martes, 22 de septiembre de 2015

CURSO "MEDIACIÓN EN IGUALDAD Y VIOLENCIA DE GÉNERO"


Mas información en nuestra página web:
http://www.sexpol.net/educacion/educaci%C3%B3n-en-la-igualdad.html

LA INFIDELIDAD NO SIEMPRE ES MALA: CÓMO EL ADULTERIO PUEDE MEJORAR TU RELACIÓN DE PAREJA.


En estos últimos tiempos está de moda todo lo relacionado con la innovación en las prácticas sexuales de las parejas. Aunque exista todavía una visión predominante más tradicional, lejos quedan los tiempos en los que se veía como temas tabú el sadomasoquismo, la infidelidad u otras prácticas sexuales alejadas del sota, caballo y rey más habitual. Es muy posible que la explosión de fenómenos como 50 sombras de Grey hayan influido enormemente en esta nueva concepción de las relaciones en pareja, pero la realidad nos muestra que cada vez son más los casos de parejas que se liberan de esa losa de prejuicios y no temen en innovar en sus prácticas íntimas.
Durante mucho tiempo, el sexo era un aspecto oculto en las relaciones de pareja y las conversaciones sobre este placentero campo solo se reducían a los momentos previos y postcoitales. En cambio, actualmente es muy habitual ver cómo muchas parejas consideran tremendamente importante la felicidad sexual, al margen de la visión más abierta o cerrada que tengan sobre su relación, tal y como indican en Alternet.
Muchas terapias de pareja están introduciendo la innovación sexual como medio de solución a los problemas. Por tanto, es posible que puedan ayudar a las relaciones algunas actuaciones que antes se veían como algo negativo. Una de ellas es, sorprendentemente, la infidelidad. Está claro que los cuernos han supuesto infinitos conflictos y rupturas, pero terapeutas como Esther Perel opinan que el adulterio es de lo más común. Perel indica en una charla TED que a ella le gusta hablar de aventura porque es algo secreto, con una conexión emocional, más o menos grande, y con una fuerte conexión sexual.
Estos actos pueden suponer una experiencia traumática, puesto que pone en duda la opinión que tenemos de nuestro propio yo, como un gran amante, buena pareja y mejor padre. Pero las personas cada vez tienen mayores intereses, ganas de innovar y vivir experiencias nuevas, por lo que es muy posible que busquen esas vivencias fuera del matrimonio, ya que tal y como indica Perel, es imposible que el funcionamiento de este sea absolutamente perfecto.
Por qué el adulterio puede ser positivo
De este conflicto entre las creencias y el comportamiento, también habla el psicoterapeuta Shannon Sennott, que opina que cada vez más personas acuden a este tipo de clínicas porque necesitan que no se les estigmatice ni se les culpe por sus comportamientos o por ver atractivas a otras personas. Sennott cree que está habiendo un cambio en el comportamiento de las parejas, puesto que quieren introducir nuevas prácticas sexuales en su vida. Esta misma idea la defiende Tammy Nelson, que señala en The New York Times cómo se están cambiando muchas de las normas establecidas respecto a las relaciones de pareja y el sexo. E, incluso, la propia Perel llega a decir que el adulterio puede influir positivamente en una relación, ya que abre la puerta a hablar honesta y profundamente sobre los intereses y pasiones sexuales de los miembros, más allá de los prejuicios iniciales que a veces existen en una pareja.
El fracaso de muchas parejas al final llega por no conocerse entre ellos, más que por el simple acto de la infidelidad
Es cierto que una relación debe construirse a partir de verdades y esto no debe escaparse en el sexo. Todo el mundo, en mayor o menor medida, puede tener gustos sexuales alejados de lo que puede considerarse normal, por lo que es necesario pararse a hablar sobre estos gustos y buscar un punto de entendimiento. Por estos motivos, Sennott en sus terapias siempre pide que los clientes cuenten su historia sexual e intereses más ocultos, puesto que es necesario abrirse sexualmente pare poder disfrutar realmente de este placer.
El problema es que muchas personas, y parejas, no saben lo que les gusta y lo que no les gusta, porque no están acostumbrados a pedir, ni que les pidan y nunca se han sentado a hablar honestamente, indica Sennott. Por estos motivos, muchas relaciones se estancan, ya que no innovan, no buscan lo que quieren y la cama se convierte en el espacio más monótono de la casa. Perel en cambio, señala que hay que diferenciar entre la perspectiva del dolor y la traición del proceso de autodescubrimiento o conocimiento de nuestra pareja. Al fin y al cabo, el fracaso de muchas parejas al final llega por el desconocimiento mutuo, más que por el simple acto de la infidelidad
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jueves, 17 de septiembre de 2015

CUANDO EL NO ES NO: POLÍTICAS DEL CONSENSO SEXUAL EN LA ERA DE LAS APPS.


Imagina la escena: estás en medio de una apasionante sesión de besos con la persona que más deseas, la ropa está cayendo a su alrededor, la respiración de ambos se acelera… De pronto, el o ella hace una pausa abrupta. “Espera”, te dice. Y saca su smartphone. Justo cuando creías que ibas a ser la estrella de un video porno amateur, él o ella toma un pequeño video de sí mismo: dice su nombre, el tuyo, y unas palabras con las cuales acepta consensualmente tener relaciones sexuales contigo; claro, no dice exactamente cómo ni cuántas veces, ni siquiera dice que le gustes demasiado (probablemente serás sólo un acostón de una noche y mejor superarlo rápido), pero el sentido es claro: tu pareja de esta noche tiene instalada una de las apps que graban el permiso explícito de una persona para tener sexo con otra. Luego te pedirá que hagas lo mismo.

Un escenario así puede parecer risible, pero es justo lo que apps como We Consent o Good2Go están haciendo para marcar sin lugar a dudas la delgada frontera entre el consentimiento sexual y las atribuciones unilaterales que transforman a un amante en un violador, según quién cuente la historia. Cada parte da su aceptación o negación (produce o niega el consentimiento), y sólo la aceptación de las dos partes produce la palabra mágica: consenso.

Tomemos un caso muy sonado en nuestros días, el del actor de televisión Bill Cosby; a pesar de que durante años mantuvo una imagen pública de padre ejemplar y encarnación de los buenos valores monógamos, Cosby fue acusado de abuso sexual hace 10 años. Las declaraciones del actor fueron mantenidas en secreto hasta que el New York Times las hizo públicas. En un interrogatorio de 4 días, el actor aceptó ser un seductor nato, que ocasionalmente (i. e. casi siempre) utilizaba su fama, influencia, la mentira pura y dura y también fuertes sedantes para llevarse a la cama a jóvenes aspirantes al mundo del estrellato.

A pesar de que no se considera un violador, Cosby puso en palabras lo que seguramente muchos violadores pensaron sobre sus técnicas de seducción antes de ser denunciados por la policía: “Creo que puedo leer a la gente y sus emociones bastante bien en este asunto romántico y sexual, como sea que quieran llamarlo”-

Otro caso fue el del activista y fundador de WikiLeaks, Julian Assange, que fue acusado de violación en una corte sueca, aunque él asegura que todo ocurrió de manera consensuada. 

Pero si creen que una app donde cada participante exprese su consentimiento es demasiado excesivo, antisexy y contrario al más básico sentido común, vale la pena recordar una estadística del Reino Unido (que ha lanzado también una campaña nacional de educación sobre el consenso y las relaciones sexuales, especialmente en estudiantes), la cual indica que una de cada tres estudiantes universitarias ha sido violentada o acosada sexualmente.

La situación en México es alarmantemente peor. Se estima que en el país ocurren unas 112 mil violaciones al año, de las cuales apenas 14 mil son denunciadas, y menos de 3 mil derivan en condenas para los perpetradores. Según datos de Amnistía Internacional, esto indica que sólo uno de cada 21 casos de violación tiene consecuencias legales, aunque entre siete y 26 de cada 100 violaciones terminen en embarazos no deseados.

Políticas del consenso sexual
Se dice que alguien de 17 años puede tener sexo consensual, pero ni siquiera un anciano como Bill Cosby puede explicar claramente qué es o en qué consiste dicho consenso. El consenso puede entenderse como un contrato verbal o no donde dos (o más) personas acuerden tener relaciones sexuales entre ellas. Proponer el uso de apps puede parecer radical, pero universidades como Oxford y Cambridge ya aplican cursos obligatorios sobre consenso sexual para los estudiantes de primer ingreso, y leyes como el Affirmative Consent Project en Estados Unidos pretenden llevar la iniciativa al terreno legislativo.

Una campaña canadiense llamada ‘More Than Yes’ coloca el consenso en estos términos: “El consenso real es mutuo y seguro. No sugerido, frágil, dudoso o temeroso. Nunca es incierto, asumido o silencioso”. En otras palabras, no hay manera correcta o incorrecta de “leer a las personas”, ni de interpretar inciertas señales de su parte. El consenso incluso puede dar lugar a dudas: si alguno de los participantes decide retirar su consenso, esto también entra en la órbita del consenso; aunque lo percibamos como un contrato, el consenso sexual no obliga forzosamente a una persona a llegar al final de una relación sexual. Dicho de otra manera, podríamos decir que el consenso es aquello que siempre se está decidiendo, y que permite un rango de acción mientras la otra persona no lo retire expresamente.

¿Por qué es tan difícil, entonces, ponerse de acuerdo en que sí es sí y no es no? Sabemos que las relaciones sexuales deben darse entre adultos (aunque cada legislación es diferente y algunas consideran sujetos de consenso a los chicos de 16 o 17 años, de otro modo estaríamos hablando de pedofilia), dentro de un contexto de comunicación interpersonal (todos los idiomas tienen maneras de expresar sí y no), y si la persona no puede comunicarse y afirmar su consenso, también estamos hablando de abuso y violación.

El blog Philosophical Disquisitions publicó una interesante semblanza del consenso en uno de sus aspectos más prácticos y más discutibles: el consenso bajo intoxicación –alcohólica, por ejemplo. Digamos, si una persona que ha ingerido alcohol, drogas o medicamentos que interfieran con su juicio y percepción de su entorno acepta tener relaciones sexuales con otra, ¿está realmente consintiendo? El caso es interesante porque mucha gente se arrepiente a la mañana siguiente de haber dado su consenso la noche previa –pero no todos los casos terminan en una demanda por violación.

Stephen J. Schulhofer, uno de los impulsores de leyes contra la violación, insiste en que una ley que incite a declarar el consenso sexual sin lugar a dudas podría reducir drásticamente las incidencias de delitos sexuales, como ocurre con las leyes de tránsito: “Aunque millones de personas conduzcan a más de 65 millas por hora a pesar del límite establecido de 55, la ley sigue salvando vidas. En tanto la gente sepa cuáles son las reglas de tránsito, la gran mayoría va a respetarlas”.

Existen muchas más vertientes en este asunto de las que podríamos abordar en un breve post. Sin embargo, mientras las leyes se ponen de acuerdo acerca de su mejor aplicación, es responsabilidad de cada uno de nosotros (hombre o mujer, hetero, homo o polisexual) dejar perfectamente claro que queremos tener relaciones con otros, y aún más claro cuando no lo deseamos. Un ‘sí’ debe ser tan firme como un ‘no’. No importan los motivos (el investigador Alfred Kinsey llegó a diferenciar casi 300 razones por las que la gente tiene sexo consensual, el aburrimiento es uno de ellos), sino que la aceptación y el rechazo sean establecidos claramente.

lunes, 14 de septiembre de 2015

COMO LIDIAR CON LA INFERTILIDAD EN PAREJA.


La infertilidad es una enfermedad dolorosa que, según un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud en 2012, afecta a unas 48.5 millones de parejas a nivel mundial. En Argentina, se estima que hay alrededor de 600.000 parejas en esta situación. Sin embargo, las consecuencias psicológicas para hombres y mujeres son distintas, y estas pueden llegar a afectar la vida en pareja.

Para contarnos más sobre cómo lidiar con esta enfermedad, desde MDZ Femme consultamos a la Lic. Ana Mazzoni, psicóloga especialista en estrés y fertilidad.

Para empezar, la Lic. aclaró que:

"La infertilidad es de la pareja, independientemente de quién tenga el factor de infertilidad. Sin embargo es claro que cada uno lo vivencia de manera diferente. "
Según Mazzoni, si bien cada pareja es un mundo y los roles pueden variar, hay ciertas generalizaciones que se pueden hacer según las diferencias de género: "Las mujeres tienen mayor contacto con su mundo interno y perciben mejor los cambios anímicos de los demás. Buscan comunicarse más, por lo que pueden mantener conversaciones largas sobre su intimidad. Pueden hablar mucho tiempo de los que sienten y lo que les sucede. 
"Ellas encuentran un permiso cultural a expresar sus emociones, cuestión muy diferente en los hombres".
Por su parte -añadió Mazzoni- "los hombres están más orientados hacia el afuera que a su mundo interno. Frente a un problema buscan soluciones rápidamente, más que hablar mucho sobre ellos. Les es más fácil hablar de temas sociales que de su propia intimidad. Y culturalmente también se les ve más facilitado ayudar a otros, que expresar sus propias emociones".
En la infertilidad, muchas veces, la mujer se posiciona como la portavoz de los sentimientos y emociones de la pareja, mientras que los hombres se posicionan, usualmente, como los sostenedores de las mujeres, intentando aliviarlas aunque muchas veces no lo logran.
La infertilidad es percibida como una amenaza tanto por las mujeres como por los hombres, con la diferencia de que las mujeres la vivencian como amenaza a su identidad -por el mito mujer=madre, entre otras razones- mientras que los hombres sienten amenazada la relación -por el proyecto “hijo” que no puede llevarse a cabo-. Es decir, ambos se ven afectados pero de manera diferente. Para la Lic., "estas disparidades deben ser comprendidas e internalizadas por ambos, para acompañarse lo mejor posible en el largo camino que caracteriza a la infertilidad". 

La sexualidad durante el tratamiento

Para Mazzoni, "socialmente la mujer está expuesta a presiones del tipo: “Se te pasa el tren”. Frases como estas hacen mella en la psiquis de las mujeres, estén o no buscando un hijo. Por su parte, sobre los hombres recaen otro tipo de presiones, por ejemplo, “deben estar siempre listos en todo momento”, y en el periodo ovulatorio más que nunca. “Deben” tener relaciones sexuales, estén cansados, preocupados, se hayan peleado con el jefe, estén en un examen, se tengan que ir de viaje de trabajo, etc".
Las relaciones sexuales programadas y los tratamientos de reproducción asistida en general, afectan la sexualidad de la pareja, ya que estas pasan a tener relaciones sólo para tener hijos o no. La sexualidad por placer es muchas veces suprimida directamente durante largos periodos de tiempo.
La infertilidad es un estresor crónico para la pareja que genera mucha tensión en la misma, pero también puede ser una crisis de la cual resulten resilientes y los beneficie positivamente como individuos y como pareja.

El rol del hombre durante el proceso

"Durante el tratamiento de infertilidad, las mujeres exponen su cuerpo a prácticas médicas invasivas, sea quien sea el que tenga el factor de infertilidad", resalta Mazzoni. "Ellas vivencian que su cuerpo es invadido, por hormonas, prácticas quirúrgicas, y demás, lo cual afecta más su estabilidad emocional y su percepción de amenaza o peligro". 
Sin embargo, esto también tiene consecuencias para los hombres: "Ellos se sienten impotentes ante esta situación que no pueden cambiar. Y si el factor de infertilidad es sólo masculino pueden surgir sentimientos de culpa en él, del tipo “…a ella le hacen de todo porque yo soy un infértil”, añade la Licenciada. 

Algunas recomendaciones para los hombres
  • Involucrarse más en el tratamiento de reproducción asistida. Ir juntos a los médicos, a hacerse los estudios, etc. Ayudar en la administración de medicamentos. Hacer los trámites administrativos en general.
  • Ir juntos a buscar la beta (test de embarazo). Si el resultado es telefónico, hablar juntos por teléfono con altavoz.
  • Hablar sobre sus emociones. Esto puede ser un gran alivio para ambos. Si un hombre le expresa a la mujer que él está triste, frustrado, impotente… Para él será liberador y la mujer se dará cuenta que no está sola en sus emociones y se sentirá más acompañada. Ella ya no será la única portavoz de las emociones y él tampoco se rigidizará en el lugar del sostenedor.
  • No intentar ofrecerle soluciones a la pareja. Sólo escucharla y expresarle comprensión de su dolor, rabia, impotencia, con palabras, abrazos, caricias.
  • Comprensión de los efectos de la medicación en las emociones de la mujer. Las hormonas que se usan en los tratamientos producen inestabilidad emocional (irritabilidad, tristeza, etc), es decir, generan una verdadera montaña rusa emocional.
  • No tomarlo como algo personal.
  • Enfrentar juntos la infertilidad como equipo y no individualmente
  • Hacer juntos alguna actividad placentera que los desconecte de lo que los aqueja. Por ejemplo, irse una tarde o un fin de semana a un spa juntos.
  • Tomarse periodos de descanso de la búsqueda y retomar la sexualidad por placer. En este periodo es recomendable cuidarse con preservativo para liberarse de la expectativa de quedar embarazados.

lunes, 7 de septiembre de 2015

¿EL PORNO PROVOCA IMPOTENCIA?


No toda pornografía es mala, señalan los expertos; todo depende de su uso y sus fines. Sin embargo, son muchos los estudios que han relacionado un consumo determinado de pornografía en jóvenes y adolescentes con futuros problemas erección. Pero no existe aún una clara evidencia científica como constatan los expertos. Asociar estos problemas con juventud no es algo tan escandaloso como se piensa. La disfunción eréctil (DE), más conocida como impotencia sexual, no sólo es cosa de la edad, ya que uno de cada cuatro hombres con este problema es menor de 40 años, según confirmó un estudio europeo.

En España, la DE afecta a más de dos millones de varones, y a pesar de que no hay cifras concluyentes en población joven, se estima que entre un 5-10% de los hombres con este problema es menor de 40 años. Uno de los factores de riesgo de esta disfunción es la edad, pero en otros casos, ¿qué puede haber detrás de los problemas de erección? ¿Pueden radicar en el consumo elevado de pornografía como han afirmado algunas investigaciones?

Diversos estudios han sugerido una relación directa entre el consumo de pornografía y futuros problemas de erección, dando como razón principal que este tipo de contenidos puede llevar a interpretaciones equívocas de cómo son realmente las relaciones sexuales. Un ejemplo de estos estudios es el realizado en 2013 por investigadores de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y publicado en la revista The Journal of Sexual Medicine. El trabajo revelaba que, efectivamente, existía una asociación directa entre el consumo de pornografía y los futuros comportamientos sexuales de los jóvenes, pero advertía de que éste era sólo un factor más.

Sin embargo, no todos los estudios han llegado a las mismas conclusiones. Un reciente trabajo, publicado el pasado mes de mayo también en la revista The Journal of Sexual Medicine, mostraba en cambio que no existe relación alguna entre el consumo de pornografía y los posibles futuros problemas de erección: «La evidencia empírica para dicha asociación carece actualmente de fundamento», afirmaban en el documento los autores del estudio, investigadores del Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Zagreb (Croacia).


Para el doctor Eduardo García, urólogo del Hospital Clínic de Barcelona, «no existe una relación científica entre el uso de pornografía y la aparición de problemas de erección». Y añade que algunos estudios epidemiológicos han sugerido que llevar estilos de vida poco saludables, el abuso de sustancias, el estrés, la depresión y la desinformación son los factores que de manera más probable se encuentren detrás de las disfunciones sexuales masculinas.

Por su parte, el psicólogo experto en sexualidad y pareja, José Bustamante, vicepresidente de la Asociación de Especialistas en Sexología y autor del libro ¿En qué piensan los hombres?, afirma que «un uso compulsivo y exclusivo de pornografía sí puede llegar a generar interferencias en la respuesta sexual, tanto dificultades para controlar la eyaculación como impotencia». Sin embargo, este especialista matiza que no es que haya una relación directa entre ver pornografía y sufrir disfunción eréctil, «en realidad no depende tanto de verla o no sino del tipo de pornografía y, sobre todo, de la manera en la que se consume».

Miedo a fallar

También el objetivo con el que se consume y las ideas asociadas influyen. Es decir, «cuando alguien visualiza contenido pornográfico de manera casi diaria, buscando una excitación muy rápida para -también de manera rápida- masturbarse y lograr el orgasmo lo antes posible, es lógico que pueda tener dificultades para disfrutar del sexo de una manera distinta. En el momento en que tenga una relación donde la excitación sea más lenta y tratando de controlar la inminencia eyaculatoria, puede tener problemas», explica este profesional.

La mayoría de los casos que aparecen en consulta están vinculados con «el miedo a fallar», afirma Bustamante. En muchas ocasiones, el gatillazo sucede tras uno o varios episodios en los que se ha perdido la erección por el consumo de alcohol, cansancio o por forzarse a tener una relación que en realidad no les apetece. De este modo, «ese primer episodio supone para muchos hombres la incorporación en el universo de que es posible que no tengan una erección. Y este hecho puede acompañarles al siguiente encuentro, y hacer que la ansiedad tome el control y la atención se centre en la respuesta de su pene en vez de hacerlo en los estímulos eróticos», afirma el profesional.

«El enemigo principal de la sexualidad masculina es la asociación del sexo con un test que mide su virilidad, que les pone delante de la posibilidad de coronarse como una especie de semidiós o caer a la categoría de desecho», insiste el especialista. En este sentido, recuerda, el conocimiento es muy importante. Da igual que las primeras veces no vayan bien, lo importante es el afrontamiento de esa situación y no añadir más ansiedad. No ver las relaciones como un examen o una forma de ser más o menos hombres. Todo ello son ideas erróneas y preconcebidas que no hacen más que prolongar el problema. «Si no se afronta de manera adecuada, cada relación sexual se convierte en un test; y como me gusta decir a mis pacientes: 'Si te presentas a una relación sexual como a un examen: lo siento, ya has cateado'», afirma Bustamante.

Por ello, lo más importante es la educación sexual que se reciba. «Todavía me sorprendo de la cantidad de errores y prejuicios que tienen los jóvenes sobre la sexualidad; muchos de ellos no tienen un referente real que les cuente de verdad qué es la sexualidad y cómo son las relaciones sexuales», reflexiona el doctor García. Y la pornografía parece que no ayuda en la aceptación de una sexualidad normalizada.
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viernes, 4 de septiembre de 2015

¡NO NOS OLVIDEMOS DEL SEXO!

 

Publicado en Revista SEXPOL, Revista de Información Sexológica, Número 116 (2015)

Autoría: Lucía Sánchez

 

 La sexualidad es una dimensión más de la estructura psicológica humana


Es sorprendente que aún hoy en día sea tan escaso el tratamiento que se da al área de la sexualidad desde la educación formal, en los colegios e institutos de este país. Pero es que en el resto de estamentos sociales, tampoco encontramos, como generalidad, como normalidad, un tratamiento natural, respetuoso, y abierto en torno a todo lo que se relacione con sexualidad.

Desde luego es muy evidente que se ha avanzado mucho y muy rápidamente si tenemos en cuenta la lentitud e incluso paralización de tantos años atrás. Ya se habla de sexo como un tema más en conversaciones habituales en la vida diaria. Hay programas informativos y formativos a nivel institucional. Hay interés en general por conocer más. Pero tengo la sensación de que este tratamiento no es general. Hay grupos sociales en un extremo y en otro y muchos más en diferentes puntos intermedios.

En mi vida cotidiana me relaciono, como cualquiera de nosotros, con muchas personas, con las que tengo distintos niveles de confianza: trabajo, vecinos, amigos, antiguos amigos, familia, hay personas de diferentes edades, con distintos niveles culturales y objetivos personales. En cada uno de estos contextos hay una variabilidad tremenda en las visiones que transmiten de su relación personal con la sexualidad. Y tengo ejemplos en mi cabeza que representan auto represión, desinformación, distorsiones diferentes, naturalidad… en fin, de todo.

Y eso es lo que me sorprende, que aún haya desinformación y actitudes negativas hacia lo sexual, aunque sea solo en algunos sectores. Me parece particularmente llamativo el caso de algunos grupos de gente más joven que con información escasa y distorsionada emplean el sexo como moneda de cambio para rebelarse, sentirse integrados, modernos o cubrir determinadas carencias emocionales individuales o familiares, por ejemplo. Además de los riesgos de las enfermedades de transmisión sexual, se produce una visión muy utilitarista del sexo, reduccionista, quitándole todo su carácter comunicativo y de bienestar personal, de placer y expresión del sí mismo.

Y todo esto ocurre cuando ya está más que demostrado y aceptado desde la sexología, la medicina, la psicología, la sociología… el carácter beneficioso y enriquecedor del sexo, cuando ya todos sabemos de sobra que es algo natural que forma parte de nosotros mismos y no es sensato ni justo ni sano reprimirlo o coartarlo. Que meter actitudes negativas de sufrimiento, suciedad, antinaturalidad etc., es  lo mismo que hacerlo con la persona misma en el resto de áreas que conforman su forma de ser, es decir, que es absolutamente perjudicial un tratamiento distorsionado y que, al contrario, su tratamiento natural, como una parte más de la persona, es beneficioso para el desarrollo de todas sus potencialidades, siendo un aspecto más de su bienestar y por tanto, de su felicidad.

Desde los medios de comunicación, desde los programas de formación sexual de 3 días en horario extraescolar de los colegios, desde los mensajes que se lanzan en tertulias televisivas, etc., se lanzan en muchas ocasiones mensajes nocivos en cuanto a una perspectiva distorsionada, reduccionista o como algo externo a la persona misma.

Una perspectiva más sociológica me lleva a considerar que quizás estas distorsiones, estos chistes machistas, estas risitas nerviosas son consecuencias de una pequeña rebeldía frente a los mensajes globales que recibimos de manera implícita desde estamentos “serios”: instituciones del estado, religiosas, educativas.  Y al final, tengo la sensación de que es en cierto modo, una negación social de una parte del individuo mismo, algo que, junto con el resto de áreas de su personalidad, creencias, actitudes, emociones…, etc., conforma un individuo  único y especial. Forma parte de las estrategias de control social, que permiten mantener el orden social: cada cosa en su sitio y a su tiempo, todo tranquilo y fuera individualidades, a más homogeneidad, menos problemas (a nivel social, porque a nivel individual es justo al revés…).

Y es que parece que todo apunta a que son justamente las áreas más íntimas y personales, aquellas que más nos definen como nosotros mismos, que son producto y realización personal y propia…, esas áreas son las que socialmente se obvian, se dejan a una especie de “desarrollo espontáneo”, y que cada cual salga de su lío como pueda.

A nivel social, aún queda por cumplir el objetivo de que la sociedad al completo, desde políticos a empresarios, trabajadores y parados, jóvenes y viejos, todos, comprendamos la importancia fundamental del desarrollo de competencias básicas en los niños y jóvenes: habilidades sociales, comunicación, negociación, gestión del tiempo, solución de problemas, inteligencia emocional... Y aunque cada vez esta perspectiva va ganado terreno y se va haciendo ya muy evidente su importancia, no se incorpora de manera general a los planes de estudio como algo realmente básico, prioritario…

No vamos a decir que conocer la historia de Felipe II, por ejemplo, no sea importante. Pero ya me contareis que hacemos con un niño tímido, introvertido, quizá con algún complejo, por ej., pero que se sabe de memoria la vida y hazañas de rey… ¿será feliz? La formación debe ser integral, porque las personas somos un todo integrado, no vamos por partes aisladas: conocimientos, actitudes, capacidades, método de trabajo, hábitos de reflexión y crítica constructiva, hábitos de salud… Lo más personal, lo más íntimo, lo más intrínsecamente nuestro, se deja a un lado, ya surgirá, se desarrollará o no, según los acontecimientos de la vida de cada cual, todo espontáneo, y por lo tanto, “natural”.

Sin embargo, sabemos por las investigaciones en neuropsicología, psicología social, psicología evolutiva…, que un apropiado desarrollo emocional permite a la persona enfrentarse a su día a día con mayor eficacia. Sabemos por los estudios realizados en inteligencia emocional que si la parte emocional del sujeto no está bien establecida, se acaba traduciendo en problemas personales, y afecta incluso a la parte “más racional” de su personalidad. Si siento ansiedad o agobio, puedo tener problemas de memoria, lentitud de reflejos, fallos en mi ejecución intelectual habitual; si no me comunico con eficacia, provoco malentendidos que se traducirán según el tema de que se trate, en problemas de diversa índole, si tengo una autoexigencia personal exagerada, me convierto en un tirano de mi mismo y probablemente de los demás, con exigencias no realistas, que siempre acaban en una sensación de fracaso, identificando la tarea con la persona, si no sé poner límites para defender mi territorio personal en el área íntima, social, familiar,  me encuentro siempre expuesto a miradas que no deseo, me siento vigilado y juzgado, etc…

Esto es lógico, justamente por la interrelación de todos estos elementos, como decíamos antes. Por ejemplo, la autoestima: si está bien establecida en la persona, si esta persona se quiere de manera incondicional porque es ella misma y punto, tenemos una base para evitar y/o solucionar problemas de relación social, de establecimiento de objetivos realistas, de problemas en el área de sexualidad, de pareja, de desarrollo profesional… Y al mismo tiempo hemos de considerar que todos estos elementos no solo actúan de manera lineal, si no que lo hacen en sentido bidireccional y además todos se relacionan con todos, creando una red en la que los déficits a partir de un grado determinado sirven para empeorar las cosas y los niveles positivos, permiten solventar déficits. A ver, voy a intentar explicarme.

Un problema sexual se solucionará previsiblemente más fácilmente si la persona tiene recursos personales como una buena autoestima, información correcta, si confía en sí misma, si no “dramatiza”, si puede buscar posibles causas concomitantes, como una discusión previa con su pareja, o un nivel de estrés laboral elevado, o algunas cervecitas de más… Esto facilitará su enfrentamiento al problema sin que su “yo” se vea afectado. Su autoestima y su autoconcepto permanecerán intactos, sus habilidades de comunicación y asertividad se verán probablemente reforzadas, al mismo tiempo que las podrá utilizar en su propio beneficio… etc.

Nos ocupamos desde pequeños de potenciar nuestro desarrollo profesional, establecemos toda una estrategia para contar, en unos años, con un buen curriculum, que sea competitivo y nos permita desarrollar todas las capacidades intelectuales. El desarrollo personal, el crecimiento interior queda un poco más en la indefinición. Y quizá sea esta una razón por la que llega un momento en que necesitamos plantearnos objetivos personales. Porque al final todos perseguimos metas muy parecidas, queremos estar bien, ser felices, sonreír, disfrutar de la vida. Y resulta que la mayor parte del trabajo es interior y hay que planteárselo expresamente para no dejarnos llevar por las modas, en definitiva por lo que nos dicen los demás.

El tratamiento del sexo en todo esto sigue siendo especial. Especial en el sentido de diferente. Estamos de acuerdo en que el sexo mola. Pero tendemos a desligarlo del resto de cosas que hacemos, sentimos y pensamos a diario. Es un área aislada de nuestra vida. Vivir la sexualidad plenamente supone vivir nosotros mismos con plenitud. Somos todo. No somos partes. Una baja asertividad, por ejemplo, me puede acarrear problemas en mi vida sexual. Puedo llegar a no saber qué quiero, qué me gusta, que es lo que no quiero y no me gusta. Esto provoca dudas e inseguridad y en definitiva un profundo malestar en mi vida que dura mucho más de lo que duró el suceso que me provocó esos sentimientos: cuando no supe decir que no a algo, o no supe pedir algo en mi intimidad sexual con alguien a quien había elegido.

Otro ejemplo, este desde la terapia de pareja: los celos. Esa inseguridad. Ese miedo, fundado o no, a que me mientan. Tanto si hay razones para estar celoso como si no las hay, la persona que siente celos tiene que trabajar o reforzar algo en su estructura personal interna. ¿Por qué, si tengo razones, permito que esto continúe?, ¿Por qué, si no tengo razones, siento así? Y aquí podemos identificar otra cadena: autoconfianza, orden mental, ideas racionales/irracionales, distorsiones cognitivas o análisis lógico de las situaciones, control emocional… etc., que provocará más o menos dificultades en función de cómo tengamos entrenados cada uno de esos elementos. Y nuevamente, a mejores capacidades y actitudes mejores pronósticos.

Todos estos vectores que conforman nuestra estructura personal surgen y se forman y van tomando fuerza en la infancia y la adolescencia. Todos se pueden trabajar en la edad adulta. Pero es en los primeros años cuando se establecen y se arraigan fuertemente los principales elementos de personalidad y hábitos. De manera natural el niño va incorporando a su estructura mental, su manera de ver el mundo y su manera de percibirse a sí mismo y a su familia y amigos. Hace su primer esquema corporal, su primer mapa mental de su casa y su barrio. En la medida en que estas cosas se incorporen de manera natural, sencilla, realista, con grandes dosis de autoaceptación incondicional, el desarrollo en la pubertad y adolescencia será menos conflictivo. Y en la edad adulta los problemas o inseguridades diversas se solucionarán de forma más sencilla, más eficaz, sin grandes altibajos.

Si el niño tiene dificultades para establecer su mapa corporal, es decir, si cuando cierra los ojos no es capaz de imaginarse su cuerpo tal cual es, indudablemente va a repercutir en su vida sexual. Si, además de esto, recibe información sobre partes buenas y malas en su propio cuerpo, es decir, en sí mismo, la repercusión en su vida sexual es también evidente. Y en ambos casos su autoestima y autoaceptación, como elementos previos,  van a estar tocadas. ¿Y sus relaciones sociales? Ya  los problemas de lateralización en la infancia y pubertad provocan inseguridades en la infancia y pubertad… pues en mayor grado los esquemas corporales mal establecidos y/o enjuiciados negativamente.

De esta forma, encontramos que el niño aprende a relacionarse como puede con sus iguales. Y así va creciendo. Luego le irán pasando cosas que le permitirán ir avanzando (o no). Pero hay bastantes posibilidades de que encuentre dificultades en su acercamiento al sexo, a vivir su sexualidad como una faceta más de su personalidad, como un medio  de comunicación y bienestar, satisfacción, placer…, es decir de conceptuarse como un ser sexual y real, acorde a un esquema corporal real, el propio, y no un dibujo impersonal o una foto de un desconocido en el libro de ciencias naturales. Y aceptarse como es y apreciarse por ser él /ella mismo/a.

Las tradiciones, el nivel cultural, las creencias religiosas, los dogmatismos políticos, los intereses económicos o de poder de algunos estamentos, etc., han ido amalgamándose a lo largo de la historia y se han ido impregnando en el fondo de nuestros cerebros y personalidades. Las familias se encargaron de afianzar determinadas formas de ser y estar. Desde el estado, las empresas, las universidades, las iglesias, los colegios… y hasta las sociedades gastronómicas, se transmiten maneras formales, correctas, adecuadas…, de relacionarse con uno mismo y con los demás… Al final no nos queda otra, adaptarse o morir.

Pero en este proceso de adaptación hacemos un doble esfuerzo, uno interior, más o menos sincero, personal, íntimo y otro de cara al exterior, que cumple con los requisitos que se demandan socialmente para poder sentirnos integrados y parte de la sociedad en que vivimos. En general, parece que hemos aprendido a llevar bien este difícil equilibrio. Pero también conlleva un desgaste. A algunos les merece la pena, puesto que son caminos ya muy bien trabajados y se trata de dejarse llevar. Se maneja el doble juego: sé lo que tengo que hacer y decir según el contexto en que me encuentre y en mi intimidad puedo seguir ese canon, o no, como yo quiera, no necesito mantener una coherencia. A otros, les puede llegar un momento en la vida en que no quieren seguir jugando a dos bandas, en que les apetece vivir su vida plenamente y desarrollar la complejidad de áreas que forman la estructura interior de una persona. Les apetece expresar su manera de sentir y vivir con coherencia.

En todo este proceso el control de la faceta sexual de los individuos permite conseguir un orden social, a expensas de coartar la expresión de la propia individualidad. Por eso es el individuo el que se rebela, al menos en la etapa de adolescencia, o las asociaciones civiles, grupos de ciudadanos más o menos organizados con un objetivo común. Cuando se consigue llegar a un estamento social, que al fin y al cabo también está constituido por personas, es cuando se produce un pequeño cambio. Entonces es cuando hablamos de que la sociedad empieza a concienciarse de algo.

El papel del morbo y lo prohibido es importante. Una prohibición aumenta el deseo sexual en muchas personas, lo morboso puede incrementar la excitación. La increíble adaptabilidad del ser humano ha sabido hacer del defecto, virtud, aprovechando la situación imperante en épocas pasadas de desinformación y secretismo en todo lo referente a sexualidad, para sacar de ahí una gran ventaja: mejorar el placer, sentirme mejor, expresarme más como soy, etc. Esto, creo, que, por otra parte es lo que ha permitido que las cosas hayan permanecido inmovilizadas durante siglos. Y, al mismo tiempo, es lo que ha permitido que millones de personas no anulasen totalmente esa parte tan importante de sí mismas, les ha permitido no asfixiarse en el cumplimiento de la norma social.

Al final parece que se trata de un proceso en paralelo, individual y social, en el que nos sinceremos con nosotros mismos y nos quitemos de encima miedos y prejuicios. Si el objetivo personal y el social coinciden en buscar el bienestar, deberíamos aproximarnos aunque sea poco a poco a todo aquello que lo favorece. Si valoramos la esencia en vez de las pertenencias, como sociedad, será más fácil como individuos hacer cada cual su camino personal de crecimiento y desarrollo. Si como sujetos individuales, uno a uno, favorecemos el respeto incondicional a todos los demás, conformaremos una sociedad más relajada que busca la felicidad de todos sus miembros y promueve el desarrollo individual, abarcando este desarrollo todas las áreas incluidas en la estructura de personalidad, creencias, actitudes etc.

El avance tan lento de épocas anteriores, a veces casi imperceptible, se ha ido acelerando muy despacio. Creo que la velocidad se va incrementando cada vez más y que es un proceso sin vuelta atrás. La conciencia social es un acelerante. Se trata, al fin y al cabo, de aceptar todo lo que forma parte de nosotros y valorarlo y apreciarlo justamente por eso. Cuidar y trabajar todo aquello que forma parte del ser humano y lo hace único y especial.

Publicado en SEXPOL, Revista de Información Sexológica nº 116, enero-marzo 2015



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