearch.org/] , una organización que comenzó a trabajar en pro de la visibilidad de la menstruación hace 40 años y que, cuando comenzó este mes de junio, estaba celebrando su vigésimo primer congreso en la Universidad de Suffolk (Boston), donde "más de 200 investigadores, artistas y activistas, desde 27 países y seis continentes" insistieron en "que el tabú menstrual deje de silenciar el diálogo productivo".

Lo apunta Chris Bobel, profesora asociada de Estudios Femeninos y de Género de la Universidad de Massachusetts, en Boston (Estados Unidos), y presidenta de la Sociedad para la Investigación del Ciclo Menstrual. "Cuando se establece la conexión menstrual con la pobreza, la educación, la equidad de género, la salud, la justicia reproductiva, los derechos humanos y el desarrollo, la gente está más dispuesta a escuchar", reconoce.


Menstruación y arte


En su última edición, el congreso que Bobel representa prestó atención a los adelantos en visibilidad menstrual que consiguen tanto la poesía como el arte. Una de sus ponentes estrella fue la estadounidense Jen Lewis, que se define como artista conceptual y diseñadora menstrual y a quien pertenecen la obra bajo este párrafo. Responsable de la web Beauty in Blood [http://www.beautyinblood.com/] (Belleza en Sangre), Lewis "se rebela contra las normas culturales en torno a la menstruación".

"Como mujeres, podemos dejar de sufrir en silencio y hablar en voz alta sobre nuestros ciclos menstruales, podemos dejar de ocultar nuestros productos menstruales y llevarlos con confianza al baño, podemos criticar los aspectos negativos [http://www.elmundo.es/salud/2015/06/24/558aea68ca47414f4f8b4594.html] de los productos desechables, como los tampones, que contienen químicos dañinos, podemos romper el discurso histórico y social negativo a través de las artes visuales", propone. 

'The Period Piece' [http://www.theperiodpiece.com/] es la serie de obras de la artista, radicada en Hawái, Lani Beloso, para quien su elaboración fue "un viaje personal catártico". "Se me había dicho siempre, mientras crecía, que no debía hablar de la menstruación, pero me molestaba la idea de guardar silencio cuando se trata de un proceso natural. ¿Por qué no puedo hablar del dolor ? Cuando la gente ve mi arte lo ve a menudo influida por percepciones previas y por verlo de repente sobre la mesa; se ve en sus caras que se enfrentan a sus propias reacciones viscerales".

Otra opción artística es la que promueve la persona que está detrás de The Hidden Blood [http://www.thehiddenblood.com/] (sangre escondida), que se llama Alex y ha puesto en marcha un cómic colaborativo centrado en la menstruación: "Las cosas positivas asociadas a la menstruación a menudo se ignoran, muchas mujeres tienen un mayor impulso sexual mientras están premenstruales, y menstruar conduce a un mejor sexo, y los orgasmos alivian los dolores menstruales", incide.

Un activismo distinto, pero hermanado al de Lewis y Beloso, es el que ejerce Loola Pérez, conocida en redes sociales como Doctora Glas [https://twitter.com/doctoraglas] , la joven de la imagen de abajo. Un día del año pasado recordó la frase de la feminista Germaine Greer: "Si no has probado tu sangre menstrual, aún te queda un largo camino por recorrer, cariño".

Se le ocurrió hacerse un selfie y compartirlo mordiendo un tampón, "pero no un tampón cualquiera, sino un tampón con mi sangre menstrual, se trataba de que la gente se preguntara: ¿Por qué prueba su sangre menstrual? ¿Por qué no la he probado yo? ¿Por qué he probado la sangre de una herida y, en cambio, no lo he hecho con mi sangre menstrual? No quise romantizar la menstruación sino incomodar, ¿qué sentido tiene visibilizar sin cuestionarse a una misma y al resto?». Como respuesta, obtuvo un cúmulo de reflexiones y también algunas amenazas.

"Fue curioso, me recriminaban que hiciera eso en un lugar público y no en uno privado, y lo acompañaban de insultos: das asco, puta, zorra, guarra, feminazi", recuerda esta feminista pro sex para quien "no hace falta irse a India para toparnos con tabúes" respecto a la menstruación. "Mantenemos falsas creencias asociadas, que es malo masturbarse o tener relaciones sexuales, que si haces mayonesa ésta no saldrá bien se cortará o que hace mal ducharse cuando menstrúas", enumera.


¿De qué está hecha? ¿Por qué duele?


La menstruación es sangre pero no la misma sangre que brota de cualquier corte. Según Jackie Calleja, ginecólogo del Hospital Universitario Quirón de Madrid, «es la mucosa endometrial, compuesta por células y glándulas, lo que expulsan las mujeres cuando tienen la regla, la capa más interna del útero».

Este desprendimiento uterino puede provocar dolor. «Supone la descamación del endometrio [membrana mucosa que recubre la cavidad del útero] en forma de hemorragia. Para que esto ocurra, se producen pequeñas contracciones en el útero, mediadas por unas sustancias denominadas prostaglandinas. El dolor que nota la mujer es el de esas contracciones», amplía Calleja. Son las mismas contracciones que se producen durante el parto, sólo que aquí no se expulsa un bebé, sólo sangre y mucosas.


'Para el hombre, sangrar se relaciona con la muerte'


Es la sangre en sí, de hecho, la razón de que «los hombres pongan cara de asco cuando la menstruación es de alguna manera visible», aunque sólo sea de palabra. Esta idea la sostiene David Linton, profesor de Comunicación y Arte en el Marymount Manhattan College en Nueva York, donde enseña el curso La construcción social de la menstruación, y que estuvo también presente en el congreso de la Sociedad para la Investigación del Ciclo Menstrual.

«Todo proviene del significado de la sangre, que, para el hombre, desde las cavernas, su pérdida es siempre terrible, pues supone un signo de muerte inminente. Para los hombres, sangrar está relacionado con no tener un cuerpo sano, cuando para las mujeres es justo lo contrario; las mujeres sanas menstrúan regularmente, los hombres no. El rechazo torna en miedo cuando aparece la envidia y se dan cuenta de que se trata de una cualidad mágica y sólo femenina», reflexiona Linton.

Son ese miedo, ese rechazo y ese silencio sobre los que también habla Erika Irusta [https://twitter.com/erikairusta] , autora del proyecto web El Camino Rubí [http://www.elcaminorubi.com/] , donde se leen alegatos como «tienes razón, no estás loca, eres cíclica». Escritura y pensamiento puestos al servicio de la visibilidad menstrual. «Creemos que la menstruación está superada pero esa necesidad evidencia la realidad simbólica, el tabú. Nadie habla de superar el proceso digestivo, ¿verdad? No sólo los hombres manifiestan su rechazo, también más mujeres de las que nos gustaría reconocer», dice.

Apunta Maje Girona [https://twitter.com/MajeGM_] , presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes [http://www.mujeresjovenes.org/] , que «la menstruación es un concepto ligado al malestar». Ultima una tesis doctoral sobre los malestares de la mujer (menstruación, menopausia y problemas alimentarios), enfermera y antropóloga, está a punto de culminarla en la Universidad de Berkeley, en California.

«El tabú de la menstruación es una violencia, porque no te permite expresar cómo te sientes. Tenemos derecho a cuidarnos porque estamos en un momento especial. Si cuando menstrúas no tienes estrés laboral, te medicas menos; hay que cambiar el punto de vista social y cuidar nuestro cuerpo de forma más sana, sin recurrir al ibuprofeno; así sólo se tapa, no se sana. Hasta en China tienen una especie de baja laboral cuando las mujeres menstrúan», advierte.

Hasta hace 10 años, en los grandes almacenes más conocidos de España se «permitía faltar un día si se aludía estar indispuesta», cuentan sus empleadas, hasta que se retiró la posibilidad «porque se abusaba de ella». Existen sin embargo mujeres que estructuran su ciclo menstrual de forma que, el primer día, puedan estar recogidas. Es el caso de Lola Padilla, que entiende «la menstruación como un acto de encuentro con un nuevo mes» y prefiere «pasar un día en soledad porque, así, se une a su cuerpo en la limpieza». «Es mi puesta a cero, para mí no ir a trabajar en el primer día de regla es una forma de empoderamiento», reta.


'Se ha usado como excusa para negar derechos'


Para el profesor Arpan Yagnik, que investiga sobre la menstruación hace seis años -en la actualidad en la Universidad de Pennsylvania- porque «le interesa su conexión con la salud, la educación y las opciones profesionales de las mujeres así como su figura frente al desarrollo profesional, el empoderamiento y la igualdad», los mitos sobre la menstruación son muchos: "Las mujeres se vuelven histéricas, actuán como locas, son improductivas...". Y se manifiesta: «Estos clichés se deben, principalmente, a la falta de comprensión y conocimiento exacto sobre la menstruación, y también se deben al tabú que rodea la menstruación, o a su estigmatización. Quizá tuvieron algún sentido en tiempos pretéritos pero, desde luego, no ahora; son anacrónicos».

También cree que la «menstruación se ha usado como excusa para negar derechos sociales y económicos a las mujeres» y que, en relación al desarrollo laboral, debería verse, únicamente, «como otro fenómeno físico, como la respiración o la digestión porque, pese a su naturaleza, a menudo las mujeres sufren penalizaciones por menstruar, cuando la menstruación no tiene por qué afectar las relaciones laborales, las responsabilidades, las promociones, los incentivos y las oportunidades en general».


Menstruaciones artificiales


Otro asunto es el de las menstruaciones artificiales, esto es, el periodo que tienen las mujeres que toman anticonceptivos hormonales, que bloquean las hormonas que estimulan la ovulación y cuyo periodo, sin embargo, viene rigurosamente cada 28 días. Es en la semana de descanso del anticonceptivo cuando «hay un descenso repentino de las hormonas y, al bajar las hormonas, viene la regla», apunta Modesto Rey, ginecólogo del Hospital Universitario de Burgos. Pero son irreales. Explica Enriqueta Barranco, profesora de Ginecología de la Universidad de Granada, que «al principio de la píldora anticonceptiva, ésa se rechazaba si no tenían la regla», por lo que los investigadores «se estuvieron rompiendo la cabeza hasta encontrar una forma de que las mujeres sangraran todos los meses».

Rey cree que la decisión de provocar una regla artificial se tomó «para evitar críticas sobre que los científicos estaban eliminando la menstruación de las mujeres». No obstante, según explican los expertos, tales críticas no habrían sido justas, porque, dado que la mujer no está ovulando, no necesita tener la regla: «Puedes pasarte años sin sangrar y eso no es ni bueno ni malo», sostiene Barranco. Pasadas ya varias décadas desde que la anticoncepción hormonal llegó a nuestras vidas, «la cultura de la amenorrea [ausencia de menstruación] irá creciendo, porque las mujeres van a ver que no hay ninguna complicación porque no haya una regla, ya que no hay endometrio que descamar», opina Rey.


Una medicalización excesiva


La anticoncepción hormonal es usada recurrentemente para regular la periodicidad en los ciclos de las mujeres. Sin embargo, Barranco se muestra contraria a esta práctica: «basándonos en que teníamos que tener ciclos cada 28 días, las mujeres hemos sido sometidas a una medicalización excesiva», dice esta ginecóloga, quien defiende que hay diferentes mujeres, y por tanto, diferentes reglas. «Si no sangras cada 28 días, pues sangras cada 40, y ése es su ciclo», sostiene.

«Menstruar con dignidad», exclama el investigador Calum WilsonSmith, presente en las últimas jornadas de la Sociedad para la Investigación del Ciclo Menstrual, al igual que Emily WilsonSmith, también investigadora, que presentó allí su investigación a punto de publicarse La gestión de la higiene menstrual y el sistema de de derechos humanos internacional, un ciclo vicioso de silencio. Según este informe, que las mujeres no puedan hablar de su herida "afecta a su vida sin importar el país".

«Cada persona que menstrúa tiene derecho a tener todo el conocimiento y todo el material que le asegure que va a menstruar con dignidad.

La menstruación necesita ser considerada como un derecho debido al al impacto que tiene en la salud, la educación, el empleo y la no discriminación por función de género», reclaman.


Publicado en ‘EL MUNDO’, Salud 01/07/2015
Autoras: REBECA YANKE / CLARA MARÍN


jueves, 13 de agosto de 2015

“Ni siquiera me acuerdo de que el sexo existe”


Los asexuales exigen no ser estigmatizados, pero surgen las dudas sobre su conducta.     ¿Es sano renunciar al placer?


Vivimos en una sociedad en la que las marcas limítrofes del amor, el sexo y el romanticismo se confunden entre ellas, dando lugar a lo que, arquetípicamente, compone un tándem perfecto dentro de las relaciones de pareja. Sin embargo, existe quienes se desmarcan de la fórmula, decidiendo vivir sin el placer venéreo (relativo a Venus, que no al contagio). Se hacen llamar “asexuales”, y forman un movimiento compuesto por hombres y mujeres de diversas nacionalidades, que reivindican el derecho a vivir sin sexo sin ser por ello estigmatizados socialmente. Aún hay pocos estudios al respecto, pero según Journal of Sex Research, un 1% de los británicos pertenecen a este colectivo.

El precursor de esta corriente asexual es Anthony F. Bogaert, académico de la Universidad canadiense de Brock, y especializado en los estudios de sexualidad humana. Sus publicaciones, especialmente el libro Understanding Asexuality, han ayudado a miles de personas a comprenderse mejor a sí mismas en lo que concierne a su impulso sexual o a la carencia de este. Su obra es un manual de referencia.

“La asexualidad se define como una falta persistente de deseo sexual hacia los demás”, dice el autor. Incluso hay quien lo señala como la cuarta opción, después de la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad. “Aunque la renuncia a la actividad sexual se trata de un acto volitivo, al igual que el celibato, no existe en ella el componente de la abstención vinculado a la religión”, prosigue Bogaert.

Esta elección personal genera una “identidad propia”, a la que se adhieren un gran número de personas que, hasta hace pocos años, no encontraban una explicación a lo que, aún hoy en día, se juzga y castiga socialmente con la incomprensión.

Afortunadamente para los asexuales, existe AVEN (del inglés, Asexual Visibility and Education Network), una comunidad internacional donde se pueden expresar sin miedo y en la que sus más de 100.000 miembros luchan activamente por la aceptación social. Además de constituir la mayor presencia online de este colectivo, AVEN proporciona recursos en investigación sobre la temática, favoreciendo la integración de estas personas.

Según afirman, los asexuales tienen las mismas necesidades emocionales que los demás y por ello son capaces de intimar con sus semejantes, aunque lo harán de una forma no sexual. Asimismo se sienten realizadas como personas y no se pierden ni renuncian a nada, en la medida en que no sienten ese impulso sexual primario hacia los demás.

Sin embargo, no todos los profesionales piensan igual. Por su parte, Pere Font, sexólogo y director del Instituto de Estudios de la Sexualidad y la Pareja, de la Universidad de Lleida, explica cómo ser asexual se relaciona con concepciones de la sexualidad muy concretas: “Las personas asexuales o con bajo nivel de deseo no acostumbran a valorar la intimidad sexual, el placer erótico u otros aspectos de la sexualidad como algo estimulante, sino todo lo contrario”. Ante la pregunta de si se puede vivir sin sexo, el experto responde que es, efectivamente, muy posible, si bien no deja de suponer una renuncia a algo que la mayoría encuentra placentero: “Se puede vivir sin sexo de la misma manera que se puede vivir sin música. También podría afirmarse que se vive peor en la medida en que ciertas experiencias enriquecen la vida humana. No son imprescindibles, pero aportan calidad y esplendor a la vida”, responde el experto.

No obstante, la falta de deseo no ha de interpretarse como un problema, según explica Font, salvo en los casos en los que se observe un cambio en la conducta sexual, que no se justifique ni busque, o que obedezca a situaciones farmacológicas o de estrés personal. “En esa situación, se hablaría de un deseo sexual inhibido, cuyo diagnóstico es muy identificable en la sexología y tiene un tratamiento conocido”, narra.

Otra sombra de sospecha que planea sobre la asexualidad tiene que ver con aquella programación genética por la que tendemos a reproducirnos con el fin biológico de transmitir nuestros genes. Pero cabe recordar que como especie, vamos más allá de las necesidades básicas, y las convertimos en recursos para el placer en la relación. “Así como llevamos la necesidad de comer a la gastronomía, trasladamos la de reproducirnos al erotismo. En general, el deseo sexual está muy vinculado al impulso de conseguir placer”, aclara el sexólogo. “A no ser que alguien hable de sexo delante de mí o vea en la tele a una pareja haciendo el amor, ni siquiera me acuerdo de que existe. No está en mi mente. Es como si alguien te recuerda un objeto que perdiste hace años y ya no recuerdas. ‘Ah, sí, eso’, dices. Y vuelves a olvidarlo. El sexo no me ofende. Y no me parece mal que otros lo practiquen. Simplemente me es totalmente indiferente”, detalla una usuaria asexual en el foro de AVEN.

Sexo sí, rosas no


Al igual que algunos no experimentan deseo, el arromántico no siente atracción romántica por otras personas. Será capaz de amar, aunque se parecerá más al afecto que solemos destinar a familiares o amigos.

Aunque el amor romántico es difícil de definir, está muy vinculado a la idealización del otro a través del enamoramiento y a la distorsión de la realidad a la hora de percibir al ser amado. El propio Ortega y Gasset aportó sus tesis al respecto: “un estado anómalo de la atención”, “un estado inferior del espíritu” o "una imbecilidad transitoria”. El arromántico no es víctima del hormigueo ni de las mariposas en el estómago, pero sabrá lo que es el impulso sexual: su carencia de sentimentalismo no le incapacitará para mantener relaciones de cama.

A lo largo de la historia ha habido algunos personajes asexuales o arrománticos a los que no se les ha conocido pareja ni interés de este tipo por otras personas. Una de ellas es el científico Isaac Newton, de quien se sospecha que era asexual, aunque pudiera ser, sencillamente, debido a un carácter reprimido, derivado de su gran puritanismo. Otra figura declarada como tal es el escritor e ilustrador estadounidense Edward Gorey, quien profesaba, en cambio, un amor incondicional a sus gatos, algo que manifestaba en sus propios dibujos. En cualquier caso, ambos estuvieron solos, potenciando (no hay mal que por bien no venga) una frondosa creatividad. 

Los presos, un encuentro íntimo al mes


En ocasiones, la falta de sexo es una imposición. Y si no, ahí tiene las cárceles, hoy pobladas por tantos nombres célebres (y los que están por venir). Para ellos, igual que para los anónimos, existe idéntico sino: reducir la frecuencia de su actividad sexual a un encuentro íntimo al mes. Estos actos, producidos sin la presencia de funcionarios de prisiones y con el fin de mantener relaciones sexuales, tienen una duración variable de, como mínimo, una hora, y popularmente se conocen como vis-à-vis, expresión proveniente del francés antiguo y que significa ‘cara a cara’. El número de visitas está regulado por el Reglamento Penitenciario, en el Capítulo 4 del título II, que establece “un máximo de dos comunicaciones (una íntima y otra familiar) al mes”. Si bien es cierto que existen centros no acondicionados para este fin, “con carácter extraordinario, los convictos pueden conseguir alguna otra visita como recompensa y con motivos debidamente justificados”. ¿Es suficiente? “Personas con un bajo impulso sexual o con alto grado de autocontrol podrán pasar mejor su estancia en prisión que personas con un alto impulso. También dependerá de si el reo mantenía una relación estable al entrar, o de si su sexualidad tenía un ritmo inconstante”, explica Pere Font. El sexólogo también afirma que, en circunstancias excepcionales, “algunas personas disminuyen su deseo sexual, y es como si lo apagaran hasta que vuelve a ser posible su reactivación”. Esta asexualidad temporal obedece a temas de adaptación.


Publicado en “EL PAÍS”, Buena Vida.
Autora: PATRICIA PEYRÓ JIMÉNEZ